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11 de octubre de 2013

Él es todo lo que tienen

por Joan Hutter

Ellos viven en países indigentes donde las corrientes fangosas sirven tanto para bañarse como una fuente de agua para beber. Un puñado de arroz sobre un trozo de cartón es su única comida diaria, y para algunos, su única comida semanal.

Por lo tanto, para estos creyentes, Jesús es verdaderamente su todo en todo. Su única esperanza. Su porción.

En los países del tercer mundo, no hay más remedio que ayunar.

Aquí en Estados Unidos, si el Señor nos llama a ayunar, luchamos para sobrevivir los primeros días, nuestros estómagos estirados por nuestra glotonería. Creemos que saltear una comida para orar es una gran cosa, y si alguna vez escuchamos Su voz suave y apacible pidiéndonos que pasemos 40 días en el desierto, como lo hizo Jesús, nos dicen que no podemos hacerlo, no es posible, no es saludable, es radical, no es para nosotros, es para los evangelistas, y para qué sirve, de todos modos.

Pero los creyentes en todo el mundo ayunan para un despertar espiritual y descubrimiento, y su ayuno es una oración en sí mismo. Es la oración poderosa y eficaz de estos hermanos y hermanas ministrando a su propia gente empobrecida en estos países cerrados.

A través de China se estaba extendiendo un gran avivamiento cuando el martillo del comunismo cayó sobre los creyentes. Muchos fueron encerrados durante 20 años, con apenas un poco de comida para sobrevivir.

Algunos ayunos no son elegidos. El ayuno de la pobreza. El ayuno de la prisión. El ayuno del sufrimiento, del dolor y de la enfermedad. Esos son ayunos forzados.

Pero conozco a un hombre que dirige un ministerio autóctono y predica el evangelio en miles de cruzadas y a cientos de miles de personas a través de programas de televisión y satélite. Este hombre ora ayunando. Hay una guerra espiritual y él coloca su corazón y su vida delante del Rey de gloria a través del ayuno, que trae humildad, mansedumbre, sabiduría y sensibilidad para recibir la dirección del Señor. Dios lo sostiene.

Él relata un ayuno reciente. En el tercer día de no tener nada para comer o beber, comenzó a beber un poco de agua. En el quinto día, mientras oraba, se encontró con Jesús tan profundamente que sintió que había comido un banquete en su presencia. Como Elías en el desierto, para quien el ángel preparó no solo un desayuno, sino dos, este líder misionero autóctono continuó ayunando y orando.

Cuando el Señor expande el alcance o la intensidad de un ministerio, los líderes preparan sus corazones.

Esto es lo que escuchamos de los líderes de los ministerios autóctonos en todo el mundo. Sus cartas describen su guerra increíble y su necesidad de devoción. Ellos confían en Jesús para todo lo que necesitan. Y encuentran que Él es fiel.

Recientemente lamentamos las decenas de creyentes cuyas vidas terminaron repentinamente en Pakistán por terroristas suicidas. Ellos estaban adorando al Señor. ¿Por qué sucede esto? Algo más grande está sucediendo.

Seguimos presionando al Señor con respecto a los creyentes en Siria. ¿Cuándo van a ser liberados?

No sabemos los tiempos o fechas que el Padre ha fijado para su liberación. Pero podemos estar con ellos.

Podemos estar con los evangelistas que llegan a las masas, así como los pastores locales que pastorean a su pueblo en las congregaciones clandestinas, alimentan a las viudas y huérfanos quebrantados, muertos de hambre, enseñan y forman a jóvenes intelectuales, excavan pozos de agua y fundan iglesias en naciones en desarrollo.

Estamos preparando su regreso - que cada tribu, lengua y nación tenga un testigo de Cristo viviendo entre ellos. Un día, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.

Hasta entonces, ayunamos, como dijo Jesús. ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? (Marcos 2: 19). Pero hasta que cada tribu escuche el evangelio y Él regrese, ayunamos por todo lo que nos estorba, y “prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. (Fil 3:12).

Su ayuno puede ser de alimentos o una actividad, pero el ayuno es sin duda una llamada a la devoción y oración más profunda. Y descubrirá que Él es su porción.

Perseverad en la oración. (Colosenses 4: 2)

Para la gloria de Su nombre.

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