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6 de diciembre de 2013

Ganando el Mundo para Cristo - en los Estados Unidos

Por Joan Hutter

¿Lo ha notado usted? Todo el mundo está llegando a los Estados Unidos.

Yo estoy parada junto a la piscina mientras mi hijo participa de una competencia de natación. Un hombre con turbante a mi lado controla el tiempo con un cronometro. He visto la forma en que su niño envuelve su cabeza antes de ponerse el gorro de baño.

Las naciones se reúnen aquí en Estados Unidos. Aquí mismo, todas juntas en una gran sala.

“¿De dónde eres?", le pregunto mientras suena el silbato. Hacemos clic en nuestros cronómetros y respiramos el denso olor a cloro.

Con un fuerte acento, él dice, "del norte de la India”. Él lleva el nombre del "dios de la lluvia".

En las gradas una madre apoya a su hijo mientras él nada estilo libre en el carril contiguo. Se adelanta a sus competidores y gana la carrera. Yo había hablado con ella antes y le pregunté: "¿De dónde eres?", Su acento era similar a mi amigo de Turquía. Se lo dije.

"República de Georgia", dijo ella. “Somos vecinos, nuestro país limita con Turquía".

Mi hijo se detiene junto a su entrenadora favorita. "¿Cómo lo hice?", le pregunta a la medallista olímpica de Rusia, cuyo nombre todavía tengo problemas para pronunciar, con sus tres consonantes al principio. En su espeso acento ella le dice lo que podría hacer mejor y le da una palmadita en la cabeza.

Las naciones se reúnen aquí en los Estados Unidos. Aquí mismo, todas juntas en una gran sala.

Oro y medito. ¿Se han alcanzado sus "tribus”? ¿Qué hay de sus corazones?

Lo mismo sucede en cualquier ciudad.

Una mujer con un velo empuja su carrito de compras. ¿De dónde es? Un africano con su caftán multicolor corre a través de una intersección. Una mujer envuelta en un sari dorado sale de su automóvil. Una niña nicaragüense despeja diligentemente la mesa en el restaurante que visitamos. Una hermosa mujer tibetana corta el pelo de mi hijo.

¿Cuál es su fe?

Decenas de estudiantes asiáticos llenan las clases de mis hijos. Mis amigos adoptan etíopes y ugandeses. Nueve mexicanos salen de una van para comprar cebollas, pimientos, frijoles, tortillas, queso y carne en el supermercado. Algunos llevan cruces brillantes alrededor de sus cuellos.

Y aquí estoy en la sede de una misión que ayuda a ministerios autóctonos en tierras extranjeras. Rosa de Perú camina por el pasillo y me saluda. Sarla de Nepal me sonríe en la sala de reuniones del personal después que cerramos los himnarios. Dorothy de China calienta su comida en el microondas. Ivy de Filipinas pide oración por su familia y su patria después de una tormenta masiva. Raúl de Argentina describe lo que sintió al recibir una computadora cuando estaba ministrando a su propia gente. Ahora levanta fondos para apoyarlos. Su esposa, Mónica, traduce todo al español.

Estos son sólo nuestro personal. Visitantes de Albania, Birmania, Nigeria, Siria, Singapur y Ucrania llegan y nos informan sobre la obra de Dios entre las naciones, especialmente entre las no alcanzadas.

Christian Aid fue fundada con la visión de ganar a estudiantes internacionales para el Señor para que, cuando regresaran a sus propias naciones, fueran testigos de Cristo. Muchos estudiantes internacionales hicieron eso mismo, y ahora el Ministerio entre Estudiantes Extranjeros (Overseas Student Ministry - OSM), ministra exitosamente a los que luego llevarán el Evangelio a las tribus no alcanzadas de sus países de origen.

Pero mire a su alrededor en este momento. El mundo está alrededor nuestro ¿Quién sabe cuáles son marcados para llevar el mensaje del evangelio de regreso a sus países? ¿Quién sabe cuántas tribus y lenguas hay aquí?

El Señor lo sabe. Y Él puede llegar a ellos a través de nosotros mientras están aquí.

“Más a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Corintios 2:14 -16)

Escuché que un misionero de Nigeria una vez dijo, "La gente debe saber que usted es un cristiano en cinco minutos". Llevamos el aroma de Cristo. Es diferente que el de cualquier otra creencia religiosa o no creencia.

Si Dios está trayendo tantos a esta tierra, estemos llenos del perfume de alabanza – para que las naciones Le conozcan. Seguramente algunos volverán a su tierra natal y llegarán a las almas no alcanzadas.

Es la fragancia de la vida. Y me gusta pensar en María, quien rompió su frasco de alabastro y derramó el precioso y costoso perfume a los pies de nuestro Señor Jesús. Ella perdió todo por amor y agradecimiento. Me gusta pensar que después de ese momento de adoración ella se fue con el mismo olor de su Señor. La Escritura dice: "y la casa se llenó del olor del perfume" (Juan 12:3)

¿Estamos difundiendo por todas partes la fragancia de Cristo? El hombre hindú en el carril cinco en la competencia de natación, o la mujer musulmana con velo pagando en el supermercado, o el estudiante coreano empujando los carritos del supermercado... ¿notarán la diferencia en esta persona?

No tenemos que ir muy lejos, ¿verdad? El Señor dijo a sus discípulos: “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega…” (Juan 4:35)

Los misioneros autóctonos de todo el mundo hacen eso donde viven. Fijan su mirada en el Señor y Su cosecha. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán…” (Salmo 126:5)

Si Dios está trayendo tantos a esta tierra, estemos llenos del perfume de alabanza – para que las naciones Le conozcan. Seguramente algunos volverán a su tierra natal y llegarán a las almas no alcanzadas.

Almas como las de las ex áreas comunistas que nunca oyeron hablar de Dios porque su gobierno bloqueó todo pensamiento acerca de Él. Al igual que los que viven en las montañas del Perú, que nunca escucharían si no fuera por un misionero autóctono dispuesto a escalar la montaña y hablarles. Al igual que esas jóvenes que son rescatadas de burdeles porque se vendieron para poner pan sobre la mesa, pero terminaron perdiendo mucho, mucho más - para satisfacer los placeres de los hombres.

Almas como las de los niños que dormían en camas sucias en calles de la India y encuentran una almohada y una frazada en la casa de un creyente. Al igual que los refugiados sirios que se entregan al Señor Jesús porque un cristiano les dio comida, agua y bondad en su desesperación. Al igual que los presos que oyeron el evangelio en una tierra cerrada al evangelio porque un hombre prisionero a causa de Cristo no negó a su Señor cuando llegó el momento de elegir. Ahora encarcelado con delincuentes, predica la Palabra, y muchos, después de ser liberados, llevarán el Evangelio a sus aldeas.

Estas escenas suceden a diario en todo el mundo. Cuando miramos las caras de las naciones, que están haciendo las compras y manejando automóviles junto a nosotros, podemos ver los grupos étnicos a los que pertenecen. Podemos orar por ellos y servirles con amor, sin saber cuándo el Señor les hará ver Su misericordia, salvación y señorío.

Podemos ser esa fragancia celestial.

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