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31 de diciembre de 2013

Peor que el Odio

Por Brittany Tedesco

Odio. Puede ser desalentador y aterrador... implacable e impredecible. Acercarse a él es peligroso.

En los países predominantemente hindúes, musulmanes o budistas, el riesgo de daño físico por compartir a Jesucristo es increíblemente alto. Pero también lo es la recompensa.

Los creyentes son torturados o asesinados, puestos en prisiones o en campos de trabajo forzado, o son envenenados por los adoradores hostiles de ídolos. El odio dirigido hacia ellos, en última instancia, hacia Cristo, toma muchas formas.

Pero como cualquier misionero autóctono con experiencia le dirá, un enemigo apasionado de Cristo tiene el potencial de convertirse en un seguidor apasionado de Cristo. Basta con mirar al apóstol Pablo.

Gabriel Barau, líder de un ministerio en Nigeria asistido por Christian Aid, nos dijo que los musulmanes que ha guiado a Cristo están más que dispuestos a morir por él... tal y como estaban una vez dispuestos a morir por la causa del Islam.

Armados con amor, los misioneros autóctonos apoyados por Christian Aid van hacia el odio, porque en el odio hay celo, posibilidad, agitación del alma.

Pero ¿qué hacen los misioneros autóctonos en un lugar donde las almas no están particularmente agitadas? En un lugar donde compartir el evangelio no implica mucho riesgo, pero tampoco ofrece mucha respuesta. En un lugar donde a la gente simplemente no le importa.

En un lugar como Albania... donde la apatía reina silenciosa, lo que representa un mayor obstáculo para la causa de Cristo que el odio puro.

Para responder esa pregunta, Ed White, que trabaja con nuestra División de Desarrollo, recientemente viajó a Albania para reunirse con un ministerio asistido por Christian Aid.

Uno de los países menos religiosos del mundo, Albania es el hogar de muchos cristianos y musulmanes "nominales”. Hable con los jóvenes allí y usted encontrará que la mayoría son completamente indiferentes a los asuntos de la fe. Los que se describen como musulmanes o cristianos lo hacen sólo porque un padre o un abuelo lo hace, no por verdadera convicción. Todo el mundo se lleva bien. A nadie le importa.

La historia de Albania arroja luz sobre la razón de la apatía. Gracias al dictador comunista Enver Hoja, en 1967 Albania se convirtió en el único país que se clasifica a sí mismo como ateo en su constitución.

Berti Dosti (derecha) comparte el amor de Cristo con otros albaneses.

Para reforzar la idea, Hoja reclutó a los jóvenes y les ordenó destruir todas las iglesias y mezquitas del país. Ed White habló con un hombre que todavía se estremece por los recuerdos de haber sido obligado a destruir la iglesia de su familia a la edad de 12 años.

Pero Hoja no se conformó con eso. Ordenó a los padres cambiar los nombres de alguno de sus hijos que tuvieran nombres bíblicos tales como Mateo, Pedro o Pablo. Los padres recibieron una lista de nombres aprobados por el gobierno.

Funcionó... más o menos. Aunque la fe en Albania parecía haber desaparecido, algunos cristianos pasaron en silencio su fe a la siguiente generación. Aunque siguen siendo una pequeña minoría, en Albania existen verdaderos creyentes, uno de los cuales es Berti Dosti, quien pastorea una iglesia evangélica y predica en un programa de radio que se transmite en toda Albania y Kosovo.

La apatía es un enemigo formidable, pero Dosti sabe cómo derrotarla: a través del acercamiento a los albaneses en sus necesidades.

En un país escéptico, tristemente plagado por el malestar y el aburrimiento, donde el desempleo es alto y los jóvenes tienen poco que esperar, Dosti abrió un centro de formación profesional donde los jóvenes están aprendiendo oficios con posibilidades laborables. También ha desarrollado programas para los discapacitados y marginados, así como para las familias de granjeros que luchan por sobrevivir en esta cultura mayormente agraria.

Su amor por ellos los está ganando... muchos están asistiendo a sus estudios bíblicos. El mismo amor que gana a musulmanes radicales llenos de odio ha despertado las almas apáticas de los que fueron privados de su necesidad real: Jesucristo.

"El amor nunca deja de ser" 1 Corintios 13:08

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