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23 de enero de 2014

Anticuado

Por Brittany Tedesco

Aquellos de ustedes que leen nuestra “Correspondencia de Fin de Año", saben que en el año 2013, al igual que en los años anteriores, Christian Aid envió el 100 % de las ofrendas designadas directamente al campo misionero.

Pero ¿qué pasa con los gastos administrativos?

Aquellos son cubiertos de varias maneras, una de ellas es la respuesta a la “Correspondencia de Fin de Año”.

Este extracto que tomé de nuestra página web explica: "Nuestro liderazgo y el personal hacen todo lo posible por mantener nuestros costos administrativos muy bajos. De hecho, una de las primeras cosas que la mayoría de los visitantes a nuestra oficina principal observan es que los muebles, escritorios y archivadores son usados. Muchos artículos nos han sido donados a través de los años”.

"Oh, por supuesto," usted podría pensar. "¿Ustedes no han actualizado sus muebles desde cuándo, cuatro años?"

Pruebe las últimas cuatro décadas. Literalmente.

Cuando empecé a trabajar aquí hace 9 años descubrí que la mayoría de los muebles en el edificio fueron dejados por los propietarios anteriores. Y, a juzgar por la cantidad de sillas anaranjadas, amarillas, y verdes, éstos estaban de moda en la década del 70.

Pero para una chica recién egresada de la universidad y que acaba de recibir su propia oficina, no podía importarme menos que el mobiliario fuera un poco anticuado. Felizmente elegí algunas de las piezas menos rayadas y raspadas que pude encontrar para llenar mi oficina.

Y ahora, nueve años después, los muebles de mi oficina no son menos anticuados. Dos sillas con almohadones verdes descoloridos se han convertido en mis constantes compañeras.

En Christian Aid no encontrarás sillas de oficina de cuero o escritorios brillantes modernos. Aquí no hay un "olor a automóvil nuevo".

Todo lo contrario. Durante mucho tiempo, las sillas de nuestra sala de juntas olían ligeramente a perro mojado. Cualquiera de ellas había pasado por una inundación o mucho tiempo en un sótano húmedo y mohoso.

Pero cuanto menos gastemos en muebles costosos y modernos, más podremos gastar en las cosas eternas, como el evangelio que llega a personas que nunca lo oyeron. Cuando me siento a leer y escribir sobre los misioneros autóctonos asistidos por Christian Aid, me olvido por completo de cómo luce la silla en la que estoy sentada.

Además, nuestros muebles nos dan carácter. Todas esas pequeñas rasgaduras y ralladuras son mucho más interesantes que las cosas nuevas y aburridas, todas con el mismo aspecto. Y para citar una frase de la película Sea Biscuit, "Usted no tira toda una vida por la borda sólo porque se ha golpeado un poco".

Estos muebles se han convertido en nuestros viejos amigos. Incluso si alguien tratara de reemplazar nuestras cosas, no se lo permitiríamos.

O... tal vez si se lo permitiríamos.

Nunca se sabe.

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