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06 de febrero de 2014

Verdaderamente Libre

Por Brittany Tedesco

"Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres," nos dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 7.

Como cristianos entendemos su declaración. Sabemos que la vida humana es infinitamente valiosa.

Pero ¿qué hay de los muchos que no conocen esta verdad?

¿Crees que las chicas que venden sus cuerpos en los burdeles lúgubres de Camboya, donde el salario promedio es de US$ 1 por día, conocen su valor?

¿Saben ellas que sus cuerpos han sido formados por la mano de Dios? ¿Saben que han sido creadas a Su imagen? ¿Saben que Él pagó su rescate con la sangre de su Hijo?

No. Al igual que las multitudes que Jesús observó cuando anduvo en la tierra, ellas están "desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor" (Mateo 9:36).

Tal es la condición de todos los involucrados en el negocio del tráfico humano, las víctimas y sus victimarios.

Usted puede haberlo notado. En los últimos años el tráfico humano se ha convertido en algo así como una palabra de moda, porque ahora hay una mayor conciencia sobre el tema. Muchos estadounidenses, pensando que el problema ocurre principalmente en el extranjero, se sorprenden al enterarse de que esta práctica horrenda también ocurre dentro de su país. El gobierno de EE.UU. declaró al mes de enero como el mes de concientización del tráfico de personas.

Pero según Corban Addison, abogado y autor del libro A Walk Across the Sun, que se basa en su investigación sobre esta industria oscura, a pesar de todas las campañas y los grupos de defensa, por desgracia, "la trata de seres humanos es la industria criminal de crecimiento más rápido del mundo".

La palabra “industria” se vuelve muy fea cuando las mercancías que se venden y se compran son los seres humanos. Pero a diferencia de un producto que se utiliza una vez y se desecha, la gente se puede utilizar una y otra vez en el negocio del sexo o en la trata de esclavos.

“Es extraordinariamente rentable", continúa Addison. “El tráfico sexual genera 35.7 mil millones de dólares en ganancias anuales. Si a eso se añade el trabajo de los esclavos, el total excede 91 mil millones”.

De acuerdo con el Proyecto Polaris, se estima que 20.9 millones de personas son víctimas del comercio sexual o del trabajo forzado en todo el mundo. Y esto se está volviendo cada vez más generalizado.

Puedo imaginar algunas de las mentiras que alimentan a este problema monstruoso. La mentira de que los seres humanos no son más que el producto aleatorio de la evolución. La mentira de que algunas personas son inherentemente más valiosas que otras. La mentira de que Dios no existe... o mire lo que se está haciendo con Su creación.

Pero Él lo ve, y no va a retener su ira para siempre. Oh, el amor y la paciencia del Señor, que ha permitido que este mundo siga en el mal para que más personas tengan la oportunidad de escuchar y aceptar la Verdad.

Volvió a decirle la segunda vez: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” Pedro le respondió: "Sí, Señor; tú sabes que te amo". Le dijo: "Pastorea mis ovejas". (Juan 21:16)

Este versículo es el fundamento de un ministerio iniciado por una pareja de camboyanos entre las "ovejas", desamparadas y dispersas dentro de su país. Destruida por décadas de conflicto (la guerra de Vietnam, el reinado de barbarie de Pol Pot, 20 años de guerra civil) Camboya sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. Hay pocos empleos, por lo que muchas mujeres y niñas se ven atrapadas en el comercio sexual o entran en él voluntariamente.

Dolorosamente consciente de esta tragedia, la pareja cristiana muestra a estas almas lo valiosas que son en realidad. La afirmación del apóstol Pablo de que "fueron compradas por un precio" se hace real para estas niñas cuando son compradas literalmente por un precio de los propietarios de los burdeles. El ministerio paga sus rescates.

Y después de esto, ellos ofrecen a las niñas un lugar en su centro donde se les enseña a leer, reciben atención médica, y aprenden costura o cosmetología.

Lo más importante es que aprenden la razón de su rescate. Aprenden acerca del rescate final pagado por sus pecados. Ellas ahora entienden su valor.

Se convierten en ovejas con un pastor.

“Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. (Juan 8:36)

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