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12 de marzo de 2014

El Dios que Ve

Por Brittany Tedesco

¿Alguna vez ha recibido un abrazo de Dios?

No un abrazo real, obviamente, pero algo extraño que irrumpe en su mundo y que parece al azar, pero no lo es del todo... y que usted siente que es Dios diciendo: "Oye, te veo."

Eso me pasó el otro día en un restaurante lleno de gente ruidosa. Me había reunido con una amiga para cenar y nos sentamos en una de esas sillas altas, tratando de hablar en medio del ruido.

No la vi venir hasta que estuvo junto a mi silla. La niña, que parecía tener unos 10 años, me miró con los brazos muy abiertos esperando un abrazo. Ella tenía el Síndrome de Down, y claramente no tenía miedo de los extraños. Su madre estaba cerca, sonriendo.

Me agaché para abrazar a la niña sonriente, y ella se aferró a mí por un buen rato. ¿Qué razón tuvo ella para abrazarme? Ninguna razón. Su amor puro e inocente simplemente se desbordó ¡hacia mí! Y yo lo disfruté.

Ella corrió hacia su madre, pero regresó por un segundo abrazo. Luego la vi salir por la puerta, se detuvo y presionó sus manos y cara contra el cristal exterior para decirme adiós una vez más.

Entre toda esa gente, ella dirigió su afecto hacia mí.

Fue un abrazo de Dios. El Dios que ve.

Él ve bien. Los evangelios están llenos de ejemplos de Jesús mirando directamente a una persona que necesita su toque. Las multitudes podían estar rodeando a Jesús, clamando por una bendición, una curación. Pero muy a menudo Jesús miró a una persona empujada hacia atrás, demasiado débil para clamar en la multitud. Enferma, en el suelo. Rota por la vida. Él la vio.

“Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad”. (Lucas 13:10-12)

Probablemente la sinagoga estaba atestada de gente. Y probablemente la mujer estaba siendo ignorada... ella hacia que la gente se sintiera incómoda. Su estado era extraño y aparentemente irreparable. Hubiera sido fácil fingir que no estaba allí...alejarse de ella.

Ella no pidió la curación, estaba encorvada y probablemente ni siquiera podía hacer contacto visual con Jesús. Pero Jesús la vio.

Una joven musulmana perdió a su marido en la guerra civil de Siria. Ella estaba embarazada cuando él murió. Otros miembros de la familia ya habían sido asesinados. Asustada, huyó al Líbano, como tantos millones antes que ella. Allí, en un cuchitril sucio, dio a luz a su primogénita: una niña con un gran tumor en la parte posterior de su cabeza.

Afligida y sin dinero, sabía que la cirugía era imposible. Una operación que cuesta varios miles de dólares allí podía costar millones. Ella no tenía nada ni a nadie. ¿Acaso a alguien le importaba? ¿Alguien la veía?

Sí.

Dios la vio a través de las multitudes de personas que claman, de las masas que luchan por encontrar alimento y refugio... para mantenerse calientes, y secas y seguras.

Un misionero libanés asistido por Christian Aid Mission descubrió a esta mujer mientras ministraba a otros refugiados sirios. Él envió un mensaje y fotos del bebé al líder del ministerio.

La decisión fue simple. "Enviamos el dinero", nos dijo el líder del ministerio. “Sí, hay muchas, muchas bocas que alimentar. Hay millones de indigentes. Las necesidades son infinitas. Pero ¿cómo no ayudarla?"

Y así, el ministerio envió los fondos, confiando en que Dios los repondría.

La cirugía fue un éxito, el defecto eliminado.

Dios abrió ampliamente sus brazos para darle un abrazo.

Él ve.

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Commentarios
Henry - 13 de Marzo de 2014
Bendito sea Dios. Si EL lo ve todo. Gracias Senor por lo que has echo,por lo que haces y por lo que haras. Bendito sea el que viene en el nombre del Senor. El es Cristo Jesus.


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