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20 de marzo de 2014

Sandwiches y Salvación

Por Paul Tatham

Pocos floridanos olvidarán agosto de 1992. Ese mes un huracán compacto pero devastadoramente poderoso llamado Andrew atravesó al sur de Miami por tierra.

Más bien pareció como un gran tornado. Andrew fue el segundo huracán más poderoso de EE.UU. del siglo pasado. Barrios enteros del sur de Florida fueron arrasados. La ciudad de Homestead fue esencialmente borrada del mapa.

La escuela cristiana donde serví, a 60 millas (90 km) al norte de Miami, convocó una reunión administrativa de emergencia para determinar nuestra respuesta a la calamidad. Enviamos un boletín a los padres, pidiendo donaciones y trabajadores dispuestos a cargar camiones de ayuda.

La respuesta fue abrumadora. Los padres se unieron a la causa y rápidamente llenamos camiones con alimentos enlatados, agua embotellada, pañales, baterías para linternas, tanques con gas propano, suministros médicos y cualquier cosa que pensamos que las víctimas aturdidas necesitarían. Los suministros entonces fueron ensamblados en "paquetes de ayuda" para un transporte fácil.

Mientras estábamos coordinando los detalles del esfuerzo, recuerdo que sugerí a mis compañeros que pusieran un tratado evangelístico con cada paquete. Había estado releyendo John 4, que cuenta la historia de mujer en el pozo, a quien Jesús ministró a su sed física, pero se centró en su necesidad espiritual más vital del "agua viva". Como había sido nuestra práctica habitual en el pasado, la sugerencia fue aprobada rápidamente.

Por supuesto, nuestra oración era que algunos de los destinatarios de esos paquetes leyeran los folletos, tal vez descubrieran por primera vez la simple oferta de salvación de Dios y abrieran su corazón al Salvador. Sólo el cielo revelaría el resultado.

Pero en una serie de actos de bondad similares en los que participé en los últimos años, me entristece decir que eso no fue la norma. Ellos sirvieron exclusivamente a las necesidades físicas. Nosotros los creyentes somos bastante buenos en "compartir el amor de Cristo" en forma material, pero cuando se trata de compartir el evangelio, a menudo vacilamos. Somos muy buenos entregando sándwiches, pero no tan buenos entregando la Buena Noticia, mucho más importante, de la salvación.

El viejo adagio es cierto: A la gente no le importa cuánto sabes hasta que saben cuánto te importa. Entregar un folleto evangélico a alguien sin acompañarlo con algún acto de bondad no es el mejor enfoque. Tenemos que incluir un sándwich además de la salvación. Pero a menudo la parte "espiritual" de nuestros esfuerzos desaparece por completo, y me pregunto hasta qué punto es realmente bueno lo que hacemos.

Esto es lo que aprecio de los ministerios autóctonos asistidos por Christian Aid Mission: Siempre incluyen ayuda espiritual con la material. Aunque muchos de los proyectos y ministerios piden recursos materiales, compartir a Cristo siempre está al frente y centro.

Christian Aid Mission tiene una historia de 60 años de tener mucho cuidado de que los ministerios autóctonos compartan sobre la muerte de Jesús, su entierro y resurrección como una parte esencial de su esfuerzo.

El evangelio es lo que distingue a la Iglesia de las buenas organizaciones de caridad. Sin la esperanza de la vida eterna que Cristo ofrece, el beneficio para el receptor es disminuido o extinguido. Jesús le preguntó a sus discípulos: "Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Mateo 16:26).

¿Es importante ministrar a las necesidades físicas de un mundo perdido y agonizante? Por supuesto. ¿Tales buenas obras atraen a la gente a nuestro Salvador? Ciertamente. Pero sólo si les ayudamos a hacer la conexión.

*Paul Tatham es un educador cristiano jubilado que vive en Orlando, Florida, y un colaborador en el ministerio Christian Aid Mission.

Para obtener información sobre los esfuerzos compasión, haga clic aquí .

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