Blog

27 de marzo de 2014

¿Qué Hacer con una Coincidencia?

Por John Scully

A veces experimentamos coincidencias que nos hacen parar y pensar, ¿hay algo más que una simple coincidencia aquí?

El número de apartado postal donde trabajo en Christian Aid Mission es 9037.

¿Es sólo una coincidencia lo que me pasó en el Departamento de Vehículos? Cuando llegó mi turno para registrar mi automóvil, el empleado buscó entre la pila de placas y me asignó la que tenía el número 9037.

Extraño, pensé, pero seguro que sólo es una coincidencia.

Recientemente mientras viajaba con mi esposa a la República Dominicana, me encontré en el aeropuerto de Nueva York con un compañero de un trabajo anterior a quien no había visto en cuatro años. Ninguno de nosotros vive cerca de Nueva York, pero allí nos encontramos, entre vuelos, cada uno viajando en direcciones diferentes.

Otra vez una coincidencia.

En mi grupo de estudio bíblico estamos estudiando los viajes misioneros del apóstol Pablo en Hechos. Parece que él se topó con muchas coincidencias.

Cuando Pablo estaba caminando por el Areópago, en busca de una manera de compartir acerca del verdadero Dios, se encontró con el altar al Dios desconocido. En lugar de pasarlo por alto, aprovechó esa circunstancia para hablar acerca del Dios Creador.

Cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel, un terremoto ocurrió de repente, liberando sus cadenas. En lugar de huir de la cárcel, se quedaron y testificaron al carcelero.

Pablo era un misionero que sabía cómo usar cada situación para la gloria de Dios. Muchas veces eran coincidencias, pero él las convertía en oportunidades para hablar de Dios.

Así es la vida y el propósito de un misionero autóctono. Frecuentemente entran a situaciones en las que se presenta la oportunidad de compartir el evangelio.

Esto es especialmente cierto para los misioneros autóctonos que viven en países donde los cristianos son perseguidos, donde no pueden realizar reuniones o cruzadas al aire libre, y en algunos casos ni se les permite reunirse en casas o en un templo. En estos lugares los misioneros deben usar cada situación, cada coincidencia, cada circunstancia para testificar. De hecho, ellos esperan las oportunidades y las consideran momentos señalados por Dios.

Christian Aid existe para ayudar a los ministerios autóctonos proporcionándoles recursos para que sus misioneros puedan salir y mezclarse con la gente y buscar oportunidades para compartir a Cristo. Listos para moverse y convertir un encuentro casual en un evento evangelístico.

Recibimos la siguiente nota de un misionero autóctono:

"Eran las 8 de la tarde. Encontré un teléfono móvil en la carretera. Obviamente, se le había caído a algún motociclista. Recogí el teléfono, pero no lo apagué. Yo estaba seguro de que el propietario llamaría para reclamarlo. Después de una hora recibí una llamada telefónica de una mujer preguntando por el teléfono. Le pedí que enviara a alguien a recoger el teléfono. Me reuniría con la persona en una casa de té cercana. Después de un rato llegó un joven buscándome. Le ofrecí una taza de té y le testifiqué, diciéndole que Dios es el que permitió que esto sucediera para que yo le pudiera dar una copia de las Escrituras. Me dio las gracias, aceptó el libro con gratitud y se comprometió a leerlo. Desde entonces él ha estado en contacto conmigo, y me dice que lee las Escrituras con regularidad”.

Cada vez que alguien decide patrocinar a un misionero autóctono en países cerrados a través de Christian Aid, le está abriendo la puerta para que lleve la Palabra de Dios al mundo, para que las almas perdidas puedan oírla.

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". Romanos 10:17 (RV).

Tal vez sea una coincidencia que usted esté leyendo esto ahora.

Pero si usted piensa que es más que eso, ¿por qué no patrocinar a un misionero?

Email this page Print this page
Commentarios


SC: WEBCAMSP