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30 de Mayo de 2014

La Lucha por la Libertad

Por Joan Hutter

Los hombres golpeaban las barras negras de la prisión, y gritaban.

Yo seguí caminando. Llevaba mi pequeña grabadora, mi pluma y block anotador en la mano, listos. A pesar del ruido, escuchaba el eco de mis tacos, y sonreí en el denso olor a sudor rancio.

Algunos hombres silbaban, como cuando una mujer pasa por ciertas zonas donde los obreros están trabajando. Pero no me importó.

En Cristo, no tenía miedo.

Pero cuando llegué a la habitación donde debía entrevistar a un preso para un artículo del periódico que representaba, mi corazón se quebró.

Él se declaró culpable de crímenes horrendos, y vi dolor en sus ojos. Las lágrimas corrían por su rostro cuando me abrió su corazón. Él dijo que merecía la muerte, pero se había encontrado con el Autor de la Vida. Y eso había cambiado todo.

De alguna manera, él era libre. El que ministró a ese hombre produjo un fruto eterno.

Hoy escribo para una fuente de "noticias" diferente. En Christian Aid Mission tengo el profundo privilegio de leer cartas llenas de testimonios de los campos misioneros, de los misioneros que están propagando el evangelio del Señor Jesucristo en todo el mundo, y guían a las personas a la libertad.


Ellos ministran a adictos, asesinos y ladrones en ministerios en las prisiones. En las naciones de América Latina, los ministerios fundan iglesias entre rejas. Muchos de los que reciben al Señor en la cárcel, cuando salen en libertad se convierten en predicadores del evangelio.

En un país africano, una mujer robó una lata de frijoles y fue arrojada como un perro salvaje a un pozo en una prisión con solo agua turbia para beber, ¿y qué para comer? Leí un testimonio de un ministro que la visitó y vio a hombres y mujeres hacinados en celda sin camas, sin baños, ni agua, ni comida. Él encontró a la mujer que le había robado a su vecina porque sus hijos se estaban muriendo de hambre. ¿Ahora qué será de ellos?

Este es un tipo de condena a muerte.

Y muchos van a la cárcel por su fe. Pastores y misioneros autóctonos valientes y fructíferos audazmente comparten el evangelio en países cerrados, a pesar de la promesa de la persecución, el encarcelamiento o la ejecución. Muchos terminan en la cárcel. Algunos por el resto de sus vidas. Otros por unos pocos años.

Ellos salen con una intimidad con el Señor Jesús que sólo nace a través de noches en Getsemaní, en el valle de la sombra de la muerte.

Pero ellos saben. Ellos creen. Estos valles son sólo sombras.

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:55)

Escuché testimonios de ministros en un país cerrado cuya experiencia en la cárcel parece sacada del libro de los Hechos. No es que las puertas se abrieron de golpe. Pero ellos cantaron de celda en celda hasta que cada prisionero estuvo cantando. Los guardias los separaron pero ellos siguieron cantando durante la noche. Y muchos vinieron a la fe.

Hace 30 años, en la ex Unión Soviética, la gente iba a la cárcel por solo poseer una página de las Escrituras.

Otro hombre predicó el evangelio a todos los prisioneros en la cárcel hasta que más de una docena de etnias que nunca habían oído el evangelio creyeron en el Nombre de Jesús. Los guardias se sintieron tan amenazados que lo pusieron en confinamiento solitario, un calabozo más negro que la cueva más profunda; apretado como en un ataúd, y sin forma de estirar las piernas o ponerse de pie.

¿Sabe lo que hizo ese hombre?

¿Qué hace usted en una situación en la que está atrapado y sin poder moverte?

El cantó. A pesar de la casi inanición y asfixiándose por el hedor, el sobrevivió sobrenaturalmente adorando al Señor.

Prem Pradhan

Él fue Prem Pradhan de Nepal. No sólo ganó a hombres de muchas etnias tras las rejas, en una especie de "ministerio de la prisión", sino que cuando fue liberado dio testimonio del Señor en una aldea tras otra y recogió a 100 huérfanos para criarlos en la presencia del Señor. Siendo cristianos, ellos no tendrían que ir a la cárcel por cambiar de religión.

Los seguidores de Cristo han sufrido en todo el mundo. Bajo el comunismo, los creyentes chinos sufrieron duros encarcelamientos que duraron décadas. Pero Dorothy Sun, que sirvió 20 años en campos de trabajos forzados por su fe, dijo que Dios triunfó al hacer las iglesias subterráneas, y su fe, más fuertes. Dios trajo belleza entre las cenizas.

Las prisiones en otros países no son como las de aquí. Pero podemos hacer una prisión para nosotros mismos. Hay un enemigo del evangelio, y no sólo quiere poner a los misioneros piadosos tras las rejas, o impedirles trabajar por falta de suministros... sino también quiere impedir que usted viva poderosamente para Él donde está y evitar que tenga una vida de oración constante.

Cante a través de esto. Las puertas se abrirán. Nuestro Señor es victorioso.

El hombre en la prisión recibió al Señor Jesús cuando alguien compartió el evangelio con él.

Y al hombre que fue dejado para pudrirse y morir en aislamiento, el Señor lo usó para ganar muchas etnias en Nepal.

¿A quién se parece?

Jesús vino a liberar a los cautivos. Él los está haciendo a través de sus siervos fieles.

Ellos luchan por la libertad.

Ellos han dado testimonio.

Ellos dicen que sus vidas no valen nada, si pueden ganar a Cristo.

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. (Filipenses 3:8)

Por favor, ore para que venga la libertad mientras Cristo es predicado en todos los grupos étnicos no alcanzados.

¿Podría pasar esto en nuestra generación?


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