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6 de enero de 2015

No es Práctico... y Eso es Bueno

por Brittany Tedesco

¿Eres una persona práctica? ¿Rara vez gastas dinero en cosas frívolas, porque podría surgir alguna necesidad?

Esa soy yo. Yo soy esa persona molesta que cada año se queja de la comercialización de la Navidad. Aquí en los EE.UU., todos tenemos muchas cosas. ¿Por qué gastar en más cosas?

Mientras mi marido disfruta la oportunidad de comprar algo bueno para su esposa, yo pienso, "Realmente no necesito [cualquier cosa que mi marido me compró]”. Entonces recorro en silencio mi lista de todas las formas prácticas en las que se podría haber utilizado el dinero.

Miro ese regalo y sólo veo un artículo, en lugar del significado detrás de él, del amor que transmite.

Hace poco leí un informe del líder de un ministerio en Turquía, cuyo equipo ministra a la multitud de refugiados sirios e iraquíes en su país.

El informe hablaba acerca de las muchas personas que el ministerio pudo alimentar, y cómo distribuyeron muchos calentadores y mantas. Asentí con la cabeza. Esto sería bueno para compartir en nuestra página de Facebook.

Él pasó a enumerar los elementos que todavía necesitan. Sí. De Acuerdo. Voy a enviar un Tweet.

Seguí leyendo y llegué a la parte en la que el líder del ministerio dijo que los niños le estaban pidiendo que orara por pelotas y muñecas. "Tenemos que comprar juguetes", escribió. "Los niños están jugando con piedras en las calles en estos días fríos".

¿Juguetes? Hmm. Yo no quiero pedir a nuestros patrocinadores que ofrenden para juguetes, cuando se necesitan desesperadamente alimentos, medicinas y refugio. Cualquier cosa más allá de las necesidades básicas debe ser una idea de último momento. ¿Cierto?

Es una pregunta que Silvia Tărniceriu involuntariamente respondió por mí en su biografía, “¡Dios Conoce mi Tamaño!” Ella creció en una familia pobre de 11 en la Rumania comunista, viendo cómo sus padres continuamente luchaban para poner comida en la mesa. Las pocas prendas de ropa que poseía eran heredadas de sus hermanas mayores.

Silvia decidió orar por algo extravagante, algo completamente fuera del alcance de una niña pobre en un pueblo rural rumano: un nuevo par de zapatos, un nuevo sweater, y una chaqueta nueva.

Ella esperó expectante. ¿Los artículos aparecerían al lado de su cama una mañana?

Josué muestra los útiles escolares que recibió de misioneros peruanos apoyados por Christian Aid Mission.

No, pero aparecieron en las manos de su padre pocos días después cuando él pasó por la oficina de correos volviendo a casa del trabajo para retirar una caja de un remitente desconocido. En su interior había tres elementos. ¿Puedes adivinar lo que eran?

Esos zapatos, el sweater y la chaqueta, que por cierto eran demasiado pequeños para su hermana mayor y demasiado grandes para la más joven, eran mucho más que lo que aparentaban. Para Silvia, eran la prueba de que Dios existía.

Hasta ese momento no había estado segura. Si esos elementos se presentaban, se dijo, Dios era real.

Josué, un niño que vive en una remota aldea peruana, oró por útiles escolares porque su padre estaba enfermo y no podía comprarlos.

Sin saberlo él, misioneros autóctonos apoyados por Christian Aid Mission estaban viajando a través de los Andes para compartir a Cristo con los pobladores necesitados. Como un regalo para los niños, trajeron cuadernos, lápices, marcadores y otros útiles escolares.

Emerson era uno de esos niños. Cuando abrió el paquete de útiles, anunció que ese era el primer regalo que jamás había recibido. La joven Cinthia les dijo a los misioneros que nunca olvidaría el día en que recibió sus propios útiles escolares. Y ¿Josué? He aquí lo que dijo: "Dios contestó mi oración y estoy muy sorprendido".

Supongo que probablemente estaba sorprendido y al mismo tiempo no sorprendido. Al igual que Silvia, tenía una idea de que Dios existía. Los útiles escolares sólo confirmaron lo que ya había sospechado.

Mi corazón creció tres tamaños mientras miraba una foto de niños en un campo de refugiados, formando una fila para hacer burbujas. Los juguetes son tan escasos en ese lugar sombrío. Sí, la comida es importante, pero también lo son botellas de burbujas: un poco de distracción para tantas vidas jóvenes destrozadas.

Al releer el informe del líder del ministerio me di cuenta de que los niños no le pidieron juguetes, le pidieron que orara por los juguetes. Tal vez, como en los casos de Silvia y Josué, había más detrás de su solicitud que juguetes.

Sin juguetes propios, los niños en un campo de refugiados forman fila para soplar burbujas.

Con la certeza de la existencia de Dios, Silvia creció para servirle compartiendo a Cristo y contrabandeando Biblias en Rumania. El ridículo, las amenazas, e incluso la cárcel no fueron suficientes para disuadirla.

¿Qué pasaría si los niños refugiados sirios recibieran los juguetes por los que le pidieron al líder del ministerio que orara?

Frente a las necesidades más apremiantes, pequeños artículos de plástico, papel, caucho, cuerda o paño pueden parecer frívolos, si sólo los vemos como elementos, en lugar de ver el significado detrás de ellos, el amor que transmiten. Las pelotas de juguete y los muñecos no llenan los estómagos vacíos, pero podrían llenar los corazones vacíos y satisfacer las mentes con la suave respuesta de "Sí, Dios es real."

Haga clic aquí para obtener más información y maneras de ayudar a los refugiados sirios en Turquía.


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