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3 de febrero de 2015

El Problema del Racismo

por Charles Burge

Los incidentes en Ferguson, Missouri y Nueva York han vuelto a centrar nuestra atención en el problema del racismo en los EE.UU.

Este, por supuesto, no es un tema nuevo en la historia de Estados Unidos. La mayoría de los estadounidenses pueden citar el Movimiento de Derechos Civiles y la Guerra Civil como los principales acontecimientos relacionados con el racismo en América. También podemos mencionar el internamiento japonés durante la Segunda Guerra Mundial y otros ejemplos.

Si usted es de los EE.UU. puede tener la edad suficiente como para recordar las piscinas y los baños públicos segregados. Tal vez se vio afectado por el transporte escolar público. Es posible que tenga su propia historia de problemas debido a su color de piel.

Estos son recuerdos dolorosos que en los Estados Unidos la mayoría de nosotros tratamos de olvidar.

Pero el racismo no es exclusivamente estadounidense o un desarrollo relativamente reciente. Una simple consideración de la historia y la cultura nos muestra que este pecado traspasa las fronteras y el tiempo. Por ejemplo:

  • El arrianismo blanco de Adolfo Hitler y los nazis.
  • Pol Pot y el Khmer Rouge persiguieron a los chinos étnicos.
  • El conflicto israelí-palestino desde la fundación de la nación de Israel.

En mi propia familia tenemos una mezcla de nacionalidades y experiencias que llevan a conversaciones sobre la raza y la nacionalidad, por lo que prestamos mucha atención a incidentes de este tipo. Como cristianos, buscamos asesoramiento y respuestas en la Biblia.

En realidad, en la Biblia vemos lo mismo. Desde la arrogancia étnica de Israel a la renuencia de los apóstoles de Cristo a llevar el evangelio a los gentiles, la historia de la redención está plagada por el pecado del racismo.

Seamos realistas: el problema del racismo es un tema clave para los cristianos y el resto del mundo.

La Solución al Racismo

La Escritura muestra que todos estamos relacionados. Todos compartimos la misma madre y padre humanos y por lo tanto los antepasados de sangre.[i] También todos estamos hechos a imagen de Dios o a Su semejanza, [ii] con características únicas diferentes del resto de la creación.

Estas son verdades maravillosas para celebrar. Sin embargo, hay más.

Ya que somos una raza - la raza humana o lo que la Biblia llama la raza de Adán - también compartimos la historia de Adán. Esto incluye la condición en que tanto Adán y Eva cayeron cuando se rebelaron contra nuestro Creador. [iii] Cuando Adán y Eva se rebelaron, eso se transmitió a nosotros. En un sentido real, nosotros nos rebelamos con ellos. Ellos, como nuestros representantes, son responsables: nosotros, como su progenie, compartimos la pena, que es el pecado y la muerte [iv].

La buena noticia es que Dios ha abordado la cuestión del pecado - incluyendo el racismo - en Jesucristo. Jesús tuvo éxito donde Adán fracasó, y Jesús tiene éxito donde nosotros fallamos. Por la fe ponemos la confianza en Jesús como nuestro representante verdadero y final y tenemos paz con Dios [v] y los demás seres humanos. Podemos vencer el pecado y la muerte por medio de Jesucristo,[vi] y algún día seremos libres de ambos. [vii]

La Biblia enseña claramente que Jesucristo pone fin a las disputas interraciales.[viii] Nuestra humanidad común reemplaza nuestras distinciones nacionales y étnicas. Los delirios de superioridad cultural no tienen lugar en el reino de Cristo. Somos una entidad en Cristo.[ix]

Pero debido a nuestra condición natural que la Biblia llama caída o pecaminosa, todavía experimentamos conflictos raciales, incluso dentro de la iglesia. Esta es la esclavitud de la que el evangelio nos hace libres. [x]

Un día, la iglesia que cruza todas las líneas étnicas y barreras culturales, se reunirán delante de Dios en la eternidad y para adorarle juntos en una sola voz gloriosa. [xi]

De hecho, eso está sucediendo en este mismo instante.

Dios está reconciliando al mundo - en este momento

Cada semana Christian Aid Mission recibe decenas de informes del amor redentor de Dios que rescata a personas, familias y pueblos. Estos informes contienen detalles horribles de racismo e intento de genocidio, pero también ilustraciones de increíbles actos de valentía.

A una de las minorías étnicas más despreciadas de la tierra, el pueblo Rohingya, se les ha negado la ciudadanía en varios países. Muchos subsisten hurgando en los basureros. Los ministerios autóctonos apoyados por Christian Aid Mission están trabajando en este grupo y llevando a muchos a Cristo.

Nosotros publicamos estas historias en línea y a través de nuestro correo electrónico, Primicias Misioneras, con actualizaciones, eligiendo cuidadosamente que detallar y compartiendo e ilustrando el hecho de que Dios está reconciliando al mundo consigo mismo.[xii] A través de todos ellos, personas de diversas culturas y ubicaciones geográficas están encontrando similitud y significado en el evangelio.

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Nada va a impedir que Dios siga trayendo a seres humanos de todos colores de piel y culturas a Cristo. Es una promesa que Él mismo ha garantizado.[xiii] ¿Cuándo llegará el fin? Sólo Dios lo sabe, pero podría ser más pronto de lo que pensamos. Sin embargo, debemos estar ocupados en los negocios de nuestro Padre.

Uno de los libros que estoy leyendo me está ayudando a darle sentido al problema del racismo. En el he encontrado este pensamiento útil:

Dios ha hablado. Y ha actuado. Él ha entrado en nuestro mundo en la persona de Su Hijo. Su Palabra, su acción y su encarnación son el fin de la arrogancia étnica para los que lo abrazan como el Tesoro de sus vidas.
[xiv]

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Gracias por su interés en ayudar a los no alcanzados en áreas de pobreza y persecución para que entiendan y abracen el tesoro que puede ser de ellos en Jesucristo.

  • [i] Génesis 3:20, Hechos 17:26
  • [ii] Génesis 1:27, Santiago 3: 9
  • [iii] Romanos 5: 12-21
  • [iv] Romanos 3:10, 23
  • [v] Romanos 5: 1
  • [vi] Romanos 8
  • [vii] Apocalipsis 21-22
  • [viii] Efesios 2: 11-22, La Epístola a los Gálatas
  • [ix] 1 Corintios 12
  • [x] Gálatas 5: 1
  • [xi] Apocalipsis 7: 9-10
  • [xii] 2 Corintios 5:19
  • [xiii] Mateo 24:14
  • [xiv] John Piper, Bloodlines: Race, Cross and the Christian (Crossway Books, 2011), página 13.

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