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10 de febrero de 2015

La Base Bíblica de las Misiones Autóctonas

por Brittany Tedesco, with Bob Finley, Raul Hernandez, and Amie Cotton

Bob Finley (derecha) habla con Billy Graham y Walt Smith en 1947 en una reunión de Juventud para Cristo.

Años atrás (es decir, los años 1950) Bob Finley no era la persona más popular. De hecho, algunas personas lo veían como el enemigo público número 1.

Él había introducido una forma nueva y muy controvertida de hacer las misiones que era muy diferente del modelo tradicional de enviar misioneros a países extranjeros.

Puedo imaginar las preguntas y malentendidos. ¿Autocto-qué? ¿Está sugiriendo dejar de enviar misioneros? ¿No le importa la Gran Comisión?

Ser pionero es duro. Hay que tener fortaleza y una piel muy gruesa.

Estoy agradecida de que él se mantuvo fiel a la visión que Dios le dio. Sesenta años después encontrará que mucha gente ha adoptado esa visión. Como la eficacia de los misioneros autóctonos es ampliamente reconocida, un número creciente de organizaciones ha comenzado a apoyar a nuestros hermanos que trabajan tan duro. Pero no todo el mundo piensa igual...

No Todo es Acerca del Dinero

Crédito de la foto: stockphoto43.com

Cuando hablo con las personas escépticas de la manera autóctona, rápidamente me puedo referir a la relación costo-efectividad de apoyar a los misioneros autóctonos. Debido a que es un argumento fácil. Nadie puede refutar que es menos costoso apoyar a los misioneros autóctonos, que tienen el mismo estilo de vida que aquellos entre quienes ministran, comparado con apoyar a una familia americana que vive en un país extranjero. ¿No queremos ser buenos administradores de los recursos del Reino?

El problema con este argumento es que esa manera de hacer la obra de Dios no siempre es la menos costosa. Quiero decir, Él es el dueño de todo. Los recursos no son exactamente un problema para él.

¿Hay una mejor razón para apoyar a las misiones autóctonas que sólo el costo-efectividad? ¿Podemos encontrar una base bíblica para ello?

El Modelo Bíblico de las Misiones

Le sorprendería saber que en el Nuevo Testamento no hay ningún precedente de cristianos yendo a compartir el evangelio a países extranjeros donde no hablaban los idiomas locales. Tampoco existe un registro de que alguno de los apóstoles originales hubiera ido a un país extranjero como misionero.

Por el contrario, la estrategia que encontramos en la Biblia es muy similar al modelo de las misiones autóctonas.

Pero ¿qué pasa con Mateo 28:19 (La Gran Comisión)? ¿No dice "Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo"?

Para comprender correctamente este pasaje, tenemos que mirar primero la palabra "naciones", que fue traducida de la palabra original del griego ethnos, es decir, un grupo de personas que tienen su propia cultura y lengua. El pasaje no se refiere a países con fronteras geográficas, sino a grupos de personas o grupos étnicos.

Bien, pero ¿cómo los seguidores de Jesús "iban a hacer discípulos a todas las naciones" sin tener que viajar a lugares lejanos para encontrarlos?

Respuesta: Dios trajo a las naciones a ellos.

Cada año, durante los 50 días entre la Pascua y Pentecostés, peregrinos de todas las naciones del Imperio Romano se reunían en Jerusalén. Josefo, el historiador, registra que alrededor de 1 millón de estos peregrinos estaban presentes durante estos 50 días.

Allí en Jerusalén, donde Jesús había mandado a sus discípulos que esperaran, Él derramó su Espíritu Santo sobre ellos y comenzaron a hablar en lenguas-lenguas extranjeras que eran reconocidas por los visitantes extranjeros presentes.

¿Sabe lo que pasó después? Ese día, 3,000 almas de las naciones de todo el Imperio Romano creyeron y fueron bautizadas. Durante un tiempo se quedaron juntas en comunión y crecieron en la fe... es decir, hasta que Saulo de Tarso se presentó en la escena y comenzó a perseguirlos (Hechos 8).

Todos ellos regresaron al lugar de donde vinieron. Y llevaron el evangelio con ellos. “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio" (Hechos 8: 4).

Los discípulos, los mismos a quienes se les dio la Gran Comisión, permanecieron en Jerusalén.

El evangelio se extendió por todo el mundo por misioneros autóctonos que escucharon el evangelio mientras estaban fuera de casa y llevaron el mensaje con ellos a sus propios pueblos.

Es probable que Andrónico y Junias fueran dos de estos misioneros autóctonos que estaban presentes en el Día de Pentecostés. Pablo los menciona en Romanos 16 como que habían estado en Cristo antes que él. De hecho, en toda Roma había iglesias caseras, y ningún misionero extranjero nunca había estado en Roma. Pablo les dice en Romanos1:8: "vuestra fe se divulga por todo el mundo".

Pero ¿Qué Pasa con...?

Así que digamos que usted reconoce el modelo bíblico de hacer misiones como se establece en Hechos, pero todavía tiene algunas preguntas sobre la manera autóctona. Por ejemplo...

¿Qué pasa con el riesgo de que los misioneros nativos lleguen a ser dependiente de la financiación externa?

Es una preocupación que escuchamos muy a menudo. Para responder a esto, vayamos a la Palabra de Dios. En la Biblia no encontramos ningún pasaje que desaliente a los cristianos de ayudar a los que no tienen medios, porque podría causar dependencia. Por el contrario, encontramos casi 100 versículos animando a la gente de Dios a ayudar a los menos afortunados.

Obviamente, esto no es una luz verde para comenzar a tirar el dinero indiscriminadamente en cualquier ministerio que carezca de recursos. Una supervisión cuidadosa y rendición de cuentas son de vital importancia cuando se trata de dinero.

No puedo hablar en nombre de otras organizaciones que apoyan a los ministerios autóctonos, pero sé que Christian Aid Mission tiene una salvaguardia incorporada para que los ministerios autóctonos no se vuelvan dependientes de la financiación externa. Uno de los criterios que deben cumplir para recibir ayuda financiera de Christian Aid es que ya estén compartiendo a Cristo en sus propios países. Buscamos a personas que no se detendrán por dinero. Ellos no están esperando ayuda externa; usan lo poco que tienen que hacer lo que pueden. Si el dinero se termina, no podrán hacer tanto, pero su ministerio no se detendrá.

¿Qué pasa con los cristianos occidentales que se sienten llamados a las misiones? ¿El modelo de las misiones autóctonas los priva de participar en la Gran Comisión?

Para responder a esta pregunta, nos remontamos al modelo que vemos en Hechos. Personas de todas las naciones fueron alcanzadas en Jerusalén por los apóstoles. Vivimos en un mundo cada vez más global. La mayoría de nosotros vivimos en ciudades y pueblos integrados por personas de diversos orígenes étnicos. Llegar a las personas de otras naciones (teniendo en cuenta que "nación" en la Biblia se refiere a personas y no a lugares) donde estás es posible, y no tiene menos valor que viajar al extranjero para hacerlo.

De hecho, si usted está dispuesto, Dios puede utilizarlo poderosamente en su propia ciudad. Basta con mirar el ejemplo de Felipe en Hechos 8. Mientras estaba en Jerusalén, Dios lo dirigió a compartir el evangelio con un visitante extranjero: el tesorero de Etiopía, que se salvó y fue bautizado ese mismo día gracias al testimonio de Felipe.

Además, puede participar en la Gran Comisión orando y apoyando financieramente a ministerios autóctonos en otros países. La Biblia enseña que los cristianos (no importa el lugar donde vivimos), somos un solo cuerpo y una sola familia. Debemos acercarnos a las misiones como una familia global. Esto significa que quienes tienen recursos deben ayudar a los que están en mejor posición de alcanzar a los no alcanzados, pero que carecen de recursos. Trabajamos en conjunto con ellos para establecer un testimonio de Cristo en todas las naciones.

¿Qué pasa con las personas que están completamente no alcanzadas y que no tienen un misionero autóctono entre ellos? Alguien va a tener que cruzar las barreras culturales para llegar a ellos.

Correcto, alguien tendrá que dar el paso a través de esa barrera cultural. ¿Cómo hacerlo mejor? Para responder a esta pregunta, vamos de nuevo a la Escritura y miramos el ejemplo de Pablo, el primer líder del ministerio autóctono. El fundó iglesias en un pueblo culturalmente similar. En la jerga de las misiones, decimos "culturalmente cercano".

Pablo era un nativo de Cilicia, que era una parte de Grecia. No solo su lengua materna era el griego, sino que era un ciudadano romano y también podía hablar latín. Después llegó a Jerusalén como estudiante extranjero para estudiar con Gamaliel, Dios lo llamó a volver a Europa como un apóstol a su propio pueblo. El ministerio de Pablo se desarrolló entre personas que hablaban sus lenguas nativas de hebreo, griego y latín (Hechos 22).


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