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26 de mayo de 2015

Cómo Rendirse Cambia Todo

Por Brittany Tedesco

A finales de abril, Vietnam realizó una gran celebración para conmemorar los 40 años de comunismo, que comenzó el 30 de abril 1975 con la caída de Saigón.

Durante los últimos días de una larga y sangrienta guerra, el Partido Comunista de Vietnam del Norte tuvo múltiples victorias, ya que sus fuerzas capturaron ciudad tras ciudad acercándose a Saigón, la capital de Vietnam del Sur, hoy Ciudad Ho Chi Minh. El Sur se rindió y las fuerzas estadounidenses, finalmente, a regañadientes, se retiraron de Vietnam.

Pero antes de que eso sucediera, a principios de abril, muchos estadounidenses comenzaron a salir de Vietnam, junto con más de 110,000 refugiados vietnamitas a quienes las fuerzas estadounidenses evacuaron.

El 29 de abril el Norte destruyó el principal aeropuerto del Sur... pero más de 1,000 estadounidenses todavía estaban en Vietnam.

En lo que se conoce como la mayor evacuación en helicóptero en la historia, los infantes de marina trabajaron durante toda la noche, evacuando a estadounidenses y a miles de vietnamitas hacinados en la embajada de Estados Unidos. Muchos vietnamitas, frenéticos por escapar de un país gobernado por el Partido Comunista, clamaban por entrar en la embajada, por una oportunidad de libertad.

Cuando el último helicóptero llevó al último de los estadounidenses, unos pocos cientos de vietnamitas se quedaron en la embajada, al principio sin saber que habían sido dejados atrás. Estos fueron capturados por los norvietnamitas y enviados a campos de "reeducación".

La población de Saigón se redujo en gran medida debido a todos los vietnamitas que pudieron escapar a los EE.UU. o a otros países. Algunos vietnamitas, sin embargo, decidieron quedarse. Su fue uno de ellos.

Su es el líder de un ministerio que ha pagado un alto precio por compartir el evangelio con los pueblos tribales en las tierras altas centrales de Vietnam. Él ha pasado siete años en prisiones. Después de un confinamiento solitario durante 25 meses, debieron sacarlo en una camilla, casi muerto de malaria, palizas, y el interrogatorio.

Durante una de las visitas de Su a Christian Aid Mission, nuestro Director del Sudeste de Asia le preguntó por qué eligió vivir en Vietnam cuando podía encontrar fácilmente asilo aquí en los EE.UU., después de la tortura que experimentó en su propio país.

Su contestó: "Mi cuerpo pertenece a Jesucristo. Si Él me quiere en la cárcel, está bien. Si Él quiere que yo predique, está bien. Donde Él me quiere, está bien. Mi cuerpo es de Él".

Un campamento de trabajos forzados en Vietnam, donde varios pastores están encarcelados.

Él eligió vivir Romanos 12: 1: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional".

Como nosotros, los estadounidenses, sabemos, la gente de todo el mundo viene a nuestro país para una vida mejor, una vida que ofrece más oportunidades económicas. Pero la meta de Su claramente no es el logro de un estilo de vida confortable.

Hace unos años le pregunté al líder de un ministerio de Nigeria si le había gustando su visita a los EE.UU. Yo en realidad esperaba que hablara de lo mucho que había disfrutado el lujo relativo, muy diferente de la vida en su tierra, donde las comodidades son escasas.

Tal vez él podría mencionar el aire acondicionado, o los abundantes restaurantes y grandes tiendas.

Aparte de un comentando sobre la manera ordenada de nuestras carreteras (en comparación con los caminos a los que está acostumbrado, con bicicletas, animales y automóviles sin un patrón discernible), dijo que quería volver a Nigeria lo antes posible.

De hecho, él encuentra tal satisfacción sirviendo al Reino de Dios en una vida de pobreza relativa, que su mente ya estaba de vuelta en Nigeria incluso antes de que su cuerpo llegara. ¡Tenía trabajo que hacer, y mucho!

Más tarde le pregunté al líder de otro ministerio africano si disfrutó del buffet americano que visitó para la cena.

Pero aparte de comer demasiados perros calientes, después de probarlos por primera vez, él estaba ansioso por volver a casa.

Nuestra carne de cerdo procesada no era suficiente para mantenerlo aquí.

Y tampoco era la perspectiva de la comodidad y la prosperidad.

Varios líderes de ministerios autóctonos asistidos por Christian Aid Mission vinieron a los EE.UU. como estudiantes, pero no se permitieron sentirse tan cómodos aquí que se olvidaran de su llamado de volver y llegar a su propia gente.

Uno de esos líderes que trabaja en el Medio Oriente estudió en una universidad cristiana en los EE.UU., sabiendo que era sólo una escala temporal.

Ahora está de vuelta en casa, ministrando a los refugiados sirios e iraquíes que se vierten en su país. Él nunca antes vio tal apertura al evangelio entre los musulmanes.

En un momento de sinceridad mencionó lo mucho que su familia podría utilizar un poco de descanso. Todos los días su esposa aconseja a personas traumatizadas, y sus jóvenes hijos han estado expuestos a un sinfín de historias e imágenes horribles. Sin embargo, la comodidad no es su objetivo.

Al igual que Su, él ve a su cuerpo no como de su pertenencia, sino de Dios.

Mientras el mundo propugna una mentalidad “capitán de mi propio barco”, ¿realmente los cristianos vemos a nuestros cuerpos como pertenecientes a Dios y no a nosotros mismos?

Refugiados sirios que huyeron de sus hogares para escapar del terrorismo de ISIS.

¿Cómo se llega al punto de preocuparnos más por el Reino de Dios que de nuestra propia comodidad? ¿Cuál es el secreto?

Hace varios años me encontré con un viejo amigo de la escuela secundaria. Yo sabía que él siempre había cuestionado la realidad de Dios, pero hasta ese momento nunca había hablado de sus dudas en profundidad.

Nuestra conversación fue muy interesante. Comenzó como un debate sobre la evolución versus el creacionismo. Él presentó sus argumentos en contra de la existencia de Dios... pero cuando seguimos hablando, finalmente admitió que tenía miedo de entregar su vida a Dios por lo que Dios podría requerir de él. Él amaba el dinero y quería perseguir el éxito. Dios podría cambiar sus planes. Así que él no es un ateo, después de todo... sólo alguien que no quiere rendirse.

Rendirse. Ese es el secreto.

En nuestra naturaleza humana hacemos todo lo posible para preservar nuestra comodidad. Pero la entrega nos pone en condiciones de participar realmente en la misma mente y corazón de Dios.

Como CS Lewis dijo, "La cuestión no es lo que nosotros pretendíamos ser, sino lo que Dios quería que fuéramos cuando nos hizo". Al rendirnos descubrimos qué es lo que Dios quería que fuéramos.

Cuando Su recuperó la salud después de estar en prisión volvió a su trabajo de llegar a los pueblos tribales de Vietnam con la Buena Noticia de Jesús.

"Oren por mí, tengo 59 años de edad", dijo. Él es diabético y ha tenido problemas de cálculos biliares. Existe la posibilidad de que podría ser encarcelado de nuevo.

Pero él ha dado su cuerpo a Dios - ha renunciado al control de su cuerpo, y al hacerlo, se ha alineado con el corazón de Dios. Se ha rendido a los deseos de Dios.

Su dijo: "Desde ahora y hasta el momento en que Dios venga o me lleve, todo lo que quiero ver es que todos los grupos tribales sepan acerca de Dios".

La rendición cambia todo.

Haga clic aquí para leer más acerca de Su y para ayudar a su ministerio.


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