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7 de julio de 2015

Mi Viaje a Través de los Cinco "Stans" de Asia Central

Por Nancy Charles-Parker

Nancy Charles-Parker viaja por el mundo, y durante mucho tiempo ha apoyado a Christian Aid. Con frecuencia durante sus viajes visita los ministerios que ayuda. Recientemente viajó al Asia Central, donde pasó un tiempo con un ministerio autóctono en Kirguistán.

Las montañas fuera de Bishkek, Kirguistán, la "Suiza del Asia Central".

Desde 1985 he querido seguir los pasos de las primeras caravanas desde el oeste de China a Estambul, Damasco y Bagdad a lo largo de la Ruta de la Seda. Desde el siglo II al 16, esta ruta conectó el este con el oeste, y la seda de China fue intercambiada por alfombras, nueces, frutas y otras mercancías del oeste, tan lejos como hasta el mar Mediterráneo. Junto con los bienes, también hubo un intercambio de cultura y conocimiento.

La Torre Burana, un vestigio de 1,000 años de antigüedad de la Ruta de la Seda que pasa a través de Kirguistán.

En mayo viajé a través de los cinco "stans" del Asia Central que formaron parte de la Unión Soviética desde 1920 hasta 1990, comenzando en Bishkek, Kirguistán. Este hermoso país en la antigua Ruta de la Seda, es conocido como como la "Suiza del Asia Central", con sus escarpadas montañas nevadas y vastos pastos verdes.

Cinco horas después de mi llegada a Bishkek desde Estambul, me reuní con un apuesto joven líder ruso que se entregó a Cristo en la década del 1990, después de que la Unión Soviética se desintegró, proveyendo una breve puerta abierta para el evangelio en las antiguas repúblicas de la URSS. Él pastorea una iglesia próspera cuya visión es llegar a los niños de Kirguistán con el evangelio. No es tarea fácil en un país lleno del ateísmo soviético, con una cultura que simpatiza con el Islam.

El Islam es una de las religiones reconocidas oficialmente en Kirguistán, con casi el 90% de la población que se identifica como musulmana. La otra religión oficialmente reconocida es la ortodoxa rusa, debido al gran número de rusos que aún viven allí desde que el país formó parte de la Unión Soviética.

Nancy Charles-Parker (izquierda) con su intérprete para su viaje al campamento de niños en Kirguistán.

Durante los últimos ocho años, Kirguistán se ha negado a conceder licencias para nuevas iglesias. Fuera de las iglesias registradas, la evangelización está prohibida. Cualquier enseñanza de la Biblia a los menores de edad requiere el permiso por escrito de los padres.

En consecuencia, compartir el evangelio requiere creatividad, tacto, y duro trabajo, cosa que los creyentes kirguisas parecen poseer en abundancia. El líder del ministerio participa con varias otras iglesias para apadrinar un parque infantil de la ciudad para las familias, un gimnasio que se adapta a una gran variedad de eventos deportivos y sociales, una casa club para niños, conciertos, celebraciones de días festivos y un campamento en las montañas.

Mientras me dirigía hacia el campamento, con el líder y una intérprete, vi pastores a caballo en medio de un gran rebaño de cabras negras. No me fue difícil imaginar su antepasado, Genghis Khan, y sus descendientes, galopando en estas amplias praderas.

Damas de Tayikistán en su colorido atuendo.

Al día siguiente fui testigo de un juego entusiasta de Boukazi, la versión de Kirguistán del polo con una cabra sin cabeza que actúa como "bola" en este popular juego. Me gustó la equitación, pero me lamenté por la cabra.

Cuando llegamos al campamento, 90 niños, con edades entre 7 y 17 años, estaban jugando un animado juego de tira y afloja. Después de nuestro almuerzo, que fue preparado por una docena de voluntarios, los niños participaron en lecciones de la Biblia y otros juegos. Me conmovió ver a adultos jóvenes y de mediana edad comprometidos como mentores, árbitros, cocineros, y supervisores en este campamento.

Una Madraza persa cubierta de azulejos en Bukhara, Uzbekistán.

El líder del ministerio y sus colaboradores creen que los niños son la esperanza de Kirguistán. Aunque menos nostálgicos que sus abuelos por la seguridad que el sistema soviético ofrecía, los niños son vulnerables a la corrupción generalizada, la alta tasa de criminalidad, la presión económica, el laicismo y el Islam dentro de su país. Por ahora, sin embargo, sus corazones están abiertos y están dispuestos a escuchar el evangelio.

Me aventuré brevemente en la empobrecida Tayikistán con su gran bazar, donde compré cerezas dulces (una luz brillante en el horizonte de comida pésima para mí); una Madraza (escuela musulmana) estilo iraní y una mezquita; y mujeres con vestidos coloridos con diseños de flores que parecían pertenecer a cortinas o sofás.

Después fui a mi lugar arquitectónico favorito: Uzbekistán, el hogar de exótica turquesa azul persa, y las ciudades de azulejos blancos de Samarcanda y Bujara, y la ciudad de paredes de barro de Jiva, que exploramos con temperaturas de desierto de 92- a 99 grados.

Bujara es famosa por sus alfombras, que se venden allí en las paradas de la caravana. Esta ciudad uzbeka fue el hogar de los Judios Bukhara durante siglos hasta la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de ellos han emigrado a Israel o a Nueva York, pero visité las sinagogas que sobreviven, con congregaciones de 20 a 50, allí y en Samarcanda.

Los alimentos nativos incluyen cordero, tomates, pepinos, arroz, carne grasosa, té y pan. Un montón de pan. El trigo es el rey en el Asia Central así que no lo pude evitar a pesar de mi dieta sin carbohidratos. Aunque los tomates estaban en temporada, la búsqueda de agua limpia para lavarlos fue un desafío. Le di las gracias a Dios por el yogur local, las manzanas que podía pelar, y las cerezas, don del cielo, que esterilicé en agua hervida. Ah, y delicioso chocolate ruso, ucraniano y kazajo.

Un edificio persa cubierto de azulejos en la plaza principal en Samarkand, Uzbekistán.

Llegamos en la capital uzbeka de Tashkent entre dos días festivos: El Día del Trabajo, el 1 de mayo (que se celebra en este día en casi en todas partes, excepto los EE.UU.) y el 9 de mayo, aniversario de la victoria de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Los desfiles honraban a los que murieron en el Asia Central, una región que sufrió proporcionalmente grandes bajas. Nuestro guía Tashkent elogió a los uzbekos que murieron luchando contra los nazis.

Admiré los edificios construidos por los descendientes de Genghis Khan, que sin piedad envenenaron los suministros de agua de los locales, y por el antiguo conquistador islámico, Tamerlán, que tenía esposas kirguisas y chinas, y empleó a los mejores arquitectos persas. Incluso Alejandro Magno se aventuró hasta el lejano Oriente, y se casó con la bella Roxana, hija del jefe de una tribu de Kirguistán.

Mi siguiente parada fue en Kazajstán, el país más rico de los cinco "stans," gracias a considerables reservas de petróleo. También es el país más grande del Asia Central, y el octavo país más grande del mundo. Los kazajos acaban de reelegir a su presidente de por vida.

Aproximadamente el 60% del país es musulmán. Irónicamente, en 2011 se promulgaron leyes restrictivas para detener la ola creciente del radicalismo islámico. En el proceso, el intenso escrutinio del gobierno de todos los grupos religiosos minoritarios ha dado lugar a la persecución de los cristianos, particularmente los evangélicos.

Una Iglesia ortodoxa rusa en Kazajistán.

Pero a pesar del peligro y los desafíos, el número de cristianos en Kazajstán sigue creciendo. Christian Aid Mission asiste a ministerios que han fundado más de 120 iglesias, con más de 12,000 creyentes.

Después de esperar más de 20 años, los creyentes kazajos se alegraron el año pasado por la finalización de la traducción de la Biblia en su lengua materna. En Kazajstán es peligroso tener una copia, pero eso no ha impedido la distribución de la Palabra de Dios.

Me alegro de estar de vuelta en los EE.UU., comer alimentos que no necesitan ser desinfectados en agua hirviendo, pero agradezco la visión de las luchas y las victorias de nuestros hermanos y hermanas del Asia Central. Por favor, oren por ellos.


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