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14 de julio de 2015

La Libertad de Aceptar la Humillación

Por Brittany Tedesco

¿Alguna vez alguien hizo suposiciones acerca de usted que no eran ciertas?

Crédito de la foto: Julija...! / Foter / CC BY

¿Alguna vez alguien hizo un juicio negativo acerca de usted, basado en información de segunda mano?

¿Alguna vez sus palabras fueron torcidas para cambiar el significado de lo que dijo?

¿Alguna vez alguien malinterpretó sus acciones e hizo una acusación falsa en contra de usted?

¿Alguna vez fue arrestado y condenado a prisión por crímenes que no cometió?

¿Cómo maneja la incomprensión? Sé que me he puesto nerviosa, indignada, y defensiva. Después de todo, uno sólo tiene una reputación. ¡Y debe ser defendida!

Después de que Jesús comenzó su ministerio terrenal viajó alrededor de varias ciudades y aldeas realizando milagros. En Decápolis expulsó una legión de demonios de un hombre atormentado y los envió a un hato de cerdos. Entró en otra ciudad y, mientras iba en camino para resucitar a una niña de 12 años de entre los muertos, sanó a una mujer que tocó el borde de su manto. ¡La gente estaba asombrada!

Y entonces. . . Él decidió hacer una parada en Nazaret, su ciudad natal. Cuando comenzó a enseñar en la sinagoga un sábado, otra vez la gente se admiró, pero en un mal sentido. "Y se escandalizaban de Él" (Marcos 6: 3). Estas personas lo habían visto crecer, conocían a Su familia, y tal vez incluso lo habían contratado para hacer algún trabajo de carpintería. ¿Quién era Él para decirles algo? ¿Por qué el carpintero de la ciudad de repente tenia esas ideas grandiosas acerca de sí mismo?

¡Ay!. Una cosa es ser mal entendido por parte de extraños. Otra es ser mal entendido por los que se supone que lo conocen mejor. Pero Jesús no perdió la calma. No trató de defenderse a sí mismo o convencerlos de la realidad de quién era. Se maravilló de su falta de fe, aceptó su rechazo, y siguió adelante. Vivía en un estado constante de humildad.

Paul E. Miller, en su libro, Love Walked Among Us (El Amor Caminó Entre Nosotros), escribe: "No se puede fingir humildad. Es tan extraño para nosotros que toma la energía misma de Dios. Como Jesús depende de Su Padre, no necesita depender de su posición. Cuando dependemos de Dios, tampoco nosotros. La fe nos libera para ser humildes”.

La fe nos libera para aflojar ese agarre de hierro de nuestra reputación, y aceptar que a veces seremos incomprendidos.

Cortesía de Museos y Artes Harrogate

Probablemente usted está familiarizado con la historia en la Biblia donde una mujer "que había vivido una vida de pecado" se acercó a Jesús en una cena en casa de un fariseo para ungir Sus pies con perfume costoso en un frasco de alabastro.

Al leer esa historia, muchos se han centrado en la mujer y en el gran sacrificio que hizo, ya que el perfume era probablemente su dote, y posiblemente equivalía al salario de un año.

Pero consideremos la historia desde un punto de vista diferente, tal como Miller la describe aquí por:

"Imagine que usted es un hombre, acostado en un sofá, y una mujer atractiva entra en la habitación y comienza a llorar a sus pies. Ella deja suelto su pelo largo (que, en la cultura de Simón, sólo se hacía en la presencia de su marido) y seca sus lágrimas sobre sus pies con su cabello. Mientras hace esto, cubre sus pies con besos. Finalmente toma el pequeño frasco de perfume que lleva alrededor de su cuello y lo vierte sobre sus pies. Todas las miradas están fijas en usted. Sus pies fueron tocados y besados por una prostituta conocida. ¿Se siente incómodo? La escena es muy íntima, personal ¡y pública! La mayoría de los hombres en una situación parecida, en cualquier cultura, se sentirían avergonzados".

El enfoque de Jesús, sin embargo, no estaba en Sí mismo. Él no trató de explicar la situación a nadie, para que se viera un poco menos escandalosa. Sus ojos estaban en la mujer, tan rota por su propio pecado y tan conmovida por Su amor.

Él siempre estaba más preocupado por las almas de las personas que por su propia reputación, honor y bienestar.

Se me ocurren varios misioneros autóctonos apoyados por Christian Aid Mission que se encontraron en situaciones escandalosas similares.

Tomemos, por ejemplo, el líder de un ministerio en Camboya que trabaja para liberar y rehabilitar a niñas atrapadas en la industria del sexo. Parte de su trabajo consiste en pagar el rescate de las prostitutas. Literalmente, eso significa que va a los burdeles para pagar dinero por las proxenetas.

Para un espectador, él es sólo otro hombre pagando por sexo. ¿Le importa a él lo que otros piensan? Podría. Pero él se preocupa más por la liberación de esas niñas.

El líder de un ministerio que apoyamos en Nigeria nos contó cómo comenzó su labor misionera entre la etnia primitiva Koma. Para llegar a ellos con el evangelio, se trasladó a su aldea y adoptó su forma de vida. El jefe de la aldea estaba tan conmovido por su gesto extraordinario que ofreció al misionero un regalo especial: una noche íntima con su esposa.

Imagine si se corriera la voz acerca de la oferta escandalosa del jefe a gente demasiado deseosa de malinterpretar el comportamiento del misionero. El líder del ministerio declinó la oferta del jefe, pero voluntariamente se puso en una posición que podría haber puesto en peligro su reputación.

Su amor por el pueblo Koma reemplazó su orgullo.

El líder de un ministerio vietnamita recientemente visitó Christian Aid. Yo lo he mencionado en artículos anteriores. El pasó un total de siete años en prisiones vietnamitas a causa de su fe.

Durante esa visita le pedimos que nos explicara lo que sucede a las personas encarceladas por su fe.

En primer lugar, pasan cinco meses en aislamiento, en un cuarto oscuro y sin ventanas. Cada pocas horas son torturados mental y físicamente en un esfuerzo por obligarlos a revelar los nombres de otros misioneros cristianos en Vietnam.

Algunos no sobreviven ese período. El líder del ministerio sabe de tres que murieron. Otros quedaron con parálisis parcial o trauma cerebral.

A continuación, los prisioneros pasan ante un tribunal donde suelen ser acusados de ser disidentes políticos y condenados a varios años en un campo de trabajos forzados. La pena mínima por compartir el evangelio con los no salvos es de 15 años.

El líder del ministerio sabe de 87 obreros cristianos actualmente en prisión.

La esposa de un pastor encarcelado en Vietnam.

¿Están amargados? ¿Enojados? Sin duda el líder del ministerio no lo está. Él irradia alegría, y sigue en peligro para llegar a la gente que no ha escuchado el evangelio.

¿Qué pasaría si un día, en los EE.UU. fuéramos encarcelados por nuestras creencias? ¿Qué pasaría si fuéramos incomprendidos o falsamente acusado? ¿Qué pasaría si fuéramos humillados?

"La humildad duele, pero también el amor. Cuando el amor es difícil, a menudo es porque involucra la humillación", escribe Miller.

¿Qué haremos? ¿Aferrarnos a nuestro orgullo, nuestra reputación, nuestra "necesidad" de ser comprendidos? ¿Vamos a cambiar nuestro mensaje? ¿Vamos a preocuparnos más por nuestro bienestar que por las almas de la gente?

Miller escribe: "Necesitamos fe para creer que Dios cuidará de nosotros cuando otros no lo hacen. Es por eso que no podemos amar sin fe. Todos los mandatos de Jesús asumen que vamos a confiar en Dios..."

¿Confiamos en Él? La respuesta determina cómo vivimos, pensamos y vemos al mundo que nos rodea.

Determine si está o no está dispuesto a ser mal entendido, dispuesto a recorrer el camino de la humildad.

La fe nos libera para ser humildes.


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