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11 de agosto de 2015

Viendo a Dios desde un Montón de Basura

Por Brittany Tedesco

Lo recuerdo como si fuera ayer. Hacía poco que había empezado a trabajar para Christian Aid Mission, y era mi turno de dirigir la reunión del personal. Abrí nuestra publicación Boletín de Oración, ubiqué el pedido de oración de ese día, y empecé a leer. Entonces se me formó un nudo en la garganta. Las palabras me sobresaltaron.

Ese fue el día cuando me enteré de que comunidades reales de personas viven en y alrededor de basurales gigantes como medio de supervivencia.

El basurero particular sobre el que leí ese día era la Montaña Humeante de Manila, Filipinas, una "montaña" hecha de más de 2 millones de toneladas de basura. Ganó el nombre de "humeante" por la nube de gas metano que produce. Han construido chabolas alrededor del montón de basura, de las que hombres, mujeres y niños salen cada día para recolectar materiales reciclables o cualquier otra cosa que puedan vender. La familia promedio gana US$ 1 por día.

La Montaña Humeante se cerró cuando el gobierno se trasladó a un nuevo distrito. El nuevo basural de 50 hectáreas es el hogar de decenas de miles de personas, y muchas de ellas solían vivir en la Montaña Humeante. Casi 1,000 carroñeros murieron en un deslizamiento de basura.

Los niños que viven cerca de un basural en las Filipinas asisten a un preescolar cristiano asistido por Christian Aid Mission.

Christian Aid Mission apoya a un ministerio allí, iniciado por una mujer con un corazón por los niños de los barrios marginales. Ella y su familia se trasladaron a esa ciudad de basura con toda su pobreza, hedor, enfermedades y angustia, para iniciar un preescolar. Ciertamente ella ha tenido sus luchas, contrayendo de forma intermitente varias de las enfermedades que pululan allí, pero su objetivo es más importante ella: ganar almas para el Señor entre los habitantes del basural. Ella atendió a cientos de niños, y a través de ellos, a sus padres.

Yo no sabía en ese momento, pero esa comunidad del basural en las Filipinas es uno de los muchos en todo el mundo.

En Phnom Penh, Camboya, las personas construyen pequeñas chozas alrededor de un basural que abarca casi 100 hectáreas. Un ministerio autóctono que asistimos abrió la Guardería Alegría para los niños que viven cerca del basural. Los misioneros del ministerio recogen a los niños de sus hogares y los llevan a ese refugio, donde reciben una comida nutritiva, educación y el conocimiento de Jesús.

El líder del ministerio escribe: "Mientras sus familias y hermanos mayores salían a trabajar en el basural, por lo general los niños más pequeños de esas familias jugaban en el basural o esperaban que sus padres volvieran con algo de comer. Esos niños sufren desnutrición y enfermedades que florecen en esos ambientes tóxicos".

¿Se imagina esa vida? Yo no puedo. Me considero afortunada de haber nacido en un país desarrollado. . . pero siempre me siento un poco extraña usando esa palabra "bendecida" por mis circunstancias. Eso me hace preguntarme por qué me salvé de una vida de miseria extrema, y otros no.

Anne Easker, nuestra pasante de verano, hace unas semanas escribió un artículo diciendo "me parece escandalosamente injusto ser una mujer joven en el oeste, tan extraordinariamente rico."

Comparto sus sentimientos acerca de la injusticia. Estoy agradecida, simplemente desconcertada de que la balanza esté tan inclinada a mi favor.

Pero tal vez, de alguna manera, no está.

Hace unos días encontré este versículo en el libro de Santiago 2: 5: "¿no ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe?".

Un miembro de nuestro personal ha llevado a cabo una amplia investigación sobre las misiones en la India, y en una de nuestras reuniones de personal contrastó los métodos de fundación de iglesias en los EE.UU. con los de los creyentes de la India.

La fundación de iglesias en los EE.UU. por lo general ocurre de esta manera: Una iglesia establecida funda una iglesia hermana en una ciudad o pueblo adyacente mediante la construcción de un templo, envía a algunos miembros de su congregación a la misma, con la esperanza de que crezca. Los asientos vacíos se llenan poco a poco, pero sobre todo por personas ya cristianas que viven cerca.

La fundación de iglesias en la India suele ocurrir de esta manera: Un creyente local o un misionero autóctono visita las casas en su comunidad para reunirse con las familias y conocer sus problemas. Entonces ora por ellos. Las sanidades milagrosas o las respuestas a las oraciones son frecuentes.

Las familias se dan cuenta de que el Dios del misionero tiene poder. . . mientras que el brujo local no pudo ayudarlos, excepto quizás temporalmente. Ellos quieren saber más acerca de ese Dios. Aprenden acerca de Jesús, se arrepienten de sus pecados e invitar a sus amigos y vecinos para que también escuchen acerca de Él. Se forma una iglesia. No necesitan un templo.

Un contraste sorprendente, ¿no es cierto? Un método es cuidadoso, mesurado, lógico, basado en reuniones administrativas. El otro es vibrante, contagioso, atractivo y sencillo. La fe sencilla: el tipo que Dios parece haber concedido tan abundantemente a los pobres de este mundo.

¿Es nuestra riqueza lo que hace que nuestro enfoque sea mesurado? ¿Promueve el cinismo y la duda? ¿Es un sustituto para la clase de fe sencilla que mueve montañas?

Jesús nos dijo que una persona no puede servir a Dios y a las riquezas. Si la basura es su único medio de obtener ingresos, usted no tiene la tentación, y mucho menos la opción, de perseguir la riqueza. Usted es el más pobre de entre los pobres. Pero de acuerdo a la Escritura, eso no es tan terrible.

".. El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque el pasará como la flor de la hierba" (Santiago 1: 9-10).

¿Sabe Dios algo que nosotros no sabemos? (Nivel de probabilidad: alto)

Los habitantes de la "Ciudad de la Basura" en El Cairo revuelven la basura de la ciudad para buscar materiales reciclables o cualquier cosa de valor.

Desde la década del 1940, una comunidad de personas pobres conocidas como los Zabbaleen en el sureste de El Cairo han actuado como los recolectores de basura de la ciudad. Su asentamiento más grande está en la aldea Mokattam o "la ciudad de la basura". Ellos recogen la basura, la llevan a sus hogares para ordenarla y vender lo que puedan.

En el corazón de su comunidad, a través de un sendero sinuoso en medio de los montones de basura, uno llega a una iglesia impresionante cavada de una cueva, con capacidad de albergar a 20,000. Sorpresa: Casi el 90 % de los habitantes de la ciudad de la basura son cristianos coptos. Personas pobres ricas en fe.

Los Rohingya son un pueblo sin patria. Birmania les niega la ciudadanía, adonde emigraron hace dos siglos, y los que volvieron a Bangladesh no son bienvenidos. Ellos establecieron pequeñas chabolas sin letrinas o agua limpia. Muchos revuelven la basura para encontrar algo rescatable.

Un ministerio autóctono de Bangladesh asistido por Christian Aid Mission ha trabajado entre este grupo étnico despreciado por varios años. Ellos han provisto a los rohingya redes de pesca y rickshaws para que se ganen la vida. Están educando a los niños – es la primera generación de rohingyas que saben leer y escribir. Pronto van a terminar la traducción de la película Jesús en la lengua rohingya.

Me conmovieron las fotos que nuestro director para el Sur de Asia nos mostró en la reunión de personal de una semana atrás. Varias familias rohingya deseaban ser bautizadas, pero no había un estanque o lago cerca de su pequeño asentamiento (y sus refugios improvisados no están equipados con bañeras). Así que utilizaron lo que tenían: grandes bolsas de basura llenas de agua que alguien había traído desde lejos.

Un hombre Rohingya usa su rickshaw para transportar objetos que encontró en el basural para venderlos.

Los creyentes recién bautizados de pie en esas bolsas de basura tenían grandes sonrisas. ¡Que alegres se los veía!

Un líder del ministerio que trabaja entre los rohingya dijo: "El número de creyentes está aumentando día a día". La suya es una fe vibrante, contagiosa.

Si Dios escogió a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe, y la fe es eterna... ¿En realidad quiénes son los bienaventurados? Oh, nuestros bienes terrenales nos hacen sentir cómodos aquí y ahora, pero la fe es la moneda de los cielos. ¿Cómo será que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros, cuando todo sea despojado, salvo nuestra fe?

Debe ser más fácil ver a Dios desde una pila de basura.


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