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1 de septiembre de 2015

La Gran Fe y Tranquila Diligencia de un Misionero Gerente de Imprenta

Por Anne Easker

Cynthia Finley, la presidenta de Christian Aid Misión, reconoce los 30 años de servicio de Gary Frankson durante una reunión de personal que cada semana comienza con oración y adoración.

Este año celebramos a Gary Frankson, nuestro gerente de imprenta, por sus 30 años de servicio diligente en Christian Aid Mission. Ésta es su historia.

Durante la primera conferencia sobre misiones a la que asistió en su iglesia Alianza Cristiana Misionera en las Cataratas del Niágara, Gary Frankson se encontró de pie durante el llamado al altar para cualquier persona que se sintiera llamada a las misiones. No era algo que hubiera pensado hacer, y no estaba seguro de cómo ese llamado se desarrollaría. En ese momento vendía aspiradoras puerta a puerta para mantener a su esposa y sus dos hijas. Él era un joven cristiano sin formación en las misiones.

Algunas de sus habilidades se destacaban como potencialmente útiles; había tomado unas cuantas lecciones de vuelo, y tenía una licencia de radioaficionado.

"Pensé que Dios me iba a enviar a un lugar donde la única manera de llegar allí era volando, y la única forma de comunicarse era por radio", dijo Gary.

Después de la conferencia leyó los requisitos para la obra misionera en la parte posterior de una revista de la Alianza Cristiana Misionera, y de inmediato se sintió no apto para el trabajo. Los requisitos eran estudios teológicos y dominio del idioma y la cultura. Él estaba trabajando a comisión, apenas podía mantener a su familia.

Gary dijo: "Yo estaba un poco desesperado, porque pensé: '¿Cómo es posible? Estamos viviendo mal. La idea de ir a la escuela durante tanto tiempo simplemente no tiene sentido'".

Dejando sus sueños misioneros a un lado, Gary comenzó a trabajar en la impresión y correspondencia de una revista cristiana llamada Inquirer. Su pastor lo recomendó para una entrevista y Gary consiguió el trabajo sin experiencia previa.

Él nunca había pensado en el trabajo de impresión como una carrera, pero rápidamente aprendió el manejo de la imprenta, la máquina de etiquetado, y las listas de correo. Cada vez que alguien salía a almorzar Gary debia operar su máquina. Fue un entrenamiento intenso para lo que se convertiría en su propia obra misionera, dirigir la imprenta de Christian Aid Mission.

Tres años después de su trabajo para la revista Inquirer, Gary sufrió un colapso pulmonar. Mientras estaba en el hospital Phillip Zodhiates, uno de sus mejores amigos en su trabajo, vino a visitarlo y le dijo que él y su esposa se estaban mudando a Charlottesville, Virginia, para trabajar para un ministerio llamado Christian Aid Mission.

Gary estaba aturdido y pensó que nunca volvería a ver a su amigo de nuevo, pero cinco o seis meses después Phillip lo llamó y le preguntó si le gustaría mudarse a Virginia y trabajar también para Christian Aid Mission.

Gary no sabía qué esperar, pero él y su esposa fueron de visita, dejando las Cataratas del Niágara en medio de una tormenta de nieve y llegaron a un ambiente cálido, a Virginia durante la primavera. Allí conocieron a Bob Finley, el fundador de Christian Aid Mission, y recibieron su primera introducción a las misiones autóctonas, un nuevo modelo en el que los cristianos occidentales podían participar en la obra misional ayudando a cristianos que ya viven entre los grupos étnicos no alcanzados.

Cuanto más Gary aprendía, más sentido tenían las misiones autóctonas en términos de costo y efectividad.

Gary dijo: "Tiene sentido. Los misioneros autóctonos predican a su propio pueblo, tienen su misma lengua y cultura. Eso es especialmente evidente cuando uno oye a los líderes cuando vienen y hablan con nosotros. Los misioneros estadounidenses suelen vivir en casas detrás de grandes muros, y tú piensas: 'si están tratando de llegar a la gente, ¿por qué se encierran?'"

Después de una entrevista con el Dr. Finley, Gary recuerda haber dicho algo como: "Creo que tú eres el hombre respuesta".

Esa noche, en la casa de huéspedes de Christian Aid Mission, Finley le ofreció a Gary una posición en la imprenta, la cual ha ocupado por treinta años.

Puede que no implique aviones volando a áreas peligrosas, comunicaciones por radio, o cualquier cosa que mucha gente asocia con la obra misionera, pero la listas de correo de las que Gary es responsable se envían a 8,000 personas, que luego aprenden sobre el ministerio de los misioneros autóctonos y tienen la oportunidad de apoyarlos financieramente y mediante la oración. Esas publicaciones permiten que los cristianos provean recursos para el campo, para que los misioneros autóctonos cuiden a los enfermos y necesitados, tanto en sus necesidades físicas como espirituales. A través de su trabajo, hombres, mujeres y niños llegan a conocer a Jesús como salvador y tienen una nueva vida y esperanza en Él.

El llamado que Gary sintió en la conferencia de misiones no estaba fuera de lugar.

"Hay tantas maneras en que Dios nos puede usar que no sabemos", dijo.

Él es, en verdad, un misionero, y por medio de su propia iglesia Gary ha hecho un par de viajes de corto plazo al extranjero visitando ministerios apoyados por Christian Aid Mission. En un seminario en Croacia Gary se encontró con un misionero cuya foto él había impreso en un folleto.

Gary dijo de su trabajo para el Reino: "No hay coincidencias, cada paso es ideado por un Dios infinitamente creativo".

A través de los años Gary se ha reunido con misioneros visitantes apoyados por Christian Aid Mission en Ucrania, Birmania, Palestina y en todo el mundo, haciendo que el nombre del Señor sea conocido. Esos misioneros han enfrentado persecución y violencia; algunos conocieron a Jesús a través de sueños; el líder de una pandilla de motociclistas era un traficante de heroína antes de conocer al Señor, y Gary lo describió como profundamente humilde. Cada historia es sólo un ejemplo de la gracia de Dios floreciendo en lugares inverosímiles.

Gary dijo: "Nunca deja de sorprenderme. Es fácil olvidar que no es normal, incluso para los cristianos, escuchar esos testimonios. Le pido a Dios que nunca deje de estar sorprendido".


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