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15 de septiembre de 2015

¿Soy Yo el Guarda de mi Hermano?

Por Brittany Tedesco

"Jesús te ama", le dijo el líder de un ministerio autóctono asistido por Christian Aid Mission a una anciana siria que encontró en un campo de refugiados de Turquía.

"¿Dónde está Él?" preguntó ella. Su respuesta fue visceral, enojada. "¿Cómo nos ama?"

Era un día caluroso. Las masas de refugiados rodeaban el camión que el líder del ministerio y sus colaboradores habían llenado con alimentos, vitaminas, y zapatos para los muchos refugiados descalzos. "La gente casi se pelea por dos piezas de azúcar que caen al suelo", escribió. "Ellos se suben al camión para tomar un poco de pasta que cae de los paquetes".

Los refugiados están cansados, desnutridos, sin esperanza y enojados. Los locales se han aprovechado de ellos, ofreciéndoles salarios miserables durante largas horas de trabajo en sus campos. A veces sólo la comida es su "salario" por ocho horas de trabajo agotador.

La anciana se puso de pie junto a su nieto adolescente. "ISIS mató a su padre", le dijo al líder del ministerio. La madre del niño los había dejado para casarse con un turco.

Cuando el líder ofreció orar por ellos su ira se desató. Todo su dolor se desbordó en una sola pregunta: ¿Cómo nos ama Jesús?

La respuesta del líder fue: "ISIS te hizo daño, pero Jesús me ha enviado a vosotros. Él me dijo: 'Ve y dales pan, zapatos y vitaminas a la mujer y a su nieto'".

Ella no dijo nada. El líder del ministerio la observó mientras ella se volvía y alejaba. Pero cuando él se volvió para caminar de regreso al camión, la oyó gritar: "¡Gracias!"

Él se dio vuelta y la vio caminar de vuelta hacia él. Ella tomó su mano y luego señaló a su propio corazón. "Tantas heridas", dijo. "Dile a Jesús que nos salve".

En una reciente entrevista con Christian Post, Steve Van Valkenburg, nuestro director para el Medio Oriente, discutió la diferencia entre las grandes organizaciones de ayuda que ofrecen sólo ayuda material a los refugiados, y los ministerios autóctonos más pequeños a los que asistimos.

"Realmente lo que los refugiados necesitan es alguien que escuche su historia, llore con ellos, ore con ellos", dijo. "Es más que darles una caja de un contenedor cada semana, en realidad es mostrar interés".

Una semana atrás circuló una foto horrible en la web. La imagen desgarradora de un niño ahogado cuyo cuerpo encontraron en una playa de Turquía después de que un barco de refugiados volcó. Esa foto pareció captar la atención de todos. Pero los lapsos de atención no son lo que solían ser. Mientras el mundo se detuvo durante dos segundos indignado por una injusticia que se ha prolongado durante años, los misioneros autóctonos siguen trabajando día a día entre las miles de personas que sufren.

Ellos han tomado responsabilidad personal por los refugiados. Han hecho que el problema de los refugiados sea su problema.

¿Qué clase de amor es ese?

Paul E. Miller en su libro, Una Vida Que Ama, escribe: "No nos han enseñado que amar a alguien significa entrar en su sufrimiento. Entrar en un corazón roto significa que nuestro corazón también se romperá. Eso es lo que le pasó a Jesús. Eso es el evangelio".

Él ilustra su punto utilizando el ejemplo del buen samaritano: "El peso de los problemas del hombre golpeado pasó al samaritano. Afectó su horario (se detuvo), sus posesiones (derramó aceite y vino), su comodidad (le permitió montar animal), su dinero (le pagó al dueño del hospedaje), y su atención (prometió volver)".

Es la diferencia entre lanzar un salvavidas a un hombre que se ahoga y saltar al agua con él para sacarlo.

La belleza de ese amor es lo que atrae a tantos musulmanes al evangelio.

Van Valkenburg dijo en su entrevista con Christian Post: "Creo que muchos refugiados ven que allí hay algo diferente, ven a musulmanes luchando contra musulmanes, y luego ven cómo los cristianos tratan de llegar a ellos con amor y cariño, que tiene algo que ver con sus corazones" .

¿Soy yo acaso el protector de mi hermano? Esa vieja pregunta, que primero le planteó Caín a Dios en Génesis 4, es una a la que todos tenemos que responder sí o no.

Los misioneros autóctonos en la primera línea han respondido a la pregunta.

El líder de un ministerio de Laos que recientemente visitó la sede de Christian Aid Mission compartió con nosotros el tipo de responsabilidad personal que toma por las almas a su alrededor. "En nuestra cultura, quien lleva a una persona a Cristo está obligado de por vida a esa persona como su padre o madre espiritual. Si guio a alguien a Cristo él no seguirá a otras personas, me va a seguir a mí", dijo.

Cuando ofrenda a los ministerios autóctonos que trabajan entre los refugiados en el Medio Oriente, usted está dando a las personas que han tomado la decisión de encarnar el dolor de los que sufren a su alrededor. ¡Qué diferencia con una agencia de ayuda que no hace más que repartir comida!

Como Amy Carmichael, el misionero en la India, dijo: "Se puede dar sin amar, pero no se puede amar sin dar".

La manera más importante en que podemos utilizar nuestros recursos es compartir el tipo de amor que atrae a la gente a Jesús.

¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? Si soy un cristiano, la respuesta es sí.


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Commentarios
Yolanda - 23 de septiembre de 2015
A veces pensamos en nuestro entorno o nuestra necesidad pero hay gente mas necesitada que la nuestra gente que no conoce a Dios ni sabe de su testamento que El ha dejado para beneficio de la raza humana.


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