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24 de noviembre de 2015

Cuando las Naciones Vienen a Dakota del Norte

Por Anne Easker

Luis Janeiro ha dedicado su vida a la difusión del evangelio. En México, su país natal, ha evangelizado en orfanatos y entre ancianos, servido como misionero entre grupos étnicos, fundado iglesias en zonas rurales y pastoreado una iglesia durante 20 años. Ahora se desempeña como Director de Desarrollo de la División Hispana de Christian Aid Mission, ayudando a difundir la visión de las misiones autóctonas en la comunidad hispana de los Estados Unidos, Puerto Rico, y expandiéndose a España.

Nada de eso hubiera ocurrido si no hubiera sido por una familia de la ciudad de Mohall, Dakota del Norte, que optó por tomar a un estudiante de intercambio por un año.

Nacido en la ciudad de Puebla, México, Luis fue criado como un católico nominal. La monja que le ayudó a prepararse para su primera comunión a los siete años le dio un regalo: una hermosa Biblia ilustrada. Luis amaba las historias e imágenes, y quedó profundamente consternado cuando un año más tarde se la robaron.

Como católico en México, Luis no tenía acceso a otras Biblias, y no tenía idea de que hubiera tiendas enteras de la Biblia y guías de estudio. Sólo sabía que había perdido algo precioso.

Luis dijo: "Yo la había disfrutado mucho, y cuando me la robaron se produjo en mí un gran deseo de conocerla".

Cuando Luis creció habló con Dios todos los días, pidiéndole que le mostrara Sus caminos, pero nunca escuchó el evangelio presentado claramente a él. En su adolescencia, aunque buscaba a Dios, también deseó una vida más salvaje. Quería experimentar libremente las drogas y el sexo, por lo que aplicó para ser un estudiante de intercambio en los Estados Unidos, con la esperanza de terminar en una gran ciudad con una playa.

Luis casi no entró en el programa, pero en septiembre otro estudiante canceló y quedó un lugar abierto en Dakota del Norte. Antes de aceptar, se animó a llamar a la familia con la que se quedaría.

Les preguntó si hacía frío donde vivían. Su hermana anfitriona le dijo que ya había nevado, pero todavía no hacía frío. Luis estaba perplejo. Más tarde se enteró de que los inviernos en Dakota del Norte eran demasiado fríos para que nevara.

Sin embargo, Luis dejó su ciudad de unos pocos millones de personas y llegó a Mohall, un pueblo a lo largo de la frontera con Canadá, con una población de 500, donde la principal fuente de entretenimiento era un club de bolos de tres carriles.

Al llegar se enteró de que el padre de la familia con la que se alojaría era un pastor. Luis no sabía qué esperar. Los protestantes en México constituyen un mero 7.6 % de la población, y en la década de 1980 el número era mucho menor. Como católico, Luis no conocía a ninguno.

Pero su familia anfitriona era cariñosa y amable. Ellos le presentaron al sacerdote católico de la ciudad para que pudiera elegir si deseaba asistir a servicios religiosos católicos o ir a la iglesia con ellos. Eligió su iglesia, donde comenzó a encontrar las respuestas que había buscado toda su vida.

En la escuela Luis tuvo dificultades para seguir la conversación en inglés de ritmo rápido, pero en la iglesia el idioma era más fácil de comprender.

"Fue como si hablaran en español, y me estaban hablando a mí", dijo Luis.

Él estaba ansioso por aprender y crecer, experimentar la verdad del cristianismo junto con las nuevas experiencias de la familia y la vida rural. En México venía de un hogar roto, pero aquí sintió el amor de toda una familia que amaba y seguía al Señor. Pasó sus días montando a caballo, conduciendo motos de nieve y estudiando la Palabra de Dios.

Durante todo el invierno Luis estaba ansioso de ser bautizado, pero se le dijo que hacia demasiado frío, y tuvo que esperar. "Tan pronto como el pequeño lago se descongeló me bauticé", dijo. "Era sólo un pequeño lago, más bien un estanque."

Luis Janeiro con Silvia, su esposa.

Cuando se terminó el año Luis regresó a México y se involucró en el ministerio allí. Hizo su primer viaje misionero a las montañas y explicó el evangelio a un hombre que dijo que quería aceptar a Cristo. Luis lo guio en oración al don gratuito de la salvación.

Con el tiempo los padres de Luis se convirtieron al cristianismo y Luis hizo más trabajo misionero entre niños, ancianos, y grupos étnicos de México. Trabajó en Christian Aid Mission entre 1992 y 1995, y luego tomó un descanso para servir como pastor. En el 2013 regresó para ayudar a compartir la visión de las misiones autóctonas con los hispanos de todo el mundo.

"Todo comenzó porque alguien recibió a un estudiante", dijo Luis. "Así que el mensaje es mirar alrededor a todas las personas que Dios ha enviado a este país y llegar a ellas".


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