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16 de febrero de 2016

Tres Verdades Sobre Jesucristo

Por Brittany Tedesco

Syrian children sitting on rocks outside of refugee tent.

Uno de los ministerios autóctonos que apoyamos en el norte de Iraq, adonde han huido cerca de 2 millones de iraquíes, utilizó la Navidad como una oportunidad para presentar a Jesús a este grupo de personas desplazadas de una manera muy conmovedora: Como hijo de refugiados.

La madre y el padre de Jesús huyeron de su hogar en Palestina para proteger a su hijo después de que el rey Herodes ordenó el asesinato de todos los bebés varones de Belén. El Salvador entiende su situación porque él la vivió.

A diferencia del dios islámico, que es distante y desconocido, nuestro Señor descendió voluntariamente de la gloria, experimentando el espectro completo del sufrimiento humano. La Biblia nos dice que Jesucristo puede compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15) a causa de Su humanidad.

Pero Jesucristo hizo mucho más que simplemente identificarse con nosotros. El siervo sufriente es también "la cabeza de todo principado y potestad" (Colosenses 2:10). Él es soberano sobre todo lo que está pasando en este momento en el Medio Oriente. Él está en control de una situación que ha causado que millones de personas deban huir de sus casas para encontrar un nuevo lugar para vivir.

David Platt, presidente de IMB, recientemente escribió en un blog: "Dios desea ser buscado, encontrado, conocido y disfrutado por todos los pueblos del mundo, y Él supervisa sus viajes hacia ese fin. En su bondad, nuestro Dios incluso convierte la tragedia de la emigración forzada en el triunfo de la salvación en el futuro".

Syrian women and children walking through refugee area.

El libro de Colosenses nos dice que no fue otro que Jesucristo quien creó el universo, incluyendo la humanidad (1:16). En Hechos leemos que Él determina "el orden de los tiempos, y los límites de su habitación" de la gente (17:26). ¿Por qué? "Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" (17:27).

Ha traído a una multitud de gente a un lugar donde pueda ser recibida por el pueblo de Dios y escuchar la verdad por primera vez.

Primera verdad: Él entra en nosotros y redime nuestro sufrimiento.

Hace aproximadamente una semana, en la reunión del personal, escuché acerca de una situación en la nación hindú de Nepal. Un hombre hostil al evangelio llevó a un grupo de fanáticos hindúes para prender fuego a un templo que había sido construido por los misioneros autóctonos que apoyamos. Aunque estoy segura de que los creyentes se desanimaron al encontrar su templo reducido a cenizas, reunieron los pocos recursos que tenían y trabajaron juntos para reconstruirlo.

Y volvió a suceder.

El mismo hombre que había iniciado el incendio del primer edificio prendió fuego al segundo. Yo sé que en este punto me sentiría desanimada, pero esos creyentes otra vez reconstruyeron su pequeño templo.

Nepali man walking along a rough, mountainous road.

Lo que es más, invitaron al hombre que inició los incendios del templo a un servicio especial donde dedicaron su nuevo templo al Señor. Los cristianos nepalíes compartieron el evangelio con él y pusieron sus manos sobre él en oración.

Aunque el hombre no aceptó a Cristo como Salvador durante ese encuentro, estoy segura de que algo comenzó a cambiar en su mente y corazón. ¿Qué debe haber pensado de aquellos a los que hizo daño, que correspondieron con tanto amor y calor?

Esos creyentes experimentaron el poder de Cristo, "la cual actúa poderosamente en mi" (Colosenses 1:29). ¿Dónde estaba su indignación, su rabia, su ira? Todo se había derretido en el fuego del amor de Cristo. Tenían ojos para ver la situación. No vieron a un hombre malvado que había tratado de hacerles daño. Vieron a un hombre que necesitaba un Salvador. Ellos se negaron a sí mismos en la búsqueda del otro.

"Miren el desinterés de Jesús", escriben Alistair Begg y Sinclair Ferguson en El Nombre Sobre Todo Nombre. "Él dijo: 'Yo estoy entre vosotros como el que sirve'".

El amor de Jesús es un amor que se niega completamente a si mismo, y Su Espíritu puede dar poder a los creyentes para demostrar la misma humildad.

He oído que algunos describen la humildad de Jesucristo como rozando lo ridículo debido a los extremos a los que estaba dispuesto a ir para redimirnos. Su humildad no conoce límites.

Village women carrying bundles of plants in Nepal.

Segunda verdad: Él dota a sus seguidores con gracia sobrenatural.

Al comienzo de cada mes leo los informes que Christian Aid Mission recibe de los líderes de ministerios en todo el mundo. Este mes me llamó la atención el número inusualmente alto de sanidades en los ministerios del sur de Asia.

Un hombre de la tribu Korwa, una de las tribus más primitivas de la India central, durante seis años padeció una enfermedad mental que, a veces, lo hacía caer en trance y vagar por las selvas cercanas. A veces permanecía allí durante varios días. Al oír hablar de Jesucristo a través de uno de sus amigos, caminó 30 millas para llegar a una congregación Korwa fundada por un ministerio autóctono que apoyamos. Después de que un misionero autóctono oró por él, el hombre aceptó a Cristo como Salvador y quedó completamente sanado de su enfermedad. Él empezó a visitar los pueblos y predicar el evangelio, y llevó a más de 400 personas Korwa a Cristo.

Native believers praying over a Hindu man.

Un paralítico de 18 años de edad iba a tener su pierna amputada después de haber perdido la sensibilidad en ella. Las ratas le mordían la pierna por la noche. Cuando su madre oyó acerca de Jesucristo, que tiene poder para curar, ella y otros llevaron a su hijo a una reunión de una iglesia casera. Después de que los creyentes autóctonos compartieron el evangelio, tanto ella como su hijo aceptaron a Cristo como Salvador. Los creyentes aplicaron aceite en la pierna del joven y oraron. Para sorpresa de todos, él comenzó a caminar. El médico ha cancelado la operación.

Un ministerio en Sri Lanka informó de múltiples historias de sanidad, de personas liberadas de espíritus malignos y de un hombre ciego que recibió la vista.

Cristo, nuestro creador, también es nuestro sanador. El mismo Dios-Hombre que creó el universo tiene poder para reparar todas y cada célula de nuestro ser. Todavía sana hoy, en todo el mundo, para Su gloria.

Tercera verdad: "Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Colosenses 1:17).


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