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24 de mayo de 2016

De la Dependencia a la Dignidad: La Historia de Sara

Por Brittany Tedesco

Middle Eastern building

Sara* y su familia tenían una buena vida. Eran dueños de tres tiendas en Mosul, Iraq, en el 2006... Justo cuando ISIS comenzaba a formarse en su país.

Ellos, junto con otros cristianos, comenzaron a recibir amenazas, pero no estaban demasiado preocupados. La vida era buena, hasta que el hermano de Sara fue secuestrado por los terroristas.

Refugees receiving blankets

La familia vendió todo lo que tenía para rescatar al joven y luego se trasladó a otra parte de Iraq para empezar de nuevo. No fue fácil, pero perseveraron. Poco a poco, a lo largo de los años, reconstruyeron lo que habían perdido. El trabajo duro y el ingenio dieron sus frutos. Ellos pudieron adquirir un edificio para su negocio en Qaraqosh.

Mientras tanto, ISIS seguía creciendo. En el 2014 el grupo terrorista islámico invadió Qaraqosh. Se apoderaron de todo lo que pertenecía a Sara y a su familia, dejándolos en la miseria. Ellos huyeron al país vecino de Jordania, donde esperan convertirse en ciudadanos, sabiendo que, salvo un milagro, nunca podrán volver a su país de origen.

Mirando las innumerables fotos de los refugiados, hombres, mujeres y niños, en carpas desnudas o alrededor de un camión lleno de alimentos entregados por un ministerio autóctono asistido por Christian Aid Mission, a menudo tengo que recordarme a mí misma que la mayoría de esas personas son profesionales con títulos avanzados, o antiguos propietarios de negocios. Muchas de ellas poseían casas y automóviles, y enviaron a sus hijos a buenas escuelas.

Refugees standing outside of tents

No son perezosas. Son como Sara y su familia. Sólo quieren volver a casa, al lugar que les ha sido robado para siempre. Siria, una vez uno de los países más pacíficos y prósperos del Medio Oriente, ahora es un montón escombros humeantes, un paisaje gris alucinante donde las balas caen del cielo agua. Iraq no está mucho mejor.

Hace unos meses publiqué algunas de esas fotos de refugiados en nuestra página de Facebook. Alguien escribió un comentario de una de las fotos, de un hombre que lleva una caja de botellas de agua de vuelta a su carpa. Él dijo que ayudar a las mujeres y los niños era bueno y correcto, pero los hombres deberían estar trabajando para mantener a sus familias.

Estoy segura de que la persona que hizo el comentario simplemente desconoce la realidad sombría de los refugiados sirios e iraquíes en un país extranjero, donde no pueden hablar el idioma y donde es ilegal que trabajen porque no son ciudadanos. Muchos de ellos son explotados. El líder de un ministerio envió un informe que describe cómo los hombres refugiados encuentran trabajo de baja categoría en granjas o campos, y muchas veces aún les niegan los bajos salarios que les prometieron. A cambio de ocho horas de trabajo agotador, a menudo los hombres sólo reciben el almuerzo. ¿Qué pueden hacer? ¿Con qué recursos cuentan?

Man posing with child.

Una vez respetados en sus países, estos hombres ahora están en el peldaño más bajo de los estratos socio-económicos. Antes podían mantener a sus familias, ahora ni siquiera pueden llevar comida a casa.

Mi corazón se partió cuando leí acerca de un grupo de refugiados sirios en un campamento en Turquía que estaban quemando plástico para mantenerse calientes o cocinar sus alimentos. En pleno invierno, muchos no tenían mantas o abrigos. Los niños estaban sin zapatos. En un informe que nos envió, el líder de un ministerio describió el residuo negro que vio en las caras de los bebés, y la sensación de malestar que sintió al pensar en los jóvenes pulmones que respiran los humos venenosos dentro de esas carpas. Fue entonces cuando empezamos a enviar fondos para abastecer de leña a aquellas personas que sufren.

Refugee children pose with bags of firewood
Niños refugiados posan con bolsas de leña distribuidas por un ministerio asistido por Christian Aid Mission.

Con la ayuda de nuestros generosos patrocinadores, Christian Aid Mission ha podido cubrir las necesidades básicas de muchos refugiados. Y a pesar de que están muy agradecidos por la ayuda que recibieron de cristianos amables en el extranjero, no quieren ser dependientes de ellos para siempre.

Nosotros también queremos más para ellos, algo más que vivir otro día en la miseria.

Refugee women and children
Las viudas son abundantes en la población de refugiados.

El líder de un ministerio jordano escribió: "Me gustaría compartir con ustedes la historia de una hermana en el Señor, que ahora es parte del proyecto de bordados que comenzamos, y que trabaja entre las refugiadas. Como saben, a los refugiados no se les permite trabajar. Este proyecto les ha dado una nueva esperanza. Ahora están aprendiendo a bordar y a coser y a su vez pueden vender lo que confeccionan".

La "hermana" que se menciona en el informe es Sara. Ella es una de las varias que han inspirado a este líder para seguir trabajando duro. Él escribió: "A pesar de que han pasado por momentos muy difíciles y oscuros, están constantemente alegres y sonrientes. Ellos repiten la frase: 'Dios es fiel y Dios es bueno'. Su fe en Jesucristo es la razón principal de su sonrisa y esperanza".

Woman sewing
La costura y el bordado son habilidades que las mujeres refugiadas pueden utilizar para mantenerse a sí mismas y a sus hijos.

Las viudas son abundantes en la población de refugiados, ya que muchos esposos y padres, o bien se han quedado en sus países para luchar, o han muerto. No sólo estas mujeres están en un país extranjero, muchas de ellas tienen bocas jóvenes que alimentar.

El ministerio en Jordania ha iniciado un proyecto de costura para las mujeres. Las que han sido entrenadas cosen artículos como sábanas y fundas de almohadas, uniformes para hospitales, hoteles y escuelas y artículos de especialidad, como camisas bordadas con la letra "N" (por Nazareno).

El costo de una máquina de coser, tela e hilo para cada mujer es de entre US$ 300 y US$ 500. A continuación ella se une a un grupo de costura patrocinado por una iglesia local.

"Esto va a permitir que ellas sean autosuficientes y cuiden de sus familia, incluyendo el costo de la educación, la alimentación, el vestido y un lugar para vivir", escribió el líder.

Por tercera vez, Sara está reconstruyendo su vida, como tantas otras víctimas del odio y la violencia islámica que se niegan a ser destruidas. Con un poco de ayuda, pueden moverse más allá de la supervivencia y la dependencia hacia la autosuficiencia y la dignidad.

*Nombre cambiado por razones de seguridad.

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