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30 de agosto de 2016

Mantenga la Calma ... y Deje Lugar al Castigo de Dios

Por Brittany Tedesco

Ella olía mal. Quiero decir, apestaba. Durante la Revolución Cultural en China, Dorothy Sun fue falsamente acusada y obligada a trabajar en un campo de trabajos forzados y en la cárcel por 20 años. Una de sus principales tareas era transportar estiércol en carretilla para las granjas colectivas de los comunistas. El olor duraba mucho tiempo después de que terminaba su diario trabajo en los campos, impregnaba su pelo y su ropa.

Su padre, un líder cristiano muy conocido en su comunidad, fue acusado de ser un espía estadounidense. Al igual que él, Dorothy se negó a renunciar a su fe en Cristo. Por lo tanto, al igual que su padre, fue encarcelada injustamente.

La asignación del estiércol era sólo una humillación más que tenía que soportar, una injusticia más, un ultraje más. No podía entender por qué Dios le hacía esto a ella.

Los guardias de la prisión eran crueles. No sólo eran físicamente abusivos, sino que trataban de quebrar el espíritu de las personas. Maltrataban a las mujeres, gritando, maldiciendo, y reprendiendo. Violaron a muchas de ellas. . .pero no a Dorothy. No a la mujer que olía a estiércol. Oh, ellos se paraban frente a ella y gritaban y gritaban, pero no estaban dispuestos a ir más allá.

Durante las últimas décadas Dorothy Sun ha sido nuestra Directora de la división de China. En la reunión del personal de la semana pasada nos contó cómo permanecía en silencio de pie delante de los guardias durante sus diatribas, a veces con una pequeña sonrisa en su rostro. Pero por dentro estaba orando: "¡Señor, dales una paliza!".

Dios les dio una buena paliza en Su propia manera. Muchas de las prisioneras eran hermosas mujeres, jóvenes. . .que solían trabajar como prostitutas. Muchos de los guardias que las violaron contrajeron enfermedades transmitidas sexualmente, y se suicidaron.

"Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová" (Isaías 54:17).

Esta es una gran promesa. ¿Realmente la creemos? ¿O nos parece que hay que tomar el asunto en nuestras propias manos?

¿Actuamos como víctimas de nuestras circunstancias o confiamos en que nada, ni nadie, nos puede tocar a menos que Dios lo permita?

En mi iglesia cantamos una canción de alabanza llamada "Mayor es Él". Comienza así: "La muerte no me puede vencer o estar en contra de mi familia, y aunque pueda haber un enemigo, mayor es el que está en mí. El peso del pecado era mi enfermedad, pero Jesús llevó las marcas por mí. Y aunque pueda haber sufrimiento, mayor es el que está conmigo".

La melodía es pegadiza y queda en la cabeza, lo cual es una cosa realmente grande, ya que constantemente nos recuerda que Jesucristo, que vive en mí, es mayor que cualquier cosa o persona haya enfrentado o que tenga que enfrentar. Ninguna circunstancia, no importa cuán sombría al principio pueda parecer, jamás me derrotará. Gracias a Él tendré la victoria final.

Un ministerio que Christian Aid Mission asiste en el sur de Asia recientemente nos envió una hermosa historia titulada "Perseguidor bautizado por el perseguido". Fue el testimonio de uno de sus misioneros autóctonos fundador de iglesias, a quien llamaré Amit*. Cuando Amit se convirtió en cristiano, sus padres le ordenaron abandonar su aldea. Con el hacha en la mano, su padre amenazó con matarlo si no renunciaba a su fe en Jesucristo.

Amit huyó. Con el tiempo se mudó a una casa en una aldea diferente habitada por otros creyentes. En el 2008 su casa, junto con las casas de sus vecinos, fue reducida a cenizas por radicales hindúes con la intención de perseguir a los cristianos.

De pronto sin hogar, Amit decidió acercarse a su tío en busca de refugio. La única condición para recibirlo, le dijo su tío, era que Amit volviera a su antiguo sistema de creencias y se olvidara de Jesucristo.

Amit regresó a los restos carbonizados de su casa. Construyó un pequeño refugio con materiales aleatorios. Una lámina de polietileno actuó como techo. Los otros creyentes se habían ido. Él se quedó y oró por su familia.

Al ver su fe, el tío de Amit se convenció de que Jesucristo era el Dios vivo y verdadero. Se acercó humildemente a Amit y le pidió que lo bautizara. En abril Amit bautizó a su tío en un depósito de agua lejos de la casa de su tío.

El ministerio con el que Amit ahora sirve está tratando de proveer ayuda a su tío, que cuida de su hijo discapacitado de 25 años de edad, con polio, y vive de una pensión del gobierno con menos de US$ 5 al mes. Ellos tienen la esperanza de proveerle un pequeño proyecto de generación de ingresos.

El tío de Amit, al igual que los guardias de la prisión en la China comunista, persiguió a un hijo de Dios. Sin embargo, su historia termina de manera muy diferente que la de los guardias. Dios redimió la vida del tío de Amit y lo está bendiciendo a través del ministerio autóctono que apoyamos. Dios castigó a los guardias de la prisión que quedaron sin arrepentirse hasta sus muertes prematuras causadas por sus propias manos.

Entonces, ¿cuál es la moraleja de la historia? Simplemente esto: No podemos conocer el corazón de nuestros enemigos. No poseemos la capacidad de determinar a quién Dios podría optar por redimir y a quien podría optar por castigar. Ese es Su trabajo, no el nuestro. Nosotros, criaturas finitas, hacemos bien en permanecer en silencio en la presencia de nuestros acusadores, como Dorothy, como Amit y como Jesucristo. Luego podemos observar desde atrás la obra de Dios.

"No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal". (Romanos 12: 19-21)

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