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13 de septiembre de 2016

Cuando los Malos son Reducidos a la Impotencia

Por by Brittany Tedesco

Taha permanecía quieto en su coche de policía, pero sus ojos no dejaban de moverse, nunca dejaban de buscar alguna señal de terroristas a lo largo de la carretera que él y otros agentes estaban encargados de patrullar. Como un oficial de policía del gobierno federal iraquí, Taha a menudo estaba en la primera línea en la lucha contra el terrorismo en su país.

Taha y su esposa eran devotos musulmanes chiítas. Ella llevaba el velo islámico, y los niños habían recibido nombres apropiados: Musulmán, Islam y Yahya.

Al caer la noche, cuando las sombras en el exterior se hicieron más largas, él pensó en su familia. Taha revisó la carretera en ambas direcciones y luego sus ojos se dirigieron hacia arriba, hacia las colinas, adonde vio oscuras siluetas contra la puesta de sol.

Se concentró en lo que parecía ser el perfil de un niño atado a un poste en la parte superior de una de las colinas. Saltando de su coche, se dirigió rápida y cautelosamente hacia el niño. Pero a medida que se acercaba, una sensación de malestar se apoderó de él. No era un niño, sino un maniquí atado al poste. Antes de que los dos hombres armados aparecieran delante de él, supo que había caído en una emboscada.

Sólo unas semanas antes Taha había comenzado a preguntarse si el Islam verdaderamente era de Dios a causa de los crímenes atroces del terrorismo de los que había sido testigo. Sus dudas le habían llevado a una iglesia en la que un grupo de creyentes respondió a sus muchas preguntas y le habló de Jesús.

"Jesús, ayúdame!" gritó Taha.

Los hombres armados se congelaron. Incluso después de que Taha empezara a retroceder, se mantuvieron fijos en su posición, como aturdidos e incapaces de moverse. Taha volvió a su coche. Antes de alejarse volvió a mirar hacia la colina, a los hombres armados, todavía inmóviles.

"Nunca antes experimenté el poder de un nombre como el nombre de Jesús", Taha le dijo al líder de un ministerio apoyado por Christian Aid Mission en Iraq. "¡Él me salvó la vida!"

Taha entregó su vida a Cristo, junto con su esposa, que se quitó el velo. También cambió los nombres de sus hijos a Salem (paz), Yousif (Josef), y Wadea (inocente).

Si tan sólo pudiéramos ver lo que pasa detrás de las escenas, en el ámbito espiritual, creo que estaríamos a la vez sorprendidos y aliviados. Sorprendidos por el tipo de ataques demoníacos dirigidos contra nosotros ... y aliviados por nuestro equipo de seguridad. Y por "equipo de seguridad", me refiero a los ángeles, cuyo comandante no es otro que Jesucristo, la cabeza de todo principado y autoridad.

Felipe* ministra en una región de la India que es particularmente hostil a los cristianos. Él trabajó en ese lugar durante 10 años antes de poder conducir a una sola persona a Cristo.

Imagine la alegría que sintió cuando finalmente llevó a tres personas al Señor en una aldea pobre. Él había orado por un hombre que padecía una enfermedad dolorosa de la piel, y Dios lo sanó. Él, su esposa y su tío entregaron sus vidas a Cristo. Sus vecinos no estaban felices y el hombre le advirtió que se mantuviera alejado por su propia seguridad.

Pero Felipe continuó ministrando allí. Una noche él y su esposa estaban caminando a casa luego de una de sus visitas de rutina cuando unos radicales hindúes con capuchas y máscaras los rodearon. Uno de ellos puso una larga espada contra el abdomen de Felipe. "Deja de predicar de Jesús!", gritó el hindú enmascarado. "Este va a ser tu último sermón".

Sin soltar la mano de su esposa, Felipe le dijo al hombre que estaba dispuesto a sentarse y hablar con ellos más tarde.

"Que se vayan. Suéltalos", dijo el líder de los atacantes.

Poco a poco el grupo de hindúes se disolvió y se alejó en la noche.

Tres meses más tarde Felipe bautizó a otras seis personas de esa aldea.

En 2 Reyes 6 leemos que el rey de Siria estaba tratando de capturar al reino de Israel, pero era vencido por Eliseo, el profeta de Israel en ese tiempo. Frustrado, el rey de Siria envió un gran ejército durante la noche, con caballos y carros, para rodear la ciudad donde Eliseo y su criado se alojaban.

El criado de Eliseo se despertó primero y, sin duda, aterrorizado por la visión de ese ejército, le dijo a Eliseo: "¡Oh mi señor! ¿Qué vamos a hacer?".

"No tengas miedo", respondió el profeta. "Porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos" (2 Reyes 6:16).

"¿Qué?" Me imagino el pensamiento del sirviente. "¿Está totalmente loco? Sólo él y yo estamos aquí."

"Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo. Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo. (2 Reyes 6: 17-18).

Sabemos que los ángeles de Dios protegen a Su pueblo. Lo sabemos porque la Biblia nos lo dice. Entonces, ¿por qué no actuamos como si realmente lo creyéramos?

¿Cómo cambiaría su vida si ya no tomara decisiones basadas en el miedo? Porque, en realidad, ¿Qué hay que temer cuando Dios mismo es nuestro protector?

Las decisiones basadas en el miedo a menudo son pecaminosas o perjudiciales para nosotros y los demás. Pero la fe nos libera para actuar con integridad en todas las situaciones, dejando los resultados a Dios.

Christian Aid apoya a un hogar de niños en una zona con leyes "anti-conversión". O, más exactamente, donde es ilegal llevar a alguien a Cristo pero técnicamente correcto apartarlos de Cristo.

La co-líder de ese ministerio nos dijo que una mujer de su versión de los Servicios de Protección Infantil comenzó a hostigarlos con visitas sin previo aviso, y hurgando en las habitaciones de los niños buscando algo para dañarlos. Después de escuchar a un niño pequeño cantar una canción que había aprendido en el centro y que incluía el nombre de Jesús, la mujer se puso furiosa, citando todas las leyes anti-conversión y la forma en que ellos estarían en problemas, bla, bla, bla.

La co-líder del ministerio ni se inmutó. Ella asintió con la cabeza con calma. Un aluvión de papeles siguió a la visita de la mujer. Los líderes, marido y mujer, nos dijeron que llenaron cada papel por horas y horas, tratando de cumplir lo mejor que pudieron.

Pero las amenazas continuaron. La mujer de la agencia dio a entender que podría ser persuadida a facilitar las cosas ... si el precio era justo.

Tengo que admitir, creo que en esta situación sería un poco tentador ofrecer un soborno, por el bien de los niños. Una decisión basada en el miedo.

Pero la co-líder del ministerio se mantuvo firme. "No voy a tomar el dinero de la comida de estos niños para ponerlo en su bolsillo", le dijo a la mujer.

"¡Ay!", pensé. "¿Qué sucedió después?! ¿Les cerraron el hogar?"

No. El ministerio no ha oído nada más de la mujer. Sus frecuentes visitas se detuvieron.

¡Qué raro!

Excepto, no, no es raro. No es raro en absoluto.

" Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, y de Jehová el Señor es el librar de la muerte" (Salmo 68:20).

Crea. Tenga fe. Dios es perfectamente capaz de reducir a los malos a la impotencia.

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