Editoriales

Liderando el Camino por 50 Años

por el Dr. Bob Finley
Fundador de Christian Aid

Durante medio siglo Christian Aid ha proporcionado apoyo financiero para ministerios misioneros autóctonos en áreas estratégicas del mundo. En total, más de 1.000 diferentes obras de Dios han recibido asistencia. Durante este período estos ministerios han desplegado un total combinado de más de 100 mil misioneros. A través de su trabajo el testimonio de Cristo ha sido presentado en casi 4.000 diferentes tribus y naciones. Y los creyentes que forman el cuerpo de nuestro Señor en esta tierra se han acercado más hacia el cumplimiento de Su propósito eterno: que Él tendría un testigo por sí mismo, un pueblo para su nombre entre cada tribu, lengua y nación.

Sí, desde hace 50 años Christian Aid ha liderado el camino apoyando a los obreros que nuestro Salvador ha estado enviando a sus campos de cosecha. Pero también hemos estado en la vanguardia de algo que creo que puede llegar a ser aún más significativo cuando en el clímax de la historia del mundo nuestro Señor revise los triunfos y fracasos de su pueblo a través del tiempo.

La otra contribución estratégica a la causa de Cristo ha sido la influencia de Christian Aid en la forma en que los cristianos evangélicos, fundamentalistas y pentecostales de todo el mundo hacen el trabajo misionero en el extranjero.

Es evidente que hubo defectos graves en la manera en que estábamos trabajando en la mitad del siglo 20. Ellos eran contrarios a los principios cristianos y en muchos casos causaron daño a nuestros hermanos en la fe en diferentes partes del planeta. Más que cualquier otro ministerio importante, Christian Aid se atrevió a hablar sobre estos temas, y abogó por una reforma en la manera en se hace la obra misional.

Me siento humilde ante Dios que Él me haya elegido para liderar esta reforma. Pero veo un paralelo en las Escrituras. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, se nos dice en Gálatas 4:4-5, Dios envió a su Hijo para redimir a su pueblo de la esclavitud del legalismo y llevarlos a la libertad de la gracia. El término inglés para esta transición es "adopción", del latín adoptio. La mayoría de nosotros hoy en día no tenemos ningún concepto de lo que este término significa en el Nuevo Testamento. Significó la transición del Antiguo Pacto al Nuevo Pacto. En el antiguo testamento el pueblo de Dios era como niños pequeños, estrictamente regulados por normas y reglamentos que continuamente desobedecían. Sin embargo, los fariseos santurrones matarían a cualquiera que abogara por una conducta que se desviara de la letra de la ley. Ellos querían mantener a todos para siempre en un estado de sumisión infantil con estricta observancia de todas las leyes ceremoniales y dietéticas. Pero el propósito de Dios para su pueblo era que fueran adultos responsables, manteniendo el espíritu de la ley, pero no obligados por cada jota y tilde. Esa transición de la infancia espiritual a adultos responsables espiritualmente se llama adoptio (inglés: adopción).

Para dirigir esta reforma Dios escogió al más estricto de los fariseos, Saulo de Tarso. Él era tan celoso de la ley que arrastró a muchos discípulos del Nuevo Pacto a las sinagogas para pegarles sin piedad. A veces tenía que matarlos. No hubo mejor hombre para predicar la adopción, una vez que Dios se reveló a él, y para restaurar la segunda promesa de Dios a Abraham, que todas las naciones debían ser incluidas dentro de la alianza de Dios con su pueblo, para que ningún país tuviera el monopolio de sus promesas.

En Saulo de Tarso veo un paralelismo con el llamado de Dios en mi vida. En los primeros años de mi ministerio prediqué que todo joven cristiano debía ir a trabajar en un país extranjero. Cualquier otra cosa era secundaria. Como evangelista de Juventud para Cristo e InterVarsity Fellowship (1945-1947) convencí a varios miles de jóvenes de EE.UU. y Canadá para ir como al extranjero misioneros. Todo aquel que no estaba de acuerdo era caracterizado como falto de consagración total. El mandato de ir, decía, era obligatorio para todos los jóvenes que se llamaban a sí mismo cristianos. Era 100% GO! GO! GO! ENVIAR! ENVIAR! ENVIAR!

Tal vez por eso el Señor en su infinita misericordia me reveló que era un gran error enviar a todos esos americanos al extranjero. Que nuestras actividades en culturas extranjeras estaban perjudicando la causa de Cristo en lugar de ayudarla. Y que las operaciones misioneras extranjeras de nuestras iglesias necesitaban una reforma.

Mis ojos se abrieron cuando fui a China en 1948. No tenía ninguna estrategia para el trabajo misionero allí. Todo lo que sabía era que el Señor había dicho: "Ve". Así que fui, y allí estaba, junto con otros 6.000 que habían "ido al campo" a ciegas, sin tener idea de que nuestra presencia dañaría la causa de Cristo, más que lo que la ayudaría.

Ahora, antes de seguir adelante, quiero dejar en claro que Dios ciertamente usó a los primeros misioneros que fueron a China un siglo antes. Hubo sin duda un tiempo para ir allí y sembrar las semillas del Evangelio. No quiero minimizar la importancia de lo que hicieron. Pero tan cierto como que hubo un tiempo para ir, también hubo un momento para retirarse. Y no pudimos verlo. Creo que tal vez por eso Dios permitió que los comunistas nos obligaran a salir.

Cuando llegamos, los marxistas/maoístas estaban apoderándose de China con fervor religioso. Los rusos no estaban involucrados. Si los rusos hubieran estado allí, el comunismo habría sido conocido como "la religión de los extranjeros." China no trabajaría ni moriría por él. Los misioneros comunistas eran todos chinos.

Entonces ¿cómo los chinos se volvieron comunistas? Nueve de cada diez de los mejores líderes que asumieron el control de China se convirtieron a la ideología comunista, mientras estuvieron fuera de casa como estudiantes extranjeros en Europa y América. Cuando volvieron a casa vivieron en forma simple como los campesinos más pobres, con el fin de ganar a las masas. Y al hacerlo se apoderaron del país. A continuación, expulsaron a todos los misioneros cristianos.

No sólo eso, sino que desacreditaron la fe cristiana, señalando que la mayoría de los misioneros extranjeros eran fabulosamente ricos en comparación con los chinos. ¿Dónde los extranjeros ricos obtenían todo el dinero? Decían que éramos espías enviados por la CIA. Y el pueblo les creyó. ¿Cómo iban a saber de otra manera?

En ese mismo momento supe que tendríamos que encontrar una manera diferente de hacer el trabajo misionero extranjero si teníamos la esperanza de competir con los comunistas. Nuestra presencia en China fue un gran impulso para la causa comunista porque éramos un material perfecto para su máquina de propaganda. Ellos podían apelar a los ciudadanos chinos patriotas que creían que su país debía ser protegido de lo que llamaban el "imperialismo cultural" y "colonialismo institucional."

¿Pero me atrevería a decir algo acerca de este problema cuando volviera a los Estados Unidos? Después de todo, la mayoría de nosotros los evangélicos agasajábamos a nuestros misioneros extranjeros. Sugerir que podría haber un error en la forma en que trabajaron traería la ira de todos los que oraron por ellos y los apoyaron.

Me mantuve en silencio durante siete años, concentrándome en el ministerio con los Estudiantes Internacionales, Inc., que comencé en 1953. Seguimos trabajando, llevando a los estudiantes extranjeros a Cristo y enviándolos a casa como misioneros entre su propia gente. Pero entre los estudiosos extranjeros había muchos líderes cristianos que habían llegado a los EE.UU. para estudios de postgrado. Algunos de ellos expresaron su preocupación por el daño que se estaba haciendo a la causa de Cristo en sus países por la continua presencia de misioneros de América. Sin embargo, no dijimos nada.

Los líderes de otras organizaciones que sabían lo que estaba pasando también guardaron silencio. Alrededor de 1955 fui invitado a hablar en una reunión del personal de IVCF. Solicitando que no se repitiera públicamente, compartí algunas de las cosas que había observado sobre el problema del colonialismo misionero. Cuando terminé, el director de InterVarsity, C. Stacey Woods me reveló confidencialmente que él estaba llegando a las mismas conclusiones. Él citó a un médico cristiano de la India que decía que uno de los mayores obstáculos para la causa de Cristo era la presencia de los misioneros norteamericanos. También declaró que había oído varios líderes cristianos en Europa decir que estaban orando para que Dios los librara de la presencia adversa de los misioneros estadounidenses en medio de ellos. Pero Stacey no se atrevió a decir estas cosas públicamente.

En los primeros días de ISI (Estudiantes Internacionales, Inc.) realizamos numerosas conferencias para estudiantes extranjeros cristianos de los países más pobres, comúnmente llamados "el mundo de dos tercios." En los foros y discusiones abiertas muchos de estos estudiantes cristianos expresaron su indignación por lo que los misioneros estadounidenses estaban haciendo en sus países. No puedo enumerar todas estas cosas en un breve artículo, pero espero documentarlas en un libro que será publicado en el futuro.

Baste decir que, finalmente, alrededor de 1960, comenzamos a ser la voz de nuestros hermanos en la fe en otros países. Dedicamos un número de nuestro boletín a la necesidad de un cambio en la forma en que se hacia la obra misionera. La respuesta fue sin precedentes. Ese documento fue duplicado miles de veces y enviado a los confines de la tierra. Las cartas llegaban de a cientos, casi la mitad de ellas alabando nuestro valor y la otra mitad condenándonos por atrevernos a mencionar algo negativo acerca de nuestros misioneros.

En ese entonces nuestra sede se encontraba en Washington y me reunía frecuentemente con el presidente de la Asociación Evangélica de Misiones Extranjeras. Me criticó por decir cosas negativas acerca de la obra misionera en el extranjero porque, según dijo, a pesar de ser ciertas, podría hacer que algunos contribuyentes dieran menos apoyo. Me hizo saber en términos muy claros, que algunos líderes de las misiones miembro EFMA (Asociación Evangélica de Misiones Extranjeras) estaban muy molestos por el contenido de nuestro boletín. Y cuando me reunía con esos líderes en las conferencias de misiones me solían expresar su descontento directamente.

Por otro lado, recibíamos muchas cartas y llamadas telefónicas elogiándonos por las cosas que decíamos. Un misionero de la Misión Interior de Sudán escribió: " Desde que llegué a África he llegado a la misma conclusión." Los más entusiastas eran` los líderes de las obras misioneras autóctonas de Asia, África y América Latina. Muchos de ellos habían visto a sus ministerios prácticamente exterminados por los estadounidenses ricos que habían llegado al lugar compitiendo con ellos mediante la contratación de sus trabajadores, dividiendo sus iglesias, y creando escuelas bíblicas enfrente de las ya existentes para atraer a los estudiantes y profesores.

El conflicto que siguió podía habernos destruido, pero Dios estaba con nosotros. Éramos un solo cuerpo en Cristo con nuestros hermanos evangélicos de las misiones tradicionales, y también con nuestros hermanos en el extranjero cuyas obras habían sido dañadas por las operaciones coloniales. Estábamos decididos a caminar en amor con los siervos de Dios de ambos lados. Sin embargo, algunos líderes de las misiones coloniales y otros evangélicos prominentes no nos permitían hacerlo.

Un predicador de radio en DC publicó una condena de ISI en su boletín mensual. Él nos llamó "un culto que negaba la gran comisión." Fui a verlo inmediatamente porque lo amaba y respetaba como hermano en Cristo. Pero él rechazó mi oferta compañerismo diciendo, mientras me acompañaba a la puerta de su casa, "Te voy a combatir." Y ciertamente nos combatió, atacándonos en su programa de radio y en su boletín de noticias. Sin embargo, nunca contraatacamos. Seguimos amándolo y orábamos para que Dios lo perdonara. Como hicimos con muchos otros que nos atacaron. Tuvimos mucho cuidado de no hacer comentarios negativos sobre personas o trabajos específicos. Hablábamos sólo en términos generales.

En esos tiempos ISI tenía un ministerio doble. Reclutábamos misioneros entre estudiantes extranjeros en EE.UU. y proporcionábamos apoyo financiero a aquellos que volvían a sus tierras para difundir el evangelio y fundar iglesias entre los pueblos no alcanzados. Los líderes de las misiones coloniales atacaron verbalmente nuestras dos operaciones. Esta oposición nos creó terribles problemas. Hal Guffey, Director de Campo ISI, reclutó al pastor de una iglesia denominacional como nuestro estudiante misionero internacional en el área de Pittsburgh. Como el pastor era muy conocido y querido entre las iglesias de su denominación esperaba poder contar con muchas de ellas para ayudar en el ministerio de ISI. Pero el jefe de la Junta de Misiones Foráneas de la denominación corrió la voz de que no iban a tener nada que ver con ISI. Nuestro nuevo recluta de pronto se encontró separado de sus antiguos amigos y asociados. Parecía que ISI no tendría éxito en obtener la cooperación de las iglesias de Estados Unidos si seguíamos pidiendo un cambio en la forma en que se hacia el trabajo misionero en el extranjero.

Así que en 1970, en una reunión de la Junta que duro dos días completos, hicimos un cambio. Decidimos separar A.I.D. (Asistencia a Desarrollos Autóctonos), una división de ISI, del ministerio a estudiantes extranjeros, con el entendimiento de que AID sola seguiría pidiendo una reforma en las prácticas misioneras extranjeras. Entonces ISI podría continuar como una obra autónoma, sin decir nada acerca de la necesidad de un cambio. Así es como Christian Aid se separó de ISI, y desde entonces se ha convertido en una obra mucho más grande en términos financieros y de ministerio total.

Cuando Christian Aid se constituyó como un ministerio distintivo, establecimos que uno de nuestros objetivos era la reforma de la metodología misionera. Entre nuestros estatutos incluimos un artículo titulado Principios Básicos Misioneros que todos los funcionarios, administradores y directores debían afirmar cada año, como sigue:

ARTÍCULO VII - Principios misioneros básicos

Sección 1. Ser cristiano implica fe en que Cristo murió por mis pecados y resucitó de entre los muertos, y en forma paralela que muero al pecado y Cristo me levanta a una nueva vida, y a partir de entonces Él vive Su vida en ya través de mí.

Sección 2. Nuestro Señor Jesucristo, en los días de su carne, era Dios en la tierra en un cuerpo humano. Hoy vive en la tierra en muchos cuerpos, cada uno de ellos es una asamblea local de los resucitados con él. Una iglesia bíblica es el cuerpo de Cristo en esa localidad. Sin embargo, todos los grupos locales de los verdaderos cristianos son también un cuerpo en Cristo en un sentido universal y todos miembros los unos de los otros.

Sección 3. Todo verdadero cristiano permite que el amor de Cristo fluya a través de él a todos los demás creyentes. Los que poseen riquezas materiales tendrán compasión de los santos pobres y les enviaran ayuda desde cualquier lugar. Esta ayuda no se utilizará para controlar a nuestros hermanos en Cristo.

Sección 4. Los verdaderos cristianos desean ver como Cristo nace, crece y que muestra a Su amor y poder entre toda tribu y nación. Dondequiera Él que ha nacido en un cuerpo infantil de creyentes, hombres sabios pondrán regalos a Sus pies para ayudar a satisfacer sus necesidades como un niño. A medida que el cuerpo crece, otros organismos de todo el mundo mostrarán cuidado y preocupación. Si alguna vez Cristo tiene hambre, le darán de comer. Si Él está desnudo, lo vestirán. Los que disciernen Su cuerpo como se revela en las Escrituras constantemente se preocupan acerca de Cristo dondequiera que se encuentre en este mundo.

Sección 5. Por el contrario, nunca trataremos de dividir su cuerpo. No entraremos a una comunidad en la que Él vive y trataremos de levantar a Cristo en un cuerpo de competencia. Esa actividad es de la carne y no del Espíritu.

Sección 6. Al aplicar estos principios a Christian Aid Mission, como persona jurídica presente estamos de acuerdo en que:

  • Animaremos a los cristianos de las zonas prósperas a enviar ayuda a sus hermanos en áreas de pobreza, hambre, persecución y el desastre.
  • No enviaremos misioneros de una cultura (que se define por las costumbres y el idioma) a otra. Más bien, fomentaremos y fortaleceremos las manos de aquellos en quienes Cristo vive, que ya están dentro de una cultura determinada, y ayudaremos a los creyentes que están lejos de casa a volver como testigos de Cristo a su propia gente.
  • Para plantar a Cristo entre esos pueblos y en lugares donde todavía no existen verdaderos creyentes, alentaremos a nuestros hermanos cristianos para alcanzar con el evangelio a la gente de esas culturas mientras están fuera de casa, para que puedan regresar y comenzar un cuerpo de creyentes. Pero desalentaremos la invasión de cualquier tribu o grupo cultural por forasteros que serían considerados como extranjeros y extraños.
  • Hablaremos con denuedo contra todas las formas de carnalidad de los cristianos, incluyendo el expansionismo misionero o confesional y todas las formas de colonialismo institucional a través de la cual los cristianos de cualquier cultura tratan de extender sus organizaciones a otras culturas. Enseñaremos lo que la Biblia dice sobre el cuerpo de nuestro Señor y animaremos a todos los cristianos a fortalecer Su Iglesia en vez de construir sus propias iglesias.

Sabíamos que la oposición de las misiones coloniales continuaría, pero no previmos lo intenso que sería. Sin embargo, por el bien de nuestros hermanos cristianos en los países "campos misioneros" que deseaban que sus voces fueran escuchadas, continuamos hablando con valentía, pidiendo el cambio. Dios bendijo nuestro testimonio y Christian Aid creció de manera constante gracias a las contribuciones, los nuevos partidarios, los ministerios extranjeros admitidos y la influencia en el pensamiento de los cristianos estadounidenses que participan directa o indirectamente en las actividades misioneras extranjeras.

Pero tuvimos algunos problemas. A medida que creció la obra necesitábamos personal para nuestra sede. Algunos miembros nuevos del personal habían participado anteriormente en misiones tradicionales. Cambiar su perspectiva a la posición no-colonial fue un ajuste difícil. Y casi todos los miembros de nuestro equipo eran activos en sus iglesias, al principio en DC y luego en Charlottesville. Las presiones de estas iglesias favorecieron el continuo apoyo a las misiones tradicionales, y esto creó conflictos.

Incluso los miembros de la Junta tuvieron problemas. Pocos de ellos tenían alguna exposición a culturas extranjeras o a las tendencias misioneras. Cuando los confrontábamos con nuevas ideas no siempre sabían cómo responder. De hecho, algunos de ellos estaban tan presionados que solicitaron que cambiáramos nuestros estatutos para suavizar el impacto de nuestro llamado al cambio. De mala gana accedí para mantener la paz en la familia y evitar la interrupción del trabajo. El artículo VII, Sección 6.d fue modificado como sigue:

"Trataremos de abrir canales de comunicación con los jefes de las organizaciones cristianas que se dedican a las prácticas misioneras coloniales, trataremos de persuadirlos suave y amorosamente para que eliminen los aspectos coloniales de su trabajo y los animaremos a ayudar a las obras autóctonas de la misma fe. Enseñaremos lo que la Biblia dice sobre el cuerpo de nuestro Señor, la iglesia, y animaremos a todos nuestros hermanos en la fe a ayudar en la construcción de su iglesia en cada localidad".

Mirando hacia atrás en los últimos 50 años, tengo que decir que la oposición que he enfrentado ha sido insignificante en comparación con lo que sufrió el apóstol Pablo. Pero una cosa que él siempre decía me ha sostenido. Cuando él estaba dando su testimonio ante el rey Agripa (Hechos 26:2-23) les presentó los eventos relacionados con la llamada de Dios y la comisión de predicar tanto a los hebreos como a las naciones. "Por lo cual," él dijo, "yo no fui rebelde a la visión celestial." Me puedo identificar con esto. Dios me reveló varias cosas hace 50 años, incluyendo las siguientes:

  1. Que el colonialismo carnal en la obra misionera debe terminar.
  2. Que el modelo de libre empresa, en la que se basa nuestra cultura, que depende de la competencia, no tiene cabida en el servicio de Cristo.
  3. Que los cristianos estadounidenses deben reconocer que somos un solo cuerpo en Cristo con nuestros hermanos en la fe, cuyas obras están situadas en otros países.
  4. Que no se debe enviar obreros estadounidenses a áreas donde actualmente hay iglesias evangélicas autóctonas, y nunca debemos realizar nuestro trabajo compitiendo con los creyentes autóctonos que ya están allí.
  5. Que lo más importante que debemos hacer en áreas donde nuestro Señor ya tiene un pueblo para su Nombre es apoyarlos financieramente para ayudarles en su trabajo para el Señor.
  6. También debemos alcanzar a los visitantes extranjeros en nuestro país, en particular los de países cerrados que están aquí como estudiantes internacionales, empresarios, médicos, enfermeras y otros profesionales. Debemos tratar de ganarlos para Cristo y enviarlos a casa como sus embajadores.

La oposición a esta enseñanza ha sido feroz, pero por la gracia de Dios he peleado la buena batalla. No fui rebelde a la visión celestial. He seguido testificando a pastores, iglesias, misioneros tradicionales, miembros de nuestro personal, nuestro Consejo de Administración, el Consejo de Administración y a todos los que quieran escuchar. El cambio debe venir, y por la gracia de Dios vendrá no importa el tiempo que se necesite o qué tan fuerte sea la resistencia de los que desean conservar sus tradiciones religiosas.

Mi oración constante es que Christian Aid no abandone nuestro llamado divino de ser una voz para el cambio dentro de la comunidad evangélica. Durante 50 años hemos continuado tanto el trabajo y el testimonio, soportando el dolor de los ataques constantes y la alienación de nuestros compatriotas que ven en nosotros una amenaza a sus tradiciones.

De esta manera hemos ganado el amor y la admiración de los líderes cristianos que sirven en misiones autóctonas en todo el mundo. A través de la ayuda cristiana se les ha dado una voz para que expresen sus preocupaciones acerca de las verdaderas situaciones que enfrentan en el servicio a nuestro Salvador en sus respectivos países.

Y sus voces están siendo escuchadas. En los últimos años se ha producido un gran cambio en las actitudes de los líderes cristianos en Estados Unidos hacia las misiones autóctonas en otros países. Cada vez más escuchamos expresiones de agradecimiento por los ministerios autóctonos de pastores, miembros del comité, e incluso de ejecutivos de misiones coloniales.

La tarea no ha acabado, pero las declaraciones fuertes de Christian Aid han dado sus frutos en el logro de los cambios que se necesitan. De hecho, algunas misiones tradicionales de tipo colonial están compartiendo (aunque muy ligeramente) su generosidad con las misiones autóctonas, sin tratar de colonizar a los ministerios que están ayudando. Y cientos de misioneros estadounidenses están dirigiendo sus donativos y ofrendas personales hacia el apoyo de las misiones autóctonas.

Tal vez el resultado más importante ha sido una explosión de nuevas organizaciones de Estados Unidos que siguen el modelo de Christian Aid. Cuando empezamos hace 50 años, sólo había otra misión que era un poco similar a la de Christian Aid, y aun era 50% colonial. Creo que nuestro testimonio e influencia tuvieron un papel importante para que llegaran a ser 100% no coloniales. Y la mayoría de las nuevas organizaciones, siguiendo el ejemplo de Christian Aid, tampoco son coloniales.

La Palabra de Dios dice: "No nos cansemos de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" (Gálatas 6:09). Hemos continuado la batalla sin cesar durante todos estos años y por fin estamos empezando a ver los cambios que son tan necesarios. A pesar de ello no hemos dejado de continuar la batalla. La tarea de proporcionar apoyo a las misiones autóctonos en los países más pobres sigue adelante más fuerte que nunca. Ahora apoyamos a 104 institutos bíblicos en la China comunista. Ellos entrenan 30.000 obreros cristianos cada año y ya han enviado cerca de 40.000 embajadores de Cristo a plantar un testimonio por su nombre en todas partes de China. Nunca podría haber soñado con este desarrollo cuando estuve allí hace 54 años.

Dr. Finley
Bob Finley
Fundador, CAM

En el subcontinente de la India apoyamos unos 200 ministerios autóctonos que tienen 20.000 misioneros en el campo. A lo largo de África, América Latina, Europa Oriental y la antigua URSS la historia es la misma. Los misioneros totales desplegados por los ministerios que asistimos ahora suman más de 90.000. Ellos están llegando a cientos de tribus y naciones donde nunca hubo creyentes.

Por la gracia de Dios esperamos ver el cumplimiento del propósito eterno de nuestro Señor dentro de esta generación, ya que se usted une sus manos con nosotros para que eso sea posible.

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