Noticias e Historias de las Misiones

El Cristianismo en Birmania Cumple 200 Años

11 de julio 2013

Cuando el misionero estadounidense Adoniram Judson pisó las costas de Birmania el 13 de julio de 1813, no había cristianos, ni iglesias, ni Biblias disponibles en el idioma birmano. En sus primeros seis años de ministerio hubo un solo converso.

Evangelistas menos comprometidos hubieran empacado y regresado al hogar, pero Judson mantuvo el rumbo durante sus 38 años en Birmania. Soportó muchas penurias, como la muerte de dos esposas y sus hijos, depresión, la guerra, incluso prisión, pero nada pudo doblar la férrea determinación de este predicador de Nueva Inglaterra.

Fue una tarea hercúlea, pero durante su vida Judson tradujo el Antiguo y el Nuevo Testamento al idioma birmano. Su meta de establecer al menos una iglesia de 100 miembros fue superada con creces por la fundación de más de 100 congregaciones. Después de su muerte, los registros del gobierno mostraron unos 210.000 cristianos en el país. Sus esfuerzos no cayeron en tierra seca.

Esta semana se cumple el 200 aniversario de la llegada de Judson a Birmania, país del sudeste asiático también conocido como Myanmar. A pesar de la firme resistencia de la mayoría budista del país y las políticas represivas del gobierno, los cristianos continúan firmes en una sociedad profundamente fracturada.

El evangelio sigue adelante

En 1966, los obreros cristianos extranjeros fueron expulsados del país. Ante el acoso y la persecución, los creyentes birmanos respondieron multiplicando sus esfuerzos misioneros autóctonos.

Uno de los fundadores de iglesias de hoy en día es Sya (nombre cambiado por razones de seguridad), un misionero patrocinado por Christian Aid que trabaja entre su propio pueblo en la región de Chin, así como en otras comunidades tribales no alcanzadas por el evangelio.

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Sya es un creyente de tercera generación cuyo abuelo fue el primer cristiano converso de su tribu. Esa es una herencia espiritual que se toma muy en serio.

"Nací y me crie en una familia cristiana. Mi abuelo se convirtió al cristianismo hace muchos años, en medio de mucha hostilidad por parte de la tribu Chin. Mi padre también es un misionero en Birmania", dijo Sya, quien recibió a Jesús como su Salvador a los 18 años. "En 1988 me comprometí a servir al Señor en cualquier cosa que Él preparara para mí."

Después de completar su formación en un seminario en el extranjero, Sya viajó extensivamente a través de Birmania celebrando eventos evangelísticos, seminarios bíblicos, discipulado y dirigiendo campamentos de verano. Dondequiera que fue vio a los jóvenes responder al evangelio con el deseo de enseñar la Palabra de Dios a los demás.

Sya estableció la Misión Rural de Myanmar (Myanmar Rural Mission) para armar a los jóvenes misioneros con un conocimiento práctico y experiencia de campo. En 2007 inició un instituto bíblico de cuatro años para proporcionar discipulado, entrenamiento en la fundación de iglesias, y la predicación evangelística. La escuela tiene capacidad para unos 30 estudiantes de diversos orígenes étnicos y lenguas.

Actualmente el ministerio cuenta con 22 misioneros de tiempo completo que reciben apoyo a través de Christian Aid. Conocida por su diversidad étnica, Birmania es el hogar de ocho razas nacionales principales y 135 sub-grupos y tribus. La Misión Rural de Myanmar se concentra en los grupos de personas que viven en áreas remotas, incluyendo los grupos Koki, Lahu, Akha, Tedim, Shan y Meitei.

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El animismo aún se mantiene fuerte en muchos pueblos rurales. En el estado de Chin, Sya visitó un pueblo en varias ocasiones y compartió el evangelio, pero el sacerdote animista local se negaba a reunirse con él. El hombre, llamado Puthang, de 83 años de edad, era muy influyente en el pueblo. Sya sabía que si Puthang aceptaba a Cristo, el resto de los habitantes del pueblo también lo harían.

Después de su séptimo intento, Sya finalmente recibió una acogida escéptica del anciano. Él continuó visitando esa comunidad aislada dos o tres veces al año.

Los dos hombres hablaron de sus creencias. Puthang habló acerca de su deber de proteger a la aldea de los malos espíritus y de la importancia de hacer sacrificios para apaciguarlos.

"Con Jesús, usted no tiene que preocuparse, porque él se hará cargo de su gente", respondió Sya. "Él tiene poder sobre los malos espíritus. Él ya ha hecho el mayor sacrificio para que usted y su gente puedan ser salvos".

Puthang tenía muchas preguntas. Como Sya le leía la Biblia birmana, el corazón del hombre mayor se abrió y le pidió al Dios de los cristianos que fuera también su Dios. Él le habló a los demás habitantes del pueblo sobre Jesús el Salvador, y más personas se hicieron creyentes.

De los 120 habitantes, más de la mitad ahora son seguidores de Cristo. A pesar de que no tienen ningún edificio oficial de la iglesia, los creyentes locales se reúnen en casas para el culto y el estudio de la Biblia. El pastor del pueblo, un Chin nativo, recibió entrenamiento en un centro de evangelización cristiano en Birmania.

Nueva era, viejos desafíos

Aunque los misioneros autóctonos están haciendo un impacto, enfrentan una avalancha de presiones que sólo ha disminuido ligeramente durante los últimos tres años tras la promulgación del Gobierno birmano de una reforma de los derechos humanos.

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El budismo sigue firmemente arraigado y fervientemente protegido por los líderes políticos y los militares. Como resultado, Sya dijo que los misioneros que llevan a budistas a Cristo enfrentan el encarcelamiento e incluso la muerte.

"Si evangelizamos y convertimos a un budista, las autoridades locales nos amenazan", explicó. "Después de advertirnos y acosarnos, la próxima nos pueden matar. A veces nos vamos de un lugar por un tiempo y los pobladores que se han convertido en creyentes siguen difundiendo el Evangelio".

Los movimientos de independencia entre los Kachin, Karin, y de otros grupos étnicos han complicado aún más el panorama social del país. Los enfrentamientos con el gobierno se han intensificado en los últimos años, dejando a los cristianos atrapados en el fuego cruzado.

Añadiendo a la miseria, en 2008 Birmania sufrió el catastrófico ciclón Nargis. Unas 138.000 personas murieron por la tormenta, la enfermedad y el sufrimiento que siguió. Entre los supervivientes en la zona del delta había cristianos empobrecidos, cuyas tierras ya no eran aptas para la agricultura.

La prohibición de las agencias extranjeras allanó el camino para los ministerios locales como Myanmar Misión Rural para llevar ayuda a las familias devastadas. Christian Aid suministra fondos para la distribución de arroz y otras necesidades.

Después de dos siglos, ningún desastre natural, agitación política, o persecución ha afectado la visión misionera iniciada por Adoniram Judson. Hoy, de acuerdo a la Operación Mundo, se estima que hay 4,5 millones de creyentes en Birmania, que representan el 9% de la población. Sin embargo, millones de birmanos nunca han escuchado la Buena Nueva de Jesucristo.

"Hacemos todo lo posible para seguir los pasos de Judson," dijo un birmano misionero. "Su vida de sacrificio, perseverancia y amor por las almas perdidas son un ejemplo para nuestras misiones."

Pedidos de oración:

  • Para que los cristianos en Birmania puedan disfrutar verdadera libertad religiosa para que puedan compartir el evangelio y reunirse para adorar sin temor a ser detenidos o perseguidos.
  • Para que el gobierno birmano y los grupos insurgentes separatistas elaboren acuerdos de paz y pongan fin al derramamiento de sangre.
  • Para el trabajo de evangelización de Myanmar Misión Rural y otros ministerios birmanos ayudados por Christian Aid.
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