Noticias e Historias de las Misiones

"Ahora Tengo una Carga por las Almas Perdidas"

22 de agosto de 2013

Frente a la pobreza y la persecución en Birmania, dos millones de refugiados buscan una vida mejor en Tailandia.

La crisis de refugiados en el Medio Oriente y África domina los titulares, eclipsando el drama humano poco conocido pero de larga duración a lo largo de la frontera birmano-tailandesa. Desde hace 25 años se estima que dos millones de birmanos han huido del régimen militar despiadado de su país. Ellos buscaron refugio en Tailandia, sólo para encontrar condiciones aún más difíciles.

Algunos eventualmente obtuvieron la condición oficial de refugiados, pero la gran mayoría no están registrados y por lo tanto son tratados como inmigrantes ilegales. Les es muy difícil encontrar empleos y servicios básicos, y si son atrapados por las autoridades enfrentan la deportación.

El Ministerio Eleos (Eleos Ministries) trabaja con los bimanos en Tailandia, mostrando el amor de Jesucristo mediante el suministro de alimentos, ropa y medicinas a los necesitados. Los obreros también ofrecen educación para los niños refugiados y les enseñan historias de la Biblia en los idiomas birmano, tailandés e inglés.

El evangelismo es un componente clave de su trabajo, y cada año más de 2.000 hombres, mujeres y niños entregan sus corazones a Cristo luego de asistir a cruzadas evangelísticas y eventos juveniles. Los estudios bíblicos en campos de refugiados atraen entre 200 y 300 personas.

Los nuevos creyentes que desean entrar en el ministerio cristiano tienen la oportunidad de asistir a programas de entrenamiento de discipulado de tres meses. Unos 30 estudiantes se matriculan en cada sesión.

Yonna (nombre ficticio) vino con una amiga a Tailandia en 1999. Su vida tomó un nuevo giro cuando recibió a Cristo como su Salvador cinco años después. En 2011 se graduó del curso de discipulado que ofrece Eleos, y ahora es una obrera del ministerio.

La joven recientemente compartió su testimonio:

Estudiantes asisten a un entrenamiento de discipulado.

Yo soy Yonna, de la Unión de Myanmar. Mis padres son de la tribu Pwo Karen y tengo cuatro hermanos menores. Mis padres y abuelos eran bien conocidos entre la comunidad budista porque eran muy religiosos. Me crie en una familia budista bien disciplinada. Desde adolescente practiqué la meditación. Hice todas las cosas que tenía que hacer como budista. En 1996 nos mudamos de nuestro pueblo en el estado de Karen al estado de Pegu. Eso fue debido a que mis padres siguieron a una persona religiosa a quien realmente respetaban y adoraban como a un dios. Debieron vender la casa que poseían desde el comienzo de su matrimonio.

Desde allí en 1999 llegué a Bangkok con una amiga. En 2000 perdí mi esperanza. Me sentía abrumada por el dolor. Había tratado de curarlo con versos budistas que había memorizado y meditado, pero no me ayudaron en absoluto. Yo estaba muy lejos de la paz. Contacté a una amiga cristiana y fui a la iglesia con ella. Eso fue en 2003. En la iglesia y canté canciones de alabanza y adoración con los demás. Seguí cantando en casa y sentí oleadas de felicidad interior. Sin darme cuenta acepté que Jesucristo es el Señor que está en los cielos.

Un día el ministro predicó que los creyentes tienen alegría porque se les garantiza la vida eterna. Ellos tienen un lugar seguro a donde ir después de la muerte. Tenía mucha curiosidad por conocer ese lugar. Quería saber acerca de Jesucristo, de dónde vino, que hizo, y dónde está ahora. Mi amiga me dio una Biblia, pero no la leí. Tomé un descanso por mi salud y en 2004 me uní a un entrenamiento de discipulado de tres meses en la iglesia en Bangkok. Sólo pude asistir el último mes y medio, pero acepté a Jesucristo como mi Salvador personal y fui bautizada el 1 de agosto de 2004 en la iglesia de Bangkok.

Ahora sé más acerca de la Palabra de Dios. Después de acompañar a unas personas que estaban testificando y anunciando el evangelio, ahora tengo una carga por las almas perdidas. Junto con unos amigos en diciembre de 2010 trajimos 20 personas a una cruzada cubierta de evangelización de la Iglesia. Por su misericordia, todos confesaron que eran pecadores y aceptaron a Jesucristo como su Salvador personal.

Yo estaba preocupada por ellos, porque no podía hacer el seguimiento. Dios me habló en Songkran durante unos estudios bíblicos de tres días en las vacaciones de verano. Sentí que necesitaba dar seguimiento a los nuevos creyentes. Así que en 2011 tomé una licencia de tres meses de mi trabajo y asistí a un curso de discipulado en la iglesia en Bangkok. Yo iba a volver al trabajo después de tres meses, pero oí la llamada de Dios a través de Ezequiel 7:4-6. La escuché otra vez en Mateo 28:19-20, pero no me sentía segura de ello, Pedí confirmación de Dios. ¡Y luego llegó! Isaías 60:1, justo después de los tres meses de entrenamiento. Valientemente decidí renunciar a mi trabajo y hacer un seguimiento de los nuevos creyentes a tiempo completo.

Obreros del Ministerio entregan lonas y materiales de construcción a los sobrevivientes del terremoto de 2011.

Por la gracia de Dios, mi hermana menor aceptó a Jesucristo en 2007, y uno de mis hermanos en diciembre de 2010. Él fue bautizado en agua y camina con Dios. También tiene una carga por las almas perdidas y que anuncia las buenas nuevas de salvación a sus amigos y vecinos en su trabajo.

Yo alabo al Señor por su misericordia y creo firmemente que Él me sostendrá hasta el final de mi vida.

El ministerio Eleos trabaja con grupos étnicos de Birmania como los Pwo Karen, que todavía continúan las prácticas budistas o animistas de sus antepasados. Los misioneros tienen la bendición de ver el fruto de su trabajo, ya que una vez que estas tribus aisladas abrazan la verdad de la Palabra de Dios, se convierten en testigos fieles de Cristo.

Para ayudar Eleos en sus esfuerzos de evangelización, se necesitan Biblias en los idiomas birmano y karen. Una Biblia birmana cuesta US$ 4; Las Biblias en el idioma karen cuestan US$ 7 c/u. también se necesita tratados cristianos (5.000 piezas por US$ 100).

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