Noticias e Historias de las Misiones

Una Vida a la Vez

5 de septiembre de 2013

Tomando unos panes, el misionero libanes se dirigió a visitar a las familias de refugiados con los que había entablado amistad, y que ahora estaba discipulando. En su camino se mantuvo atento para ayudar a los nuevos que llegaban. No tuvo que mirar lejos. Desde que la guerra civil estalló dos años atrás, más de medio millón de refugiados han inundado el Líbano.

Más adelante vio tres niños que jugaban en la calle. Parecían sirios. "¿Quieres un poco de pan?", preguntó, sosteniendo un pan. El mayor miró el pan y luego corrió hacia una pequeña vivienda destartalada, cuya abertura estaba cubierta con un sucio trozo de tela. "¡Es gratis! ¡Es un regalo!", y llamó a los otros niños.

En cuestión de segundos un hombre apareció en la abertura e invito al misionero a que entrara. Su esposa aceptó agradecida el pan e insistió en que se quedara a tomar el té. Una mesa y sillas brillaban por su ausencia, por lo que se unió a la pareja en una manta raída sobre el piso de tierra. El mobiliario es un lujo que pocos refugiados pueden permitirse.

Después de las presentaciones amistosas, él escuchó sus historias, la vida que habían dejado atrás en Siria, la lucha del padre por encontrar trabajo, las preocupaciones de la madre por el futuro de sus hijos. Lágrimas corrían por sus mejillas. El misionero supo que era hora de compartir la esperanza y el futuro que solo se encuentra en Cristo.

Ellos escucharon con atención mientras él compartió el evangelio, haciendo una pregunta aquí y allá. Cuando él sintió que era hora de irse, invitó a los niños a asistir a la escuela dominical y les dejó una Biblia y algunos regalos. En un par de días los visitaría otra vez.

Viendo una necesidad tan abrumadora, multitudes de sirios abarrotados en tiendas de campañas y chozas, lejos de sus casas y aterrorizados por lo que les depara el futuro, los líderes ministeriales están instando a sus compañeros de trabajo a que se concentren en una vida a la vez.

"Con tantos miles de familias de refugiados, lo que se necesita es interacción personal", dijo un líder del ministerio libanés. "Es más que dar comida a las multitudes. La manera de demostrar el amor de Cristo es interactuar personalmente con ellos".

No Hay donde esconderse

Según la mayoría de las estimaciones, 2 millones de sirios han huido del país, lo cual representa un tercio de la población de Siria. Y se espera que ese número aumentara sin una solución a la guerra civil a la vista. El gobierno sirio continúa luchando contra una rebelión sin rostro, desorganizada y dividida en milicias sectarias. Sin un líder rebelde claro, no hay nadie que pueda aceptar una tregua, aun si el gobierno sirio quisiera una.

Mientras tanto, parece que el nivel de peligro sólo está aumentando para los sirios que se quedan en casa. El 21 de agosto, cohetes llenos de gases venenosos se estrellaron en los suburbios, sofocando a más de 1,400 personas, un tercio de las cuales eran niños. Fue la mayor masacre desde el comienzo del conflicto en 2011, que ya ha cobrado 100.000 vidas (aunque los lugareños dicen que el número es mucho más alto).

Y mientras EE.UU. decide si atacará a Siria con misiles como castigo por lo que se cree fue el uso de armas químicas por parte del régimen, los sirios no se quedan esperando una respuesta. Según un líder del ministerio en el Líbano, 16.000 sirios cruzaron la frontera hacia su país en un solo día.

"Varias familias de refugiados que visito han recibido más familiares, y entre 15 y 20 personas viven en la misma habitación pequeña", escribe.

Llegando a un país extraño sin una forma de obtener ingresos, la mayoría se pregunta cómo van a sobrevivir. Pero más allá de las necesidades físicas son las necesidades emocionales: el trauma de haber perdido seres queridos, hogares y empresas, el cambio drástico en el estilo de vida, y el peligro que sigue presente en su vida cotidiana.

Incluso el viaje para salir de Siria es peligroso. Los autobuses y los taxis son detenidos en numerosos puestos de control del ejército, y allí roban a los pasajeros sus pocas posesiones a punta de pistola..

A pesar de haber puesto cientos de kilómetros entre ellos y su tierra, muchas familias sirias tienen dificultades para relajarse.

Un atentado reciente con un coche bomba en un barrio de Beirut (el peor en el Líbano en las últimas décadas) mató cerca de 40 personas. Esta es una prueba para muchos que la violencia de Siria los ha seguido a través de las líneas nacionales.

"La gente está aterrorizada por los rumores que se están extendiendo de más bombas y luchas internas", escribe el líder del ministerio libanés. "En muchas calles la gente sospecha de cualquier cosa y de todo".

Cada vida, una luz

Aunque las noticias sobre de derramamiento de sangre y destrucción pintan un panorama sombrío de la crisis en Siria, los líderes de los ministerios autóctonos están enviando informes de una apertura al evangelio sin precedentes. "Nunca hemos tenido tantas oportunidades", dice un dirigente libanés. "Estamos pidiendo a los creyentes que abandonen sus empleos y trabajen con los refugiados porque tal es el hambre por el evangelio. ¡Y lo hacen! Los cristianos están abandonando sus puestos de trabajo por fe. La vida nunca igual para nosotros”.

Otro ministerio en Líbano señala que un número creciente de musulmanes planean enseñar a sus hijos acerca de Jesús. De las 150 familias que ellos están evangelizando a través de la escuela dominical y estudios bíblicos para mujeres, el 98 por ciento son musulmanes.

Pero el renacimiento no se limita al Líbano. El líder de un ministerio en Irak, donde hay 180,000 refugiados sirios, escribe: "El mensaje de Cristo es muy eficaz en estas circunstancias, y apenas abrimos la boca, un oyente comienza a orar al Señor con lágrimas de arrepentimiento pidiendo la intervención divina. Cientos de personas han entregado sus vidas al Señor a través de nuestras visitas puerta a puerta. Oramos con ellos y los invitamos a una reunión en una iglesia casera”.

En respuesta a la pregunta de Christian Aid sobre cómo los ministerios indígenas están manejando las necesidades con esos números tan abrumadores, una respuesta unánime ha surgido de casi todos: Centrarse en una vida a la vez.

Siguiendo el ejemplo de Cristo, que sólo eligió 12 hombres como discípulos, los líderes del ministerio han optado por concentrarse en un número relativamente pequeño de personas.

Un ministerio ha aumentado gradualmente su alcance a 50 familias de refugiados sirios. Ellos comenzaron acercándose a diez familias a la vez, visitándolos en sus casas varias veces cada semana para escuchar, orar, ofrecer ayuda material y, finalmente, compartir el evangelio.

Del mismo modo, un ministerio iraquí se concentra en discipular a un pequeño número de familias que ha llevado al Señor, animándoles a llevar a sus amigos y familiares a Cristo.

En lugar de estar nerviosos por la cantidad de trabajo por hacer en las fugaces horas de cada día, los misioneros están aprovechando el tiempo para sentarse y amar a la persona en frente de ellos, en un encuentro personal que significa mucho para alguien perdido y asustado en un lugar extraño. De esta forma tranquila, vidas son restauradas, la esperanza se renueva, y el evangelio va hacia adelante. Contra el telón de fondo de la oscuridad están apareciendo luces, una por una.

¿A qué se parecen estas luces? Se parecen a una viuda siria en Líbano, que se entregó a Cristo cuando un misionero nativo la descubrió un mes después que ella perdió a su marido en el conflicto. Ella subsiste con un ingreso magro cuidando a los animales en una granja, y dormía con sus tres niños pequeños en un colchón dentro de una unidad de almacenamiento de hormigón. El misionero compartió el mensaje del evangelio y el amor del Salvador, y le proporcionó tres colchones adicionales y frazadas, comprados con fondos enviados por los contribuyentes de Christian Aid.

Se parecen a una pareja musulmana que se convirtió al cristianismo cuando un ministerio autóctono les proporcionó fondos para una operación que el marido necesitaba luego de haber sido atropellado por un automóvil. "No olvidaremos lo que hizo por nosotros, estamos en deuda con usted por el resto de nuestras vidas", dijo la esposa al líder del ministerio. Él le dijo que no le debían nada, pero que dieran gracias a Jesús, que los vio en su angustia, y los ama.

Se parecen a una pareja que huyó a Turquía con sus dos hijas. Un misionero autóctono asistido por Christian Aid los visitó y sólo vio en la casa una alfombra en la que dormían los niños. Ellos habían dejado Siria sin ninguna posesión. El misionero regresó con camas y alimentos. Conmovida por ese acto de amabilidad, la madre leyó a sus hijos todos los días el Nuevo Testamento que el misionero les había dejado. Ellos aceptaron a Cristo durante una de las visitas regulares de seguimiento del misionero.

También se parecen ocho personas más de Turquía que un misionero bautizo el mes pasado.

Otros cientos de luces brillan cuando los misioneros autóctonos se dedican a una vida a la vez y liberan "de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que están de asiento en tinieblas.” Isaías 42:7 (RV)

Vuestras oraciones y ofrendas son fundamentales para el trabajo de los creyentes nativos ministrando a los a los refugiados perdidos y que sufren. Estas son las cuatro principales peticiones de oración:

  • Oren por gracia, guía, y resistencia para los misioneros nativos que trabajan compartiendo el amor de Cristo con los refugiados sirios.
  • Oren para que muchos refugiados oigan el Evangelio y encuentren esperanza en Cristo Jesús.
  • Oren para que las necesidades espirituales puedan ser satisfechas (Nuevo Testamento árabe: US$ 2 c/u, Biblias para niños: US$ 4 c/u).
  • Oren para que las necesidades físicas pueden ser satisfechas (comida para una familia durante una semana: US$ 15).
  • Oren para que se puedan cubrir las necesidades materiales (colchones: US$ 20 c/u, estufas ante la proximidad del invierno: US$ 25 c/u).
Email this page Print this page
SC: WEBCAMSP