Noticias e Historias de las Misiones

Sanna – Una madre siria comparte su historia

19 de septiembre de 2013

Diez minutos.

La familia de Sanna huyó de Siria en marzo y encontró refugio en Beirut, Líbano, donde viven en un sótano sin muebles, sin electricidad ni agua corriente. Ellos esperan algún día poder regresar a su patria.

Ese fue el tiempo que Sanna y su marido tuvieron para recoger a sus ocho hijos y salir de la casa.

No empacaron una maleta, ni tampoco tomaron algunas preciadas fotografías de la familia. Simplemente corrieron tan lejos y tan rápido por la calle como pudieron.

La familia de Sanna se había convertido recientemente al cristianismo, y los residentes de su aldea cerca de Aleppo estaban indignados. La noticia llegó a los rebeldes militantes de la zona. Las amenazas de represalias por haber abandonado sus raíces islámicas crecieron más amenazadoras.

Muchas veces habían pensado huir, como lo habían hecho otros amigos cristianos, pero tal medida era difícil con su gran familia. Sin darse cuenta de un ataque planeado, habrían muerto si no hubiera sido por la compasión de una de sus vecinas musulmanas, quien llamó a la puerta, justo en el último momento, ese día terrible de marzo.

"Váyanse ahora. Vienen por ustedes", advirtió la mujer.

Momentos después la advertencia resultó ser cierta cuando una turba de hombres que gritaban enojados irrumpió en la calle. Para entonces Sanna, su marido, sus cinco niños y tres niñas estaban a una distancia segura. Más tarde supieron que el grupo rebelde quemó su casa hasta los cimientos. El automóvil, demasiado pequeño para que su familia escapara rápido, también fue destruido.

Sanna y su familia siguieron caminando hasta que finalmente cruzaron la frontera con el Líbano. "Fuimos hasta Beirut a dedo de ciudad en ciudad con extraños", dijo.

Había sido un largo camino desde su casa, pero tal vez aquí podrían encontrar trabajo y un lugar tranquilo para que los niños de 1, 2, 5, 10, 13, 16, 18 y 20 años pudieran dormir.

Ellos pudieron ocupar una habitación en un sótano, sin muebles, sin cocina y sin baño. No había agua corriente ni electricidad. Sin embargo, al menos tenían un techo seguro sobre sus cabezas y se sentían seguros.

Nada ha cambiado desde su llegada seis meses atrás. Sanna aún no cuenta con un medio para cocinar o refrigerar los alimentos, por lo que la familia tiene que comprar los suministros cada día. Sobreviven a base de pan y queso jibneh.

Pero están sobreviviendo, a duras penas.

Encontrar un trabajo en el Líbano y pagar los US$ 150 al mes para el alquiler ha sido un reto para el esposo de Sanna. Nadie lo contrata, por lo que trabaja en lo que puede. Algunos empleadores le han prometido salarios, pero solo le pagan después que completa el trabajo.

"Mi marido era un trabajador de la construcción. En Siria teníamos una casa y un automóvil. Cada uno de nuestros hijos tenía su propia cama", dijo. "Vivíamos una buena vida y tenía suficiente dinero para nuestros gastos."

Ellos extrañan sus cómodas camas. Antes de que una iglesia evangélica local les proporcionara dos colchonetas, todos dormían en el piso de concreto del sótano. Todavía no tienen frazadas o almohadas.

Las únicas posesiones materiales que llevaron con ellos cuando huyeron de Siria fueron las ropas que llevaban puestas. Durante meses no tuvieron ni siquiera una muda de ropa. Los niños se quitaban la ropa de noche, para que Sanna pudiera lavarlas y dejar que se secaran durante la noche. Todos ellos se bañan con un balde de agua.

A veces, uno de los hijos más jóvenes pregunta donde están su casa y su automóvil. Sanna no encuentra sentido a su propia desgracia. ¿Cómo puede explicar a sus pequeños la locura que ha destruido a su país?

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Ministerios locales distribuyen paquetes de alimentos a las familias de refugiados.

Sanna dice cuando sus hijos lloran, los vecinos les gritan para que se callen. Ella tampoco puede contener las lágrimas. Se queda en casa todos los días porque tiene miedo de salir a la calle. Incluso en Beirut, caminar por las calles es abrumador y sólo sale cuando es necesario.

Sin fondos para comprar medicamentos para su presión arterial alta, le preocupa que el sufrimiento de sus circunstancias, literalmente, la va a matar.

Como madre, la mayor fuente de angustia de Sanna es no poder cuidar adecuadamente a sus hijos. Ella no tiene dinero para comprar pañales para su bebé, por lo que utiliza bolsas de plástico. Sus hijos se están enfermando y ella está dispuesta a mendigar para que sus hijos puedan tener los medicamentos que necesitan.

Sanna está cerca del punto de ruptura y quiere ir a casa. "Prefiero volver a Siria y vivir sin seguridad en medio de ataques con bombas que seguir viviendo en pobreza en el Líbano", dijo.

Un ministerio asistido por Christian Aid está ayudando a la familia de Sanna. El líder fue instrumental para traerlos al Líbano a través de la frontera y conectarlos con una iglesia local.

Aunque sus necesidades materiales son abrumadoras, las heridas emocionales profundas son lo que más los afectan, especialmente a los niños. Los miembros de la iglesia se reúnen con la familia para orar y leer la Biblia. Ellos aconsejan y animan a los niños. A veces lo único que pueden hacer es limpiar las lágrimas.

Por favor oren por Sanna y su familia, ya que, al igual que cientos de miles de refugiados en el Líbano, enfrentan una dura batalla para sobrevivir. Oremos también por sabiduría y fuerza para los misioneros que están haciendo todo lo posible para aliviar el sufrimiento y compartir el amor de Jesucristo.

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