Noticias e Historias de las Misiones

Ministrando en las minas de sal de Sri Lanka

25 de septiembre de 2013

Obreros cosechan cristales de sal de los charcos de agua de la laguna en una instalación salina en Sri Lanka.

El sudor brillaba en la frente de Vithiya mientras arrastraba el rastrillo en el agua poco profunda de la laguna de sal. Emergiendo de la salmuera de color rosado-marrón se veía una capa de cristales blancos. Vithiya depositó los cristales en un montículo al lado de ella, luego deslizó la pieza plana de madera unida a la parte inferior del rastrillo en el estanque para recoger más.

A su alrededor había docenas de personas, muchas de ellas mujeres, trabajando en el calor abrasador de Sri Lanka para la cosecha de sal de la laguna. Una mujer transfirió un montículo de sal a una tina. Otro trabajador, haciendo equilibrio con tina llena de sal sobre su cabeza, llevó la carga a un depósito.

Para Vithiya y otras cosechadoras como ella, " trabajar en las minas de sal" es más que una figura del lenguaje. Es una forma de vida. En este caso, las "minas" son una serie de piscinas de agua salada creadas cuando se bombea el agua de la laguna y se deja evaporar en el sol durante un mes. Los cristales de sal se forman bajo el agua y son recogidos y procesados para la venta.

Vithiya comienza su jornada de trabajo a las 5 am. A esa hora del día no hace tanto calor, pero el trabajo es igualmente agotador. Ella es una trabajadora temporal, que trabaja en la salina cuando se necesitan recolectores adicionales. Si trabaja una semana completa, su salario es 3,000-5,000 rupias, unos 40 dólares.

Esta madre de siete hijos hace lo que puede para mantener a su familia. Su marido es alcohólico y físicamente abusivo. Como no tiene trabajo, a veces acosa a Vithiya para que le de dinero.

Cuando era niña, Vithiya no tuvo la oportunidad de ir a la escuela. Su familia pertenecía a una comunidad gitana que viajaba frecuentemente. Sin educación, ella tenía poca esperanza de obtener un trabajo estable.

Ahora, a los 42 años, Vithiya está cumpliendo su sueño de aprender a leer y escribir, a través del programa de alfabetización para mujeres de un ministerio apoyado por Christian Aid. El curso se imparte por las tardes para que las mujeres puedan trabajar durante el día e ir a clase por la noche.

"Eso demuestra lo determinadas que son estas mujeres", dijo Sarla Mahara, la directora de la división de Asia Meridional de Christian Aid. "Después de trabajar 10 o 12 horas al día, ellas vienen a clase y estudian. Realmente quieren aprender".

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Actualmente hay treinta mujeres inscritas en el programa de alfabetización del Ministerio.

El objetivo del programa, sin embargo, va más allá de la alfabetización. A diferencia de un plan de estudios tradicional, este curso incluye el uso de pasajes de la Biblia y otra literatura cristiana como materiales de instrucción. Para mujeres como Vithiya, esta puede ser la primera vez que han oído y leído el mensaje del amor de Dios.

A medida que leía, Vithiya llegó a entender su necesidad de un Salvador. Después de recibir a Cristo, dejó su práctica de adivinación y robo, comenzó a ir a una iglesia que había sido fundada en la zona, e incluso convenció a su esposo para que asistiera con ella un par de veces.

Entusiasmada con su nueva vida en Cristo, Vithiya compartió su testimonio con otras lectoras de palmas y mujeres analfabetas de su pueblo. Ellas también entregaron sus corazones al Señor.

Recientemente Vithiya dejó su trabajo agotador en la salina y encontró trabajo en un negocio de lavandería. Esa posición también tiene horarios irregulares.

Mientras tanto sigue tomando clases de alfabetización y aprende todo lo que puede. Ya se siente más segura. Los dueños sin escrúpulos de las fábricas a veces se aprovechan de los trabajadores analfabetos. Ahora Vithiya es capaz de contar su salario al final del día y puede asegurarse de que no la ha defraudado. También puede marcar números de teléfono y en ocasiones ayuda a sus hijos más pequeños con sus tareas escolares.

"Este ministerio da a las mujeres una esperanza que el dinero no les puede dar", dijo Mahara. "Les da dignidad, y las clases les proporcionan herramientas para hacer su vida más significativa. Lo más importante es que oyen el evangelio”.

Actualmente treinta mujeres están inscritas en el programa de alfabetización, que se ofrece en una iglesia de la comunidad. Al ministerio le gustaría tener su propio centro educativo y espacio disponible para hospedar a las estudiantes. Ellos ya compraron un terreno, pero la construcción de un edificio les costará entre US$ 10,000 y US$ 20,000.

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El plan de estudios incluye materiales cristianos de lectura.

Además del programa de alfabetización para las mujeres, el Ministerio de Sri Lanka opera dos hogares para niños. Los patrocinadores de Christian Aid proveyeron fondos para un nuevo hogar para niñas. Ellas asisten a una escuela local donde reciben una educación cristiana. Cuatro años atrás se creó un hogar para varones para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vestimenta y vivienda, así como sus necesidades emocionales y espirituales.

Tres de las hijas de Vithiya ahora viven en el hogar para niñas, y su único hijo recibe atención en el hogar para niños.

Otro aspecto de la obra del ministerio es promover la alfabetización de los niños. Los niños de la calle y aquellos cuyas familias viven en barrios marginales de la ciudad a menudo no reciben una buena educación. El ministerio asegura que estos niños y niñas no caigan en el olvido, ofreciéndoles clases en un centro de alfabetización en Colombo. Además de las oportunidades de aprendizaje, se les brinda un almuerzo, tal vez la única que recibirán ese día.

Fundado hace más de 50 años, el ministerio comenzó como una librería de libros cristianos y una editorial de literatura cristiana. Desde entonces ha ampliado su labor misionera llegando a los más pobres de los pobres de Sri Lanka, brindando ayuda práctica y el amor de Cristo a cientos de familias que sufren.

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