Noticias e Historias de las Misiones

Rescatando a los Rohingya

17 de octubre de 2013

No pudiendo obtener la residencia oficial en Birmania o Bangladesh, muchos rohingya viven en condiciones precarias con pocas esperanzas de escapar de la pobreza crónica.

Son un pueblo sin país. Según las Naciones Unidas, una de las minorías más perseguidas del planeta.

A pesar de que llegaron a Bangladesh hace dos siglos, el gobierno birmano les niega la ciudadanía. Para los habitantes de Bangladesh ellos son una plaga indeseada de Birmania.

Aun son despreciados por los intocables de la India.

Ellos son musulmanes, pero los musulmanes tradicionales no los aceptan.

Nos referimos a los rohingyas, un grupo étnico de dos o tres millones de personas disperso en varios países del Sur de Asia.

Mujeres reunidas para la oración

Algunos historiadores creen que los rohingya son descendientes de comerciantes árabes que naufragaron en las costas de Birmania en el siglo octavo. Su lenguaje, sin embargo, es un dialecto bengalí relacionado con los pueblos indoarios de Bangladesh y la India. Sea cual sea su origen, los rohingyans enfrentan una enorme crisis de identidad.

La mayor concentración de rohingyans (entre 800,000 y 1 millón de personas) vive en Birmania, y ha enfrentado la persecución del gobierno desde hace más de tres décadas.

La población budista mayoritaria de Birmania ve a los rohingya como inmigrantes ilegales musulmanes de Bangladesh que no califican para la ciudadanía. Al gobierno no le importa que los rohingya hayan vivido en Birmania durante generaciones.

Las leyes en contra de ellos son muy duras y altamente discriminatorias, en particular:

  • un rohingya no puede ser un ciudadano de Birmania
  • un rohingya necesita permiso para casarse
  • un rohingya necesita permiso para tener más de dos hijos
  • un rohingya debe informar a las autoridades si quieren viajar fuera de sus pueblos (incluso en casos de emergencias médicas)

Sin la esperanza de una vida digna, desde 1978 más de 300,000 rohingyans marginados han cruzado la frontera hacia Bangladesh. Escapan de la opresión del gobierno birmano sólo para ser objeto de burla en Bangladesh.

Amando a los no amados

Una red de pesca para una familia Rohingya

"No tienen comida, ni trabajo, ni tierra, ni ayuda", dijo el portavoz de un ministerio cristiano apoyado por Christian Aid en Bangladesh que trabaja con los rohingya y otros grupos tribales no alcanzados.

“Debido a que son una minoría étnica y no están registrados con el gobierno de Bangladesh, los rohingya están atrapados en una doble trampa", dijo. "Los militares birmanos no les permitirán entrar en su propia patria, y en Bangladesh no tienen identidad".

Menos del 10 por ciento de los exiliados rohingya están registrados oficialmente. Algunos viven en campos de refugiados como el de Kutupalong en el sureste de Bangladesh. Miles más acuden al campo del gobierno, pero son rechazados por falta de estatus legal. Los rohingya que no tienen acceso a Kutupalong han establecido su propio campamento, un barrio marginal que el líder del ministerio dice que carece de letrinas, agua potable, y esperanza.

Con escasa educación y habilidades laborales, los rohingya suelen encontrar empleo como conductores de rickshaws o trabajan en la industria pesquera. Este verano los contribuyentes de Christian Aid hicieron posible que el ministerio proporcionara redes de pesca para nueve familias necesitadas.

En un informe reciente, el líder del ministerio describió el impacto de las redes para las familias: "Ellos están muy felices porque antes no tenían sus propias redes. Debían compartir el 50 por ciento de su pesca con los propietarios que les prestaban sus redes. Así que les era muy difícil sostener a sus familias. Ahora por la gracia de Dios podrán proveer para ellas”.

Los rohingya son musulmanes nominales que no encajan con las ramas sunitas o shiítas del Islam. El ministerio de Bangladesh, que se concentra en la evangelización y la fundación de iglesias tribales, está doblando la película “Jesús” en la lengua rohingya. Sus misioneros también están traduciendo y publicando historias de la Biblia para los rohingya.

Uno de los misioneros es un rohingya que creció en Birmania y se crio en la fe musulmana. Él estaba acostumbrado a la animosidad de los budistas, pero sintió un fuerte rechazo de sus vecinos musulmanes cuando en 2005 él y su familia recibieron a Cristo.

"La gente no quiere ver nuestras caras porque piensan que somos impíos. Si vieran nuestras caras, entonces tendrían que bañarse de nuevo", dijo. “Obligaron a los maestros a prohibir que nuestros hijos fueran a la escuela, pero el Señor proveyó una escuela cristiana para ellos".

Cinco años más tarde, sintió que Dios lo llevó a dejar Birmania con el fin de servir a su pueblo que sufre en Bangladesh. También viaja periódicamente a la India para servir a rohingyans que viven en el campamento de refugiados Bhikashpuri establecido por el gobierno en Nueva Delhi.

Sus esfuerzos están dando frutos porque muchos rohingya musulmanes están escuchando las buenas nuevas del Príncipe de la Paz por primera vez. En una aldea 15 hombres rohingya se reúnen en secreto para escucharlo hablar acerca de Jesús. En otra aldea hay una pequeña nueva comunidad y los creyentes han pedido ser bautizados.

Christian Aid también ayuda a un ministerio que trabaja entre los rohingya y otros grupos tribales en el estado de Rakhine, en Myanmar, donde las tensiones entre budistas y musulmanes rohingya han dado lugar a enfrentamientos violentos en los últimos dos años.

Christian Aid apoya a misioneros que ministran a los rohingya en Bangladesh, India y Birmania.

Los años de hostilidades latentes desbordaron en mayo de 2012, cuando una mujer de Rakhine fue brutalmente violada y asesinada presuntamente por tres hombres rohingya musulmanes. Diez musulmanes fueron asesinados en respuesta, lo que provocó disturbios masivos y el despliegue de las tropas del gobierno para aplastar el levantamiento.

El ejército birmano fue acusado de atacar a rohingyans durante la represión a causa de sus presuntas conexiones con grupos islámicos radicales.

Como resultado del caos, unos 90,000 musulmanes y budistas fueron desplazados y más de 2,500 viviendas fueron quemadas. Hubo más de 80 muertos.

La lucha se reanudó en octubre, provocando el desplazamiento de 22,000 personas cuyos hogares fueron destruidos. Otras 80 personas perdieron la vida.

Tras los disturbios de 2012, el ministerio birmano trató de compartir el evangelio con los musulmanes y los budistas de la zona. También ayudaron a los aldeanos cristianos y familias misioneras atrapados en medio del conflicto.

Además de los 800,000 rohingyas que viven en Birmania, 300,000 se encuentran en Bangladesh, 200,000 en Pakistán y 100,000 en Tailandia.

"Por favor sigan orando por los rohingya, para que podamos predicar el evangelio y ganar este grupo étnico para el Señor", dijo el líder del ministerio en Bangladesh. “Oren también para que podamos estar al lado de ellos para proveer para sus necesidades físicas, especialmente alimentos, viviendas, pozos de agua, letrinas, asistencia médica y educación para sus hijos".

“No tenemos miedo de predicar la verdad, y no hay verdad, excepto el Señor Jesús", dijo.

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