Noticias e Historias de las Misiones

Proclamando al Príncipe de Paz en Honduras

7 de noviembre de 2013

Un pandillero herido es detenido por agentes de policía en Tegucigalpa, Honduras. Más de 4,700 miembros de las pandillas son jóvenes o niños.

Se la conoce como la capital de los homicidios del mundo. Tiroteos en las calles. Secuestros. Un promedio de 20 muertes violentas en un día.

No nos referimos a la zona de guerra de Siria, a la brutalidad entre los carteles rivales de la droga en México, o al derramamiento de sangre en los centros urbanos de los Estados Unidos.

No, este nombre vergonzoso pertenece al pequeño país centroamericano de Honduras, donde la violencia de las pandillas, el narcotráfico y la extorsión han afectado la estructura misma de la sociedad.

Según el "Estudio Global sobre Homicidios" de las Naciones Unidas, en el año 2011 Honduras tuvo la tasa de homicidios más alta de cualquier país, 91.6 homicidios por cada 100,000 habitantes. Durante más de una década, Honduras ha sido clasificada como uno de los lugares más peligrosos del mundo para vivir.

La guerra entre pandillas ha afectado particularmente las almas de los adultos jóvenes de la nación. De 36,000 hondureños que pertenecen a bandas, más de 4,700 miembros son jóvenes o niños. Algunos tienen solo 9 o 10 años de edad.

La pobreza extrema y las familias fracturadas son algunas de las razones por las que los niños se unen a las pandillas. Sin nadie que los tome bajo sus alas, se convierten en un blanco fácil para los reclutadores, quienes los atraen con promesas de dinero rápido y "una vida mejor".

El contraataque

Los líderes de Misión Príncipe de Paz de Honduras (Prince of Peace Mission of Honduras - PPMH) creen que la mejor estrategia para hacer frente a los problemas profundamente arraigados de su nación es empezar con el fundamento de la Palabra de Dios y una vida transformada por medio de Jesucristo.

El Ministerio envía más de 220 misioneros a todos los rincones del país, desde las aldeas montañosas remotas a los centros urbanos bulliciosos. A través de sus esfuerzos evangelisticos, hoy hay más de 13,000 creyentes en comunión con PPMH, y ese número sigue aumentando. Los creyentes se reúnen en más de 220 congregaciones locales y 75 puestos misioneros.

Además de fundar iglesias, PPMH conduce entrenamientos de liderazgo y discipulado, equipando a los creyentes para que sean evangelistas y pastores en sus propias comunidades. Estos líderes cristianos, muchos de los cuales son hombres jóvenes, desempeñan un papel crucial, ya que son un modelo para los niños y adolescentes sobre lo que significa seguir a Jesús y ser un amante esposo y padre.

Misión Príncipe de Paz de Honduras conduce talleres de capacitación bíblica y prepara líderes cristianos para que sirvan como pastores y misioneros. Los misioneros de PPMH han llevado a ex pandilleros a Cristo.

Elvin es un joven de 20 años de edad que en su adolescencia estuvo inmerso en la vida de las pandillas y el abuso de drogas. Un misionero de PPMH compartió el mensaje del amor incondicional de Cristo con él. Siempre se había enorgullecido de ser fuerte y autosuficiente, pero Elvin se dio cuenta de que no podía liberarse de sus adicciones solo. Necesitaba un Salvador para ayudarle a limpiar y redirigir su vida.

“Él recibió a Jesús, y el Señor transformó su vida", explica el misionero. “Elvin está deseoso de aprender más acerca de Jesús y está asistiendo a todas las reuniones de la congregación”.

En otra área donde la violencia de las pandillas está muy extendida, un obrero de PPMH se reunió con los pastores locales para organizar cruzadas evangelísticas, ayuno en grupo, y vigilias de oración por la restauración de la paz en sus comunidades. Quince personas recibieron a Cristo recientemente y están siendo discipuladas. Después de tomar un curso de la Biblia, ocho personas decidieron ser bautizadas.

El misionero se sintió especialmente alentado por el testimonio de un joven que había estado involucrado con pandillas y era considerado un delincuente juvenil en la ciudad. Él recibió a Cristo, y ahora este nuevo creyente comparte su historia con otros jóvenes con la esperanza de que opten por el Príncipe de la Paz.

Enfrentando los desafíos

Siendo uno de los países más pobres del hemisferio occidental, Honduras enfrenta una multitud de problemas que no se pueden remediar fácilmente. La mayoría de la población vive por debajo del nivel de pobreza. La devastación masiva causada por el huracán Mitch en 1998 sólo se sumó a los problemas económicos de la nación.

Los niños y adolescentes son el segmento más vulnerable de la población. Algunos quedan al cuidado de los abuelos o hermanos mayores para que sus padres puedan buscar empleo en los países vecinos. Otros se convierten en niños de la calle que se valen por sí mismos pidiendo comida o robando lo que necesitan para sobrevivir. Ellos son presa fácil para el reclutamiento en las pandillas juveniles.

"Algunos de estos niños no tienen a dónde ir, por lo que la pandilla se convierte en su familia", explicó Rosa Hart, directora de la División de América Latina de Christian Aid. "Ellos quieren ser parte de algo, pertenecer a algún lugar y, buena o mala, la banda es su familia".

En otros casos, los jóvenes son forzados a unirse a una pandilla. El reclutamiento no se limita a las calles. Lamentablemente, las escuelas son uno de los lugares donde las pandillas utilizan el acoso y la intimidación para asustar a los alumnos para que se unan a las pandillas. No es raro que los miembros de la banda amenacen a los miembros de la familia de un joven si él o ella no cumplen sus deseos.

Hart dijo que la clave para apartar a los niños de las pandillas se encuentra en Proverbios 22:06 - "Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él...” Por eso PPMH ve valor sembrar la semilla de la Palabra de Dios en los corazones de los jóvenes a una edad temprana, lo que influirá en sus decisiones y acciones cuando sean mayores.

"Es importante que no sólo se les enseñe la Biblia, sino que aprendan cómo Dios obra en sus vidas, en sus propias situaciones personales", dijo. "Cuando se enfrenten a tentaciones, recordarán lo que han aprendido y encontrarán el coraje para tomar las decisiones correctas. Es crucial que Misión Príncipe de Paz llegue a la próxima generación, ya que ésta es el futuro de su país”.

Christian Aid ha enviado ayuda financiera para varios programas para niños de PPMH, incluyendo comidas calientes y paquetes de alimentos para los niños necesitados, Biblias, y útiles escolares. A través de estos regalos sencillos, los niños y niñas reciben ayuda para sus necesidades materiales. Aún más importante, experimentan el amor de Jesús y saben que son preciosos hijos de su Padre celestial.

El ministerio ha fundado más de 220 templos y pequeñas congregaciones en todo el país.

Aunque el ministerio enfrenta muchos retos sociales, PPMH está viendo una cosecha constante para el evangelio, ya que trabaja en comunidades de toda la nación. Se necesitan más misioneros, y el ministerio está emocionado por el éxito de su instituto bíblico, llamado " El Shaddai", donde 600 estudiantes reciben formación como líderes de la iglesia y misioneros. Se ofrecen dos programas primarios de estudios, un diploma de tres años y una licenciatura de cinco años. Los patrocinadores de Christian Aid han ayudado a pagar los gastos de algunos de los estudiantes que no pueden costear sus estudios.

Gracias a los esfuerzos inspirados de PPMH, niños y adultos están entregando sus vidas al Señor y crecen en su fe. Ore para que los misioneros sigan impactando vidas para la eternidad y que una persona a la vez, un pueblo a la vez, escuche y responda a las buenas nuevas de la paz verdadera que sólo se puede encontrar en Cristo.

Oremos:

  • Por los jóvenes que enfrentan la tentación de abandonar la escuela para unirse a pandillas, y usar alcohol y drogas. Oren para que tengan el amor y el apoyo que necesitan para tomar decisiones sabias.
  • Por la seguridad de los misioneros de PPMH y otros grupos evangelísticos mientras viajan en áreas donde las pandillas están activas.
  • Para que los hondureños acudan a Cristo en medio de sus sufrimientos, incluyendo el alto desempleo, el SIDA, la corrupción gubernamental y el crimen generalizado.
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