Noticias e Historias de las Misiones

Ya llega la ayuda para las víctimas del tifón Haiyan

21 de noviembre de 2013

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Christian Aid está trabajando con ministerios de Tacloban y sus alrededores para llevar consuelo a los sobrevivientes traumatizados del tifón Haiyan.

Los ministerios en Filipinas están distribuyendo ayuda de emergencia a los sobrevivientes del tifón, aun cuando ellos mismos sufrieron pérdidas personales que trastornaron sus vidas.

El tifón Haiyan, la tormenta más poderosa que haya tocado tierra en 30 años, no tuvo piedad. En las islas de Leyte y Samar arrasó todo a su paso. Varios grupos de misioneros que reciben asistencia financiera de Christian Aid informaron acerca de daños significativos en propiedades y, más trágicamente, de la pérdida irreparable de familiares y amigos.

En su respuesta inicial a la crisis, un ministerio envió equipos a la isla Bohol para asistir a las familias cristianas afectadas por el tifón. Algunos de los elementos entregados a los miembros de la iglesia local, que perdieron sus casas y pertenencias en el diluvio fueron: alimentos enlatados, fideos y arroz, ropa usada y artículos de higiene.

La ciudad de Tacloban, que fue seriamente dañada, será el foco central de la segunda fase de sus esfuerzos de ayuda, dijo el portavoz del ministerio. A medida que los caminos son liberados de escombros, los misioneros pueden acceder a barrios que estuvieron aislados del mundo exterior durante casi una semana, después de que los fuertes vientos y las olas del tsunami asolaran la costa. En muchas áreas la electricidad y el servicio telefónico están interrumpidos, haciendo que las comunicaciones sean difíciles.

La mayor parte de los ministerios de la zona se han puesto en contacto con Christian Aid asegurando que sobrevivieron lo peor de la tormenta. Sus informes transmiten una mezcla de angustia por la devastación y agradecimiento por la presencia y provisión de Dios. Lo qué los ha bendecido mucho, dicen, es las fieles oraciones de los creyentes de todo el mundo que los sostuvieron durante estos tiempos difíciles.

"Después de toda la confusión, es muy inspirador y alentador saber que se ora por nosotros", comentó el líder de un ministerio en un reciente correo electrónico. “Después de la guerra civil en Zamboanga del mes pasado, seguida unas semanas más tarde por el mortal terremoto, y ahora el tifón Haiyan, lo que nos hace fuertes es la gracia de Dios y el amor. Vuestras oraciones nos inspiran para seguir adelante y perseverar en nuestra fe".

Muchos edificios de iglesias no se libraron de la ira de la tormenta. Las iglesias del ministerio Nueva Vida experimentaron daños sustanciales en sus estructuras, y en algunos lugares, el edificio completo se derrumbó.

4 millones de personas fueron desplazadas por la tormenta.

Un miembro de la Iglesia Nueva Vida en San José perdió a su hijo de 4 años de edad, quien se ahogó en las inundaciones. La mayor parte de los miembros de la congregación perdieron sus hogares. Entre las perdidas en el este de Samar se cuentan un pastor y su esposa.

En la ciudad de Ormoc, a unos 65 kilómetros al oeste de Tacloban, 86 familias de una iglesia perdieron sus hogares. La casa del pastor y el edificio de la iglesia también fueron destruidos.

"Estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para reunir todo lo que podamos para enviarles ayuda, pero la necesidad es tan grande", expresó el director de otro ministerio. "Pero creo que Dios está en control, y Su Palabra llevará consuelo en medio de esta tragedia”.

El 8 de noviembre la tormenta de categoría 5 arrasó el centro de Filipinas, dejando un rastro de destrucción masiva a su paso y acabando con comunidades costeras enteras.

La cuenta oficial de mortalidad del tifón Haiyan se ha elevado a casi 4,000. De acuerdo al Consejo Nacional de Filipinas de Desastres y Reducción de Riesgos, otros 1,600 han desaparecido y hubo más de 18,000 heridos.

Las Naciones Unidas estiman que 4 millones de personas fueron desplazadas. La semana pasada la ayuda internacional comenzó a llegar al centro de Filipinas creando centros médicos improvisados y distribuyendo agua y comida a los desesperados sobrevivientes que no habían comido en días.

Cristianos reunidos en un círculo de oración.

El país enfrenta un largo período de recuperación, pero ya hay nuevos signos de esperanza en las calles. Se están construyendo refugios temporales. Los trabajadores humanitarios están ayudando a remover las líneas de alta tensión caídas y los montones de escombros de las carreteras. Y las autoridades prometen dar prioridad a la reconstrucción de la infraestructura destruida de la región.

Las heridas emocionales profundas, sin embargo, tardarán mucho más en sanar. Mientras que por ahora lo más importante es salvar vidas, Christian Aid tiene planes a largo plazo para ayudar a que los ministerios de Filipinas lleguen a su pueblo con la buena noticia de la vida eterna a través de Jesucristo.

“El tifón fue trágico, pero creo que Dios puede un traer un gran bien de él, y sólo el evangelio es el gran bien", dijo Stephen Van Valkenburg, quien se desempeña como director de la Division del Sudeste de Asia de Christian Aid.

"Mientras tanto, los fondos que estamos enviando están satisfaciendo las necesidades. Muchas iglesias y casas deben ser reconstruidas. La gente necesita comida, agua y atención médica. La compasión de Cristo debe ser abundante", dijo.

En medio de la mayor crisis de sus vidas, oramos para que los creyentes filipinos puedan encontrar consuelo en las palabras del profeta Nahúm: "Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían". (Nahúm 1:7).

Pedidos de oración:

  • Por ayuda para las necesidades físicas: comida, mantas, vivienda y atención médica para los más necesitados.
  • Por consuelo para las personas que perdieron a sus familiares y amigos en el tifón.
  • Por sabiduría para los líderes del ministerio en su intento de satisfacer las necesidades espirituales y determinar los pasos a seguir para reconstruir oficinas, iglesias y casas destruidas.
  • Que la gloria de Dios será revelada, y el evangelio de Jesucristo sea claramente comunicado a los habitantes en Leyte y Samar, y en todas las regiones de Filipinas.
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