Noticias e Historias de las Misiones

"Porque de los tales es el reino de los cielos"

24 de febrero de 2014

Los niños asháninkas acusados de brujería enfrentan castigos que pueden incluir palizas, privación del sueño, y la expulsión de su pueblo.

Onelia, una niña de 13 años, fue acusada de un hecho terrible que ella sabía que no había cometido. La mujer chamán de su aldea tribal ashaninka dijo que la niña era una bruja.

Nadie creía a Onelia. Aun sus padres la miraban con sospecha. Aun si creyeran en ella, la familia no tenía poder para intervenir. Lo qué la mujer chamán decía era ley.

La pesadilla comenzó cuando un hombre mayor que padecía una dolencia estomacal dolorosa buscó la ayuda de los chamanes. Él quería saber por qué estaba enfermo.

La mujer chamán le dijo que había tenido un sueño, y ese sueño le había revelado que una niña llamada Onelia había puesto un hechizo sobre su cuerpo.

El ministerio tiene un programa de alimentación en dos pueblos asháninka.

Todo el mundo estaba enojado con Onelia. Sus padres exigieron saber por qué le infligiría esa enfermedad a un anciano. Aterrorizada, la niña fue llevada frente a los líderes de la aldea y declarada culpable de haber cometido un acto de brujería.

"Toma a la niña y libérala de los demonios", ordenó el jefe de la aldea a la mujer chamán. La madre de Onelia lloró mientras se llevaban a su hija.

Durante dos semanas, la mujer chamán mantuvo a Onelia prisionera en su casa. Ella castigaba a la niña colocando ajo molido en sus ojos. Como parte del ritual, molía pimienta caliente en las manos de la niña. A Onelia no se le permitía dormir para que no viera demonios en sus sueños.

Condenada sin piedad

Un ministerio autóctono que trabaja con los ashaninka se enteró de la situación peligrosa de Onelia. Sus padres asistían a la pequeña iglesia iniciada por uno de sus misioneros. Onelia estaba en la clase de niños de la escuela dominical.

Como no tenían autoridad legal dentro de los pueblos tribales, los misioneros no podían simplemente quitarle la niña a la mujer chamán. Tan lejos en la selva no hay presencia policial. Lo único que podían hacer era orar.

"Mi compañero de misión y yo nos dedicamos a la oración y el ayuno, clamando a Dios por ella", dijo un misionero local. "Luego la mujer chamán tuvo otro sueño y le dijo a Onelia que ella ya no tenía demonios. La niña volvió a su casa, y ahora asiste a la iglesia otra vez. ¡Dios nos respondió!"

La terrible situación de Onelia no es la primera que el ministerio ha visto. En las profundidades de la cuenca del río Amazonas, en el centro de Perú, los pueblos asháninka, muy alejados de la civilización moderna, todavía practican ritos ceremoniales para apaciguar al mundo espiritual. Si de repente alguien se enferma o es herido en un extraño accidente, ellos suponen que un aldeano ha despertado a un espíritu maligno. La mayoría de las veces se culpa a un niño.

Cuando los miembros de un pueblo se enferman, por lo general van al chamán para que los cure. Según el director del ministerio, el chamán prepara un baño de vapor para el paciente, añadiendo hojas medicinales y piedras. Después de hervir estos elementos en una olla, él o ella bañan a la persona enferma en el vapor. Luego el chamán vierte el contenido de la olla en el suelo, y examina las hojas y otros objetos que caen de la olla. El chamán entonces nombra al niño o niña que usa el mismo tipo de objetos para lanzar el hechizo sobre el aldeano enfermo.

El chamán normalmente fuma tabaco o toma un medicamento alucinógeno llamado ayahuasca y tiene un sueño o visión, explicó el líder de otro ministerio. Al igual que en el caso de Onelia, el chamán "ve" al niño o la niña que supuestamente realizó la brujería en la persona. El chamán entonces acusa formalmente al niño y muchas veces los mismos padres castigan al niño. Luego el niño es llevado ante los líderes de la aldea.

"En muchos casos, los niños no niegan la acusación", dijo Rosa Contreras Hart, Directora de la División de América Latina de Christian Aid Mission. "Ellos dicen ‘Sí, lo hice’, porque lo que quieren es terminar de una vez”.

"Los niños no tienen a nadie que los defienda. Sus padres creen que lo que el chamán dice es verdad", agregó Contreras Hart.

Las autoridades de las aldeas entregan al niño a la custodia de los chamanes para que apliquen el castigo y los demonios sean expulsados. El chamán le pide al niño que muestre donde enterró las hojas u otros objetos que se utilizaron en el ritual de la brujería.

"El niño se ve obligado a cavar en la tierra seca hasta que la piel se despega de sus dedos", dijo el líder del ministerio. "En algunos casos, el niño desaparece porque ha sido asesinado".

Desde temprana edad a los niños se les enseña a excavar la tierra en busca de insectos para la alimentación.

La práctica de castigar a los niños ashaninka por supuestos actos de brujería se ha llevado a cabo por generaciones. Se ha sabido de padres que matan o torturan a sus propios hijos si el chamán se los ordena. Según informes de los dos ministerios cristianos, los niños han sido golpeados, quemados por fuego o agua hirviendo, o enterrados vivos.

Un niño de cuatro años de edad fue acusado de ser un brujo. Le pusieron pimientos picantes en sus ojos y se moría de hambre. Una familia de otra comunidad lo encontró y lo llevó a su casa. En otro incidente, el padrastro de un niño de cinco años de edad lo quemó con fuego cuando el muchacho fue acusado de causar enfermedad en su pueblo.

Tal vez debido en parte a la influencia de los misioneros, algunos de estos pueblos están eligiendo un medio diferente de castigo para los niños acusados de brujería. En lugar de palizas o torturas físicas, simplemente los expulsan de la comunidad.

Si esta solución es más humana es discutible, ya que estos niños esencialmente se convierten en huérfanos en la selva. Algunos se mudan a pueblos vecinos si una familia está dispuesta a recibirlos. De otros nunca se sabe más.

Almas de gran valor

El año pasado el ministerio fue capaz de llegar a varios niños asháninkas cuyas acusaciones fueron levantadas. Onelia es uno de esos niños. Ella está bien y asiste a clases de Biblia para niños que se ofrecen dos veces por semana. Sus padres también están estudiando la Biblia y crecer en su fe.

Los misioneros tratan de ayudar a los creyentes ashaninka a obtener una comprensión más profunda de lo que significa ser un seguidor de Jesucristo. Ponen especial énfasis en la formación bíblica de los maestros de escuela dominical y de otros líderes de la iglesia, para que estén preparados para discipular a sus propias congregaciones y conducir a sus vecinos al Salvador.

Cuando los ashaninka descubren el significado del sacrificio de Cristo en la cruz y su don de amor incondicional, ya no están esclavizados por el temor de los poderes de los espíritus. Su perspectiva sobre el valor de los niños también cambia.

Los líderes de la Iglesia en los pueblos reciben entrenamiento bíblico para que estén preparados para enseñar y discipular a sus propias congregaciones.

"Hemos visto un lento progreso en los pueblos, comenzando por aquellos que se han convertido en líderes de las iglesias", dijo el líder del ministerio. "Cuando reciben a Cristo, ellos ven que los niños son importantes. Todo su concepto sobre el valor de los niños cambia”.

Con una parte de los fondos proporcionados por Christian Aid Mission, el ministerio dirige dos centros de alimentación para niños asháninkas. La desnutrición es un problema crónico porque que el suministro de alimentos se limita a lo que los aldeanos pueden cazar o recolectar.

A una edad temprana, a los niños y a las niñas se les enseña a excavar la tierra por insectos o a recoger caracoles. Ellos atrapan peces de los ríos y usan de palos largos para recoger plátanos de las ramas altas. También ayudan a cazar monos y otros animales en las colinas boscosas.

Para fomentar una mayor participación de las mujeres en estas comunidades, el ministerio les pide que ayuden a preparar y servir las comidas en los centros de alimentación. En la aldea de Onelia un misionero está enseñando a las mujeres a coser y está compartiendo el evangelio con ellas.

El ministerio también ha abierto una escuela en un pueblo. El año pasado los contribuyentes de Christian Aid ayudaron a proporcionar fondos para comprar útiles escolares, ropa y zapatos para los niños.

Profundamente agradecida, una madre ashaninka dijo: "Gracias por pensar en mi hijo. Este es su primer par de sandalias. Ahora que tiene las sandalias, las hormigas que causan una fiebre de tres días no lo morderán”.

Es pequeños actos de bondad como estos lo que ayuda a construir la confianza en los ashaninka. Con una buena razón. En general, la tribu tiene miedo de los forasteros y las amenaza que pueden representar en la tierra de la que dependen para su supervivencia. Hace apenas unos años un creyente ashaninka trajo a un misionero a su pueblo para compartir el evangelio. ¡Pero primero tuvo que convencer a los aldeanos de que no le dispararan con sus arcos y flechas!

Aunque puede llevar décadas para que los Ashaninka abracen plenamente la libertad en Jesucristo, los corazones se están abriendo y muchas vidas están siendo cambiadas.

"Vamos a seguir orando y ayunando por la protección de los niños", dijo uno de los misioneros. “Oremos para que la enseñanza de la Palabra de Dios pueda efectivamente cambiar muchas vidas".

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