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Los Tártaros de Crimea: Atrapados en el Fuego Cruzado

31 de marzo de 2014

Los tártaros, un grupo étnico minoritario de Crimea, enfrentan un futuro incierto ahora que Rusia ha anexado la península. Rusia cedió Crimea a Ucrania en 1954.

¿Se repetirá la historia?

Ese es el temor de los tártaros, un grupo étnico turco que puede tener mucho que perder después de la anexión oficial rusa de Crimea la semana pasada.

La mayoría de los habitantes de Crimea son pro-rusos, como se refleja en el resultado del referéndum del 16 de marzo, en la que el 97 % de los que votaron votó para separarse de Ucrania y unirse a la Federación Rusa. Cinco días después, el presidente ruso, Vladimir Putin firmó la medida en ley.

Los tártaros, que representan apenas el 12 % de la población, se han sentido incómodos desde que Rusia intensificó su presencia militar en la península, alegando que estaba defendiendo a la población étnica rusa de Crimea. Las tensiones aumentaron aún más después de que el presidente pro-ruso de Ucrania fue expulsado del poder a principios de marzo, un movimiento apoyado por la mayoría de los tártaros, que están a favor de una alianza fuerte con Europa Occidental.

Diferentes en el patrimonio cultural, la religión y el lenguaje, lo último que los tártaros de Crimea desean es volver a vivir su historia enredada con Rusia. El miedo a la represión por parte del gobierno de Moscú ya ha provocado que cientos de tártaros huyan de la península y se reubiquen en el oeste de Ucrania.

Mientras tanto los cristianos, tanto de Ucrania como de Rusia, oran firmemente por la paz. Los líderes de los ministerios de Ucrania dicen que van a continuar sus esfuerzos para compartir el evangelio en Crimea mientras que la puerta de la oportunidad siga abierta para ellos.

Un patrón de conquista y persecución

Los tártaros son de ascendencia Turco-Mongol y consideran a Crimea su patria. Entre el siglo 15 y la mitad del siglo 18, el estado de Crimea Khanate fue una de las potencias más fuertes de Europa Oriental. Crimea se convirtió también en uno de los centros culturales de la civilización islámica en la región.

Después de que Rusia derrotó a los otomanos en la guerra ruso - turca de 1774, el Tratado de Kucuk Kaynarca estableció a Crimea como un estado independiente. Sin embargo, Catalina la Grande violó el tratado en 1783 anexando la península y convirtiéndola en territorio ruso. Cuando la colonización rusa se extendió a Crimea, muchos tártaros fueron asesinados o exiliados a Siberia. Como resultado de la guerra de Crimea y otros conflictos, las olas de tártaros que emigraron de su patria continuaron a lo largo del siglo 19.

Cuando el Imperio ruso se derrumbó durante la Revolución Bolchevique, los tártaros de Crimea que permanecieron declararon a Crimea una república democrática independiente. Sin embargo su soberanía duro poco cuando en 1921 la península se reorganizó como la República Socialista Soviética Autónoma de Crimea.

Un dibujo histórico muestra la cultura tártara.

Las políticas comunistas contribuyeron a la muerte por inanición de un estimado de 100,000 tártaros, mientras que decenas de miles de personas huyeron a Turquía o Rumania. Otros miles fueron deportados o murieron durante la colectivización a finales de 1920. A principios de 1930 otra escasez de alimentos creó más sufrimiento. Entre 1917 y 1933, aproximadamente la mitad de la población tártara de Crimea murió o fue obligada a abandonar su patria.

Otros grupos étnicos no rusos también fueron removidos de la zona como parte de la represión de las minorías de José Stalin. Como los no rusos fueron trasladados fuera de Crimea y el este de Ucrania, Stalin importó millones de rusos étnicos a la región.

En mayo de 1944, toda la población tártara que aún residía en Crimea, unas 200,000 personas, fue expulsada por la fuerza a Asia Central y los confines de Rusia. Tal acción drástica fue vista como el castigo colectivo de Stalin a los tártaros por supuestamente colaborar con los nazis contra los soviéticos, cuando Alemania ocupó Crimea durante la Segunda Guerra Mundial. Más del 40 % de los tártaros expulsados murió de desnutrición y enfermedades. Algunos fueron reubicados en Siberia para proporcionar mano de obra en los gulags.

Incluso después de que en 1967 un decreto de la Unión Soviética retiró los cargos contra los tártaros, el gobierno no permitió su reasentamiento en Crimea. Sólo después de la Perestroika, que comenzó a mediados de la década de 1980, los tártaros pudieron regresan gradualmente del exilio. Sus números aumentaron de 38,000 en 1989 a casi 300,000 una docena de años más tarde.

En 1954, cuando Nikita Khrushchev, un ucraniano nativo, se convirtió en el líder de la Unión Soviética, Crimea Oblast fue transferida de Rusia a Ucrania. Cuando en 1991Ucrania obtuvo la soberanía tras la desintegración de la Unión Soviética, una vez más Crimea se convirtió en un punto de contención. El año siguiente Crimea vetó los planes para la independencia y acordó seguir siendo una parte de Ucrania.

Según el censo de Ucrania de 2001, el 58 % de la población de Crimea está compuesta por rusos étnicos. Ahora que Crimea se ha unido a Rusia, a las minorías tártaras les preocupa que la opresión e incluso la deportación pudieran suceder otra vez.

Cerca de 150,000 tártaros de Crimea viven en Uzbekistán y otros países del Asia Central. Una gran diáspora también se encuentra en Turquía, Rumania, Bulgaria, Europa Occidental y el Medio Oriente.

A pesar de la crisis, el ministerio de evangelización continúa.

Cualquiera que sea el resultado político, hay una gran necesidad de compartir el amor de Jesucristo entre los tártaros. La mayoría son musulmanes sunitas, con algunos vestigios de culto a los espíritus ancestrales incorporado en sus celebraciones.

Lamentablemente, una de las razones por las que los tártaros no han abrazado el cristianismo se debe a los intentos de conversión forzosa de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el siglo 19. Con frecuencia las mezquitas eran incendiadas. Cuando terminó la opresión, muchos "conversos" regresaron a sus creencias islámicas.

Según el Proyecto Joshua, la traducción de la Biblia a la lengua tártara comenzó en la década de 1970. El Nuevo Testamento fue terminado en 2001.

Las misiones autóctonas están viendo una creciente apertura al cristianismo entre los tártaros, pero se necesitan muchos más misioneros. Christian Aid Mission asiste a dos ministerios con sede en Ucrania que actualmente cuentan con 30 misioneros sirviendo en Crimea.

Christian Aid Mission asiste a un ministerio de fundación de iglesias que trabaja con los tártaros de Crimea.

La semana pasada Christian Aid recibió un informe alentador de uno de estos misioneros valientes y dedicados. Oleksandr (nombre cambiado) es un esposo y padre que anteriormente vivía en el oeste de Ucrania. A pesar de los ruegos de sus padres, Oleksandr y su esposa decidieron seguir el llamado de Dios para servir en Crimea, a pesar de los peligros potenciales.

"¿Cómo puedo salir corriendo cuando predico a personas que viven en la península de Crimea que Dios es nuestra defensa y es capaz de cuidarnos en todo momento y bajo cualquier circunstancia? ¿Qué pensará la gente de mí? ¿Y qué pensará Dios?", Dijo Oleksandr.

"Cuando le dije esto a mi esposa, ella me dijo: ‘Tienes toda la razón. Nada es imposible para Dios. Si permaneces aquí en Crimea, nuestros hijos yo también nos quedaremos’”.

Después de orar, Oleksandr y su esposa experimentaron la paz de Dios en sus corazones.

La situación en Crimea es volátil, y se necesita mucha oración por los creyentes fieles como Oleksandr, que están comprometidos a llevar el mensaje de la paz verdadera a través de Cristo a los tártaros, ucranianos, rusos y otros grupos étnicos de la región.

"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía," (Isaías 55: 10 -11a RV).

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