Noticias e Historias de las Misiones

Un Nuevo Hogar

10 de julio de 2014

Los patrocinadores de Christian Aid Mission proveyeron los fondos para reconstruir la casa de un pescador y su anciana madre. La vivienda fue severamente dañada por el tifón Haiyan.

En mayo, Ivy Sánchez Bray, una miembro del personal de Christian Aid Mission, y su esposo Bill, informaron sobre los esfuerzos de reconstrucción encabezados por varios ministerios locales en Filipinas. En la segunda parte compartieron la historia de Persita, una sobreviviente del tifón Haiyan, quien recientemente se mudó a su casa restaurada.

Cuando el peor tifón de la historia recorrió las 1,700 islas de Palawan, todo el mundo se tambaleó por un tiempo, pero algunos tardaron más en recuperarse que los demás. Solas, las viudas abandonadas que sobrevivieron necesitaban ayuda a corto y largo plazo para reconstruir sus vidas.

Entre los que están siendo ayudados por los ministerios asistidos por Christian Aid, son mujeres como Persita Evangelista, una viuda de 69 años de edad que vive con su único hijo en un pueblo de pescadores a orillas de la bahia Bugtong.

Persita dijo que ha sufrido a través de muchas tormentas, pero ninguna como Haiyan. "Fue el tifón más fuerte que jamás haya experimentado. ¡Simplemente levantó el techo mi casa!"

Ella dijo: "Agradezco a todos los cristianos que me ayudaron, sobre todo de los Estados Unidos. ¡Sin esta ayuda todavía estaría viviendo a la intemperie!"

Gran parte de la ayuda vino de las iglesias, pero los inmigrantes filipinos de América y grupos como la Asociación de Estudiantes Filipinos de la Universidad de Virginia en Charlottesville también se unieron a los esfuerzos de socorro.

En noviembre pasado el typhoon Haiyan atravesó el centro de Filipinas, dejando 6,268 muertos y 1.9 millones de damnificados. La mayoría de los daños ocurrieron en Tacloban y en las islas de Leyte, donde el general McArthur aterrizó durante la Segunda Guerra Mundial.

Persita frente a su nuevo hogar que fue reconstruido por miembros de varias iglesias locales.

El Pastor Pinagpala, presidente de la asociación local de pastores, fue el administrador de la ayuda de emergencia enviada por Christian Aid. El pastor estaba especialmente angustiado por el impacto de la tormenta en las viudas y abuelas, en su mayoría ancianas, como Persita.

Muchas de estas mujeres siguen expuestas al sol y las tormentas nueve meses después de que el tifón destruyera sus casas. Ellas no tienen a nadie que las cuide.

Pero este escenario cambió para Persita. Gracias al amor de los cristianos locales y de los patrocinadores de Christian Aid Mission, ahora tiene un nuevo techo justo a tiempo para las lluvias del monzón. Cada agosto comienzan a formarse huracanes masivos en el Pacífico, y varios usualmente pasan a través de Luzón y Leyte hacia a las islas más protegidas de Palawan. Cuando lleguen las tormentas en agosto, Persita estará a salvo y seca.

La casa de Persita fue reconstruida con la ayuda de voluntarios de varias iglesias locales que se unieron para reemplazar el techo y las paredes de su casa. La ayuda de Estados Unidos se utilizó para comprar el techo de metal, y las iglesias de Busuanga aportaron la mano de obra.

El apoyo en respuesta a la tormenta continúa, y el pastor Pinagpala está tratando de organizar una asistencia a largo plazo para ayudar a las viudas. Pinagpala desea que puedan permanecer en sus hogares y comunidades, pero para algunas es necesario construir un centro de atención.

En la isla no hay un hogar de ancianos o un centro de cuidado para los ancianos. Sin él, algunas de las viudas enfrentan una muerte prematura. Un típico "Kubo bahay" o choza de nipa, para proporcionar atención a las viudas, se podría construir por menos de US$ 20,000.

Durante su visita para entregar la ayuda, Ivy y Bill entrevistaron a 19 de los 29 pastores que están reconstruyendo allí utilizando las "micro-ofrendas" de Christian Aid Mission. Los pastores y los misioneros se sintieron profundamente conmovidos cuando los Bray les dijeron que muchas de las viudas siendo ayudadas en Filipinas están recibiendo ayuda de otras viudas pobres de América.

Entre los pastores existe un amplio consenso sobre qué Iglesias y viudas son las más necesitadas, por lo que la ayuda se ha distribuido cuidadosamente en varias áreas rurales, aumentando el impacto de la ayuda y el aliento.

Para Ivy, la tormenta golpeó muy cerca de casa. Su familia proviene de Cavite, en la isla septentrional de Luzón. Ella nació y se crió en Manila, pero tiene familia en la región y conoce íntimamente la situación en Palawan. Los Bray han hecho varias visitas anteriores a Palawan y participaron en reuniones de evangelización entre los muchos grupos tribales que componen la población.

Al igual que muchos pescadores de la aldea costera azotada por la tempestad, el hijo de Persita estaba ansioso por volver a trabajar.

En muchos sentidos, Palawan es un paraíso tropical. Las islas del archipiélago están protegidas al oeste por Leyte y la ciudad de Tacloban. Ellas fueron prácticamente borradas del mapa por los intensos vientos y las inundaciones de Haiyan. La ciudad y la provincia circundante recibieron la mayor parte de la atención de los medios informativos y la mayor parte de la ayuda que se vierte en las Filipinas.

La ayuda vino de filipinos en el extranjero, organizaciones benéficas y agencias gubernamentales de todo el mundo. Los estadounidenses fueron especialmente generosos, pero poca de la ayuda fue enviada a las cientos de pequeñas islas afectadas por la tormenta en Palawan.

A pesar de la belleza de las islas, la pobreza es endémica y severa. Aunque el salario mínimo obligatorio es un poco menos de US$ 10 al día, la mayoría de la gente en las islas rurales subsisten con menos de US$ 1 al día.

Gran parte del comercio todavía se basa en una economía de trueque, y cuando una tormenta como Haiyan golpea, hay muy poco capital disponible para los materiales de construcción, especialmente cemento, láminas de metal y bloques de hormigón.

Christian Aid seguirá ayudando a los ministerios locales que proporcionan materiales de construcción para reconstruir las casas e iglesias y comparten el amor de Jesucristo con los que sufren. Algunos de los misioneros también perdieron sus hogares en la tormenta y, sin embargo, pueden proclamar estas palabras de esperanza a sus vecinos: "Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios; en quien confiaré" (Salmo 91:2).

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