Noticias e Historias de las Misiones

Tibieza y Luz en Medio de las Fuerzas Oscuras en Guatemala

13 de octubre de 2014

Un programa después de la escuela da a los niños un sentido de pertenencia.

Los niños de familias pobres de Guatemala enfrentan la opresión desde varios frentes. El analfabetismo, las pandillas que vienen a las escuelas a reclutarlos, y los padres que los golpean rutinariamente, y a veces los matan.

Humberto Chavez*, director de un ministerio en la Ciudad de Guatemala, llega a esos niños, ya que conoce a esas fuerzas opresivas de primera mano. No sólo vive entre los pobres como un misionero autóctono, sino que el abuso físico y verbal por parte de su propia familia durante su infancia lo llevó a huir de su casa cuando tenía 7 años de edad.

Su padre, de piel oscura, lo había maltratado porque él nació con piel clara, al igual que su madre alemana. Cuando su padre se divorció y se volvió a casar, su madrastra también fue cruel con él. Durante siete años, hasta los 14 años, vivió en la calle, durmiendo en coches abandonados y comiendo basura.

A los 14 años buscó a su madre, pero ella era demasiado pobre para cuidar de él.

"Cuando encontré a mi madre, ella dijo 'yo no puedo tenerte aquí'", dijo. "Fui a Puerto San José a vivir con una tía. Pero cuando llegué a la ciudad, fui al muelle y quise tirarme al mar”.

Algo en él le impidió suicidarse. "Me di vuelta y fui a buscar mi vida", dijo.

Él fue a la casa de la hermana de su madre, que consintió en recibirlo con una condición - que asistiera a la iglesia.

Chávez encontró a Cristo, fue a un instituto bíblico y pastoreó iglesias durante 30 años.

"Durante esos 30 años, todavía tenía un poco de resentimiento hacia mis padres", dijo. "Mi esposa sintió el llamado a trabajar con niños, y una vez alguien orando me dijo: 'Tú vas a ser el padre de muchos niños". Yo dije: 'No quiero niños, quiero adultos'".

La amargura y el resentimiento latente dentro finalmente lo llevaron a perdonar y a reconciliarse con su padre, y Chávez ganó un corazón por los niños que le permitieron a él y su esposa poner en marcha el ministerio.

"El Señor cambió mi mente y mi corazón y puso en mi corazón amor hacia los niños", dijo.

El ministerio comenzó en 1997, y Christian Aid Mission empezó a ayudarlo en el 2001. De acuerdo con Chávez, en un país donde el 40 % de los presos son jóvenes, el ministerio ofrece a los niños más pobres de la barriada Guajitos comidas calientes tres veces por semana, tutoría después de la escuela, enseñanza de la Biblia y, fundamentalmente, un sentido de pertenencia.

"Fuimos llamados a amar a los niños para llegar a ellos con el evangelio de Cristo", dijo Chávez. "Los niños se convierten en miembros del ministerio, y eso les da un sentido de pertenencia. Les enseñamos que son propietarios del ministerio - que están para ayudar a los demás, ya que han recibido ayuda - con el fin de prevenir la delincuencia".

Las pandillas violentas ofrecen a los niños, ante todo, un sentido de pertenencia, dijo. En la Ciudad de Guatemala, donde cada día mueren 30 personas, los miembros de las pandillas van a las escuelas para reclutar a los niños. También envían a los niños mensajes de texto diciendo: "Si tu familia en tu casa no te ama, ven y únete a nosotros. Nosotros te podemos dar eso y más", dijo Chávez.

Los ritos de iniciación de las pandillas pueden implicar matar a propietarios de tiendas o a otros, dijo.

Niños orando en el centro del ministerio en la Ciudad de Guatemala.

"Recientemente enviaron a tres jóvenes de entre 10 y 12 años de edad a matar a cinco personas de edad avanzada", dijo. "Ellos sólo mataron a tres, y fueron arrestados. Las cárceles tienen más de 15,000 adolescentes".

El ministerio cuida a niños entre las edades de 3 y 7 para prevenir que sean reclutados por las pandillas.

"Y la prevención no es teórica - les inspiramos amor por el ministerio", dijo Chávez. "Los niños quieren ser parte del ministerio. Llegan y no quieren irse. Para ellos adentro es un paraíso, y no quieren salir a la calle porque es el infierno".

Muchos niños permanecen en el programa cuando crecen y ayudan a cuidar a los más pequeños. Viniendo de hogares donde el padre está ausente en alrededor del 40 % de las familias, los niños del programa a veces encuentran que su casa es más peligrosa que la calle.

"Es algo increíble, pero hay padres muy malos, beben, pelean, matan, e incluso matan a sus hijos en 'accidentes'", dijo Chávez.

Describió cómo, después de que la madre y el padre borracho de un niño pelearon, la madre y un tío se estrellaron en una motocicleta contra un camión, con el pequeño colocado en la parte delantera de la moto.

"El chico era parte del ministerio, y murió a causa de una lesión en la cabeza", dijo Chávez.

Rosa Contreras Hart, directora de la División de América Latina de Christian Aid Mission, dijo que Chávez y su esposa Martha* consideran a los niños como suyos.

"Estaban muy tristes. 'Este fue un niño que tuve en mis manos, lo cuidé, le enseñé la Biblia, y es como si hubiera perdido a mi propio nieto, porque cuide de él y le di de comer'", dijo ella. "Cada uno es como su propio hijo".

El ministerio cuida a 80 niños en un local y a otros 30 en otro, en la ciudad de Guatemala, y el año pasado se expandió a otras dos regiones. Un programa de fin de semana en el área de Sololá, a 71 millas al oeste de Ciudad de Guatemala, cerca del lago Atitlán, llega a 600 niños; otros 400 niños son atendidos en el área de Jalapa, a 35 millas al este de la capital.

Algunos padres reciben a Cristo cuando ven el impacto que el ministerio ha hecho en sus hijos, dijo Martha, la esposa de Chávez. La pareja está tratando de ampliar un programa incipiente de clases para padres.

"Les enseñamos cómo criar a sus hijos, cómo llegar a ellos e instruirlos en la Palabra de Dios", dijo Martha. "Enseñamos a los padres a tener una mente abierta a otras formas de comunicación, en vez de simplemente insultarlos. Ellos fueron maltratados, por lo que maltratan a sus niños. Los padres se enojan por algo y se descargan en sus hijos".

La pareja también desea desarrollar clases vocacionales como panadería y carpintería - habilidades que eventualmente podrían ayudarles a escapar de la pobreza. Y necesitan más espacio para no tener que rechazar a tantos niños que necesitan atención. Un edificio que les gustaría comprar para su oficina central en la Ciudad de Guatemala cuesta US$ 100,000.

"Los niños desean venir, pero el espacio es limitado", dijo Rosa Hart de Christian Aid Mission.

Chávez sabe lo que se siente al ser rechazado, y conoce el poder del evangelio para cambiar vidas. El testimonio de su propia vida, en última instancia, afectó a algunos que lo hirieron más de niño.

Chávez sabe lo que se siente al ser rechazado, y conoce el poder del evangelio para cambiar vidas. El testimonio de su propia vida, en última instancia, afectó a algunos que lo hirieron más de niño.

*(Nombres cambiados por razones de seguridad)

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