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Refugiados Aterrorizados Huyen de la Ofensiva de ISIS en Kobani, Siria

20 de octubre de 2014

Los refugiados a menudo llegan con pequeños pero dolorosos recuerdos de familiares y posesiones perdidas.

En una zona árida de la frontera sur de Turquía con Siria, el director de un ministerio turco se esfuerza por satisfacer las necesidades de una nueva corriente de refugiados de Siria: personas que huyen del intento de los terroristas del Estado Islámico (ISIS) de apoderarse de la ciudad fronteriza de Kobani.

"Los acontecimientos en el lado sirio son mucho peores de lo que escuchamos en nuestros medios de comunicación", dijo el director, cuya organización ha traído alivio a los refugiados sirios en otras áreas en Turquía desde que la guerra civil estalló hace tres años. "En los pueblos fronterizos ISIS está cortando con espadas a quienes se oponen. Las niñas no pueden caminar porque las secuestran. En una de las familias a quienes se les dio una carpa, ISIS violó a su hija y la dejó ir. La niña se ahorcó en lugar de volver a casa”.

Según informes, los combatientes de ISIS han tomado más de 300 aldeas sirias kurdas cerca de Kobani, también conocida por su nombre árabe, Ayn. Antes de su intento de apoderarse de Kobani, esta ciudad había sido uno de los centros de refugio para los aproximadamente 6.5 millones de sirios desplazados internos por la guerra.

De los aproximadamente 3 millones de sirios que han huido a otros países, se estima que más de 1.6 millones han huido a Turquía. El número de nuevos refugiados de Kobani aún tiene que ser calculado, pero las ciudades de carpas han comenzado a surgir en el lado turco de la frontera.

"Los ojos del pueblo están llenos de dolor", dijo el director. "Ellos están muy lejos de su país, la mayoría de sus parientes fueron asesinados, y sus hijos van a un lugar donde no conocen a nadie. Tal vez muchos eran de alto nivel, personas honradas, que ahora viven como mendigos".

Un refugiado de unos 50 años le dijo al director cómo la rápida llegada de los combatientes de ISIS lo obligó a tomar una decisión agonizante.

"Teníamos muchas vacas y ovejas, y las dejamos y salimos corriendo", le dijo al director. "Mi hijo mayor estaba cuidando a nuestros animales. Él fue a ver a nuestro pastor, y yo tenía dos opciones, esperar a mi hijo o tomar todo el resto de mi familia y huir. Yo lloraba cuando tomé el resto de mi familia y vine aquí”.

El director del ministerio proveyó una carpa para la familia.

"Él trató de besarme la mano; esto es una expresión de respeto en la cultura musulmana", dijo. "Le dimos un abrazo y tratamos de darle consuelo."

La patrulla de la frontera turca controla el flujo de refugiados. La mayoría son kurdos, y Turquía está amenazada por un movimiento rebelde kurdo dentro de sus propias fronteras. El propio director no habría podido entrar a la zona, incluso acompañado por un agente de seguridad del gobierno, si no hubiera mostrado a los funcionarios las carpas y otras ayudas que traía.

"Ellos se están preparando para crear una nueva “ciudad de carpas", y necesitan muchas carpas", dijo. "Necesitan cosas de invierno; en un mes habrá un invierno duro. Los niños son débiles y necesitan vitaminas".

Con la asistencia de Christian Aid Mission, el director puedo comprar en las tiendas locales carpas y otros artículos que se necesitan con urgencia - pañales, mantas, camas, calentadores eléctricos y artículos de higiene femenina.

"A través de vuestro apoyo hemos comprado carpas para cuatro familias que no tienen ninguna carpa y dormían afuera al aire libre. En este momento hay otras 97 familias con necesidades", dijo.

El ministerio busca ayuda para comprar pañales para 78 bebés, 394 mantas (cada manta cuesta US$ 23, para un costo total de US$ 6,900), 300 camas (US$ 45 c/u para un total de 13,500 dólares) y 97 calentadores eléctricos, que a 23 dólares c/u costarían US$ 2,231. Las 97 carpas necesarias cuestan US$ 410 c/u para un total de US$ 39,770, y también necesitan 1,000 toallas sanitarias de mujeres - US$ 2,000.

"En este momento, allí no hay ninguna iglesia o ministerio", dijo. "En realidad, es difícil estar allí, ya que no dejan entrar a nadie al campamento. Pero Dios me ayudó”.

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