Noticias e Historias de las Misiones

La Historia Detrás de la Historia del Ébola

6 de noviembre de 2014

Un área insalubre de drenaje para los baños en la villa de emergencia Kroo Bay, en la costa de Freetown, Sierra Leona, contribuye a la propagación de la enfermedad.

Cuidar a los pobres, anunciar a Cristo en medio de las influencias ocultas e islamistas, y ayudar a los amputados que sufrieron atrocidades en la guerra civil (1991-2002) era bastante difícil para un ministerio en Sierra Leona. Luego llegó el Ébola.

En este país empobrecido de África occidental, donde la expectativa de vida es de sólo 47 años, la rápida propagación del Ébola ha aumentado el trabajo de los misioneros en su esfuerzo por apoyar a las familias que sufren.

"Cientos de familias han perdido a sus seres queridos", dijo el director de un ministerio asistido por Christian Aid Mission. "Además de la pérdida de los seres queridos - algunas familias pierden más de un miembro de su familia por el Ebola - los que sufren la pérdida después son sometidos a más sufrimiento psicológico y físico, ya que inmediatamente son aislados del resto de la comunidad por un período de 21 días".

En Sierra Leona ahora es común ver grupos de tres casas en cuarentena con capacidad para alrededor de 12 familias - un total de 50 o más personas. Las casas vecinas también están en cuarentena. Así que en la ciudad capital de Freetown y en otros lugares hay cientos de familias en cuarentena.

Ébola ha paralizado los trabajos y los suministros de alimentos, ya que las empresas y las granjas son víctimas de la epidemia, dejando al gobierno mal equipado para satisfacer las grandes necesidades. El gobierno está proporcionando algunas raciones, pero son muy pocas para las necesidades abrumadoras que la crisis ha creado.

"La mayoría de los agricultores se han visto obstaculizados en sus actividades agrícolas habituales, ya que este ataque comenzó al comienzo de la temporada de las lluvias", dijo el director del ministerio. "Esto ha causado que los productos alimenticios escaseen, y los alimentos no llegan a la ciudad porque la mayoría del país están en cuarentena."

Como resultado, la mayoría de los alimentos son importados y caros, a menudo el doble del precio habitual, y mucha gente no puede comprarlos. Como la mayoría de las empresas han reducido la producción, muchas personas han sido despedidas, e incluso los que están empleados no reciben sus salarios con regularidad.

Dos meses atrás, cuando una niña de 14 años de edad se desmayó de hambre durante un servicio de adoración de la iglesia, el ministerio comenzó un programa de alimentación para las personas afectadas por la crisis del Ébola.

"El pastor tuvo que enviar a alguien a comprar algo de comida, y entonces ella revivió", dijo. "Desde entonces hemos estado haciendo lo que podemos para ayudar a la situación, pero estamos limitados y abrumados."

El ministerio también ha estado enviando dinero a través de transferencias bancarias a las zonas de cuarentena en las provincias, ya que las iglesias del área están limitadas en su alcance a las víctimas de Ébola debido la disminución de las ofrendas de las congregaciones.

En el corto plazo, el ministerio planea proveer arroz, aceite de cocina, cebollas y azúcar a por lo menos 50 familias, "siempre y cuando tengamos los medios", dijo el director. "Nuestras mayores necesidades son fondos para comprar alimentos para distribuir a nuestro pueblo – a los de nuestras iglesias y a algunas comunidades donde se encuentran nuestras iglesias. Vamos a necesitar entre US$ 4,000 y US$ 5,000, porque la necesidad es grande".

Las condiciones de hacinamiento contribuyen a la rápida propagación del Ébola.

Junto con los fondos para proporcionar alimentos, el ministerio también necesita ayuda para comprar medicinas y cloro. El cloro se utiliza para desinfectar las áreas donde la gente ha muerto, y se insta a la gente a mantener un cubo especial de agua clorada para el lavado de las manos.

"Cada miembro de la congregación debe lavarse las manos antes de entrar en nuestros servicios y medirse la temperatura con un termómetro", dijo. "El barrio de emergencia Kroo Bay, donde tenemos a una de nuestras iglesias más antiguas, está altamente poblado y debe tener más lugares con esos baldes con agua clorada".

El cloro es caro, dijo; una botella de 200 tabletas cuesta alrededor de US$ 40.

"El cubo también es muy caro", añadió. "Todas estas son limitaciones, y la pobreza es también un factor para la propagación del virus. Necesitamos 40 tazas de cloro para nuestras reuniones en la iglesia, para distribuir a nuestros miembros, y para uso en la comunidad Kroo Bay. Esto costará unos 1,200 dólares".

El director dio las gracias a los patrocinadores por su apoyo.

"Estamos orando para que nuestro Dios provea todo lo que necesitamos en este momento, y que bendiga a todos nuestros amigos", dijo.

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