Noticias e Historias de las Misiones

Una Mujer de Corea del Norte Vendida en China Encuentra Esperanza en Medio de la Desesperación

23 de abril de 2015

Mujeres norcoreanas víctimas del tráfico humano oran en una reunión de una iglesia en una provincia no revelada del norte.

Después de que su marido muriera en el colapso de una mina de carbón, y su hijo durante la hambruna de Corea del Norte en la década del 1990, Mi-Hyeon Li* huyó a China. Una comida caliente la esperaba en el otro lado - ofrecida por traficantes que venden mujeres a los chinos.

En 1998 ella y su hermana cruzaron el río Tumen a China desde su ciudad natal, cerca de la ciudad de Howe-Ryung, en el norte de la provincia de Hamgyong. Li tenía 32 años. Cuando se preguntaban en qué dirección irían, un hombre que hablaba coreano se acercó y les dijo que les podía encontrar un trabajo bien remunerado.

Li dijo: "él nos ofreció una deliciosa comida caliente en un lugar cerca de su departamento. Fue una comida como no habíamos tenido en mucho tiempo en mi país. Nos produjo una muy buena primera impresión. Era muy amable. Confiamos en él y lo seguimos a la ciudad de Yanji, donde nos alojamos en su lugar por alrededor de un mes".

Una noche, cinco coreanos llegaron al apartamento, diciendo que las hermanas estaban bajo arresto y serían repatriadas a Corea del Norte. Metieron a Li en un automóvil y a su hermana en otro. Cuando Li preguntó dónde estaba su hermana, le dijeron que se callara. Varias horas más tarde llegaron a una estación de tren en la provincia norteña.

Li dijo "Yo les seguía preguntando dónde estaba mi hermana. Ellos respondieron que no sabían y me dijeron que me habían comprado, y que debía seguirlos. Me violaron y amenazaron. Desde esa noche hace 18 años, cuando me separé de mi hermana, nunca he oído nada más de ella. Ha sido muy difícil sobrevivir sin saber dónde está mi hermana y qué ha sido de ella".

Los traficantes vendieron a Li por el equivalente de alrededor de US$ 1,000 a un pobre paralítico chino, quien la tomó como esposa y la llevó a una granja en una aldea remota de una provincia no revelada del norte. Sin saber chino, Li no podía pedir nada. Ella vivía en una pequeña casa en ruinas con la hermana más joven del hombre, que la vigilaba constantemente. Peor aún, de acuerdo con un pacto de repatriación entre las dos naciones, la policía china rutinariamente hacía redadas de norcoreanas, pero en lugar de enviarlas de regreso a Corea del Norte, sólo las encarcelaba con libertad bajo fianza.

Cada vez que era detenida, el hombre que la había comprado debía pedir préstamos para pagar US$ 650 para liberarla.

"En esos días pasé mi tiempo preocupándome tanto por la policía como por el paradero de mi hermana. Eso me enfermaba, y muchas veces debí ser internada en el hospital, pero aun así tuve la oportunidad de dar a luz una hija", dijo ella. "Sin embargo, no podíamos hacer nada acerca de los préstamos que tuvo que tomar para liberarme".

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Los préstamos para la libertad bajo fianza y la supervivencia finalmente sumaron más de 10,000 dólares. A pesar de no contar con maquinaria para fabricar tofu, Li intentó reducir la deuda fabricando y vendiendo tofu. Al principio su hija asistió a la escuela sin estatus legal, pero más tarde le dijeron que para poder seguir en la escuela debía ser registrada como residente legal. Li no tenía dinero para obtener un estatus legal para ella, y la niña se vio obligada a dejar la escuela y trabajar en un restaurante.

Li oyó hablar de otras mujeres de Corea del Norte en el pueblo que dejaban a sus hijos y "maridos" para ir a Corea del Sur en busca de trabajo. Con lágrimas en los ojos, su hija le suplicó que no tratara de ir a Seúl.

"Ella me dijo: 'No te vayas. Voy a trabajar duro para pagar el préstamo. Podemos vivir aquí en paz. Por favor no me dejes'", Li dijo: "No podía dejar a mi hija que me amaba tanto. Si yo me iba a Corea del Sur, ¿qué pasaría con mi hija y mi marido?".

El director de un ministerio en el área, que alcanza a inmigrantes de Corea del Norte, dijo que el marido de Li no podía hacer nada sin la ayuda de Li.

"Cada vez que se quedaba solo, había problemas; una vez se rompió las rodillas por caer al suelo", dijo la directora, conocida sólo como Suran. "Li tuvo varias oportunidades de ir a Corea del Sur para tener una mejor vida, como muchas otras mujeres de Corea del Norte, pero no podía dejar a su hija y al pobre paralítico detrás, porque la necesitaban".

Li dijo que ahora se alegra de no haberlos dejado, porque conoció a Suran, también de Corea del Norte. Ella también había sido objeto del tráfico humano y se había establecido en la zona. Suran ha identificado a otras 90 mujeres de Corea del Norte en la zona y, con la ayuda de Christian Aid Mission, les está proveyendo préstamos para pequeñas empresas, la matrícula de la escuela de sus hijos y ayuda con los costos legales.

"Suran me decía que si yo creo en Jesús y ruego al Señor, él nos escucha y nos da paz", dijo Li. "Así que comencé a asistir a la iglesia y me convertí en una testigo. Mi vida comenzó a cambiar, con una nueva esperanza".

Suran dijo que el ministerio ayudó a Li a obtener la residencia legal de su hija, que ahora tiene 15 años de edad, y espera ayudar a Li a lograr su objetivo de abrir una tienda de tofu.

"Estoy orando con Li que el Señor la ayude a abrir una pequeña tienda para poder hacer algo de dinero para apoyarlos y tener un hogar feliz en China", dijo Suran. "Cuando le pregunté sus necesidades de oración, Li me dijo que necesitaría alrededor de 3,300 dólares para abrir una tienda pequeña."

Li dijo que la deuda que debe a varias personas pesa sobre ella; quiere pagarlas y vivir en paz. Espera que Cristo le permita comprar una máquina de tofu de para poder vender más queso de soja en el mercado.

"Mi vida en China ha sido dura, pero ahora he encontrado a Jesús," dijo ella. "Me gusta creer en él y hacer mi mejor esfuerzo para seguirle. Oraré a él donde quiera que vaya, para que me proteja todo el camino. Otro deseo que tengo es que el Señor Dios ayude a que mi país se reunifique para que podamos volver a nuestra casa libremente para ver a mi hermano y hermanas de nuevo, y contarles cuán bueno es el Señor Dios".

*Nombre cambiado por razones de seguridad

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