Noticias e Historias de las Misiones

Las Familias Sirias que Huyen de la Guerra e ISIS Languidecen en la Frontera Turca

25 de junio de 2015

Refugiados sirios llegan a la ciudad fronteriza turca de Akcakale.

El 14 de junio, mientras la lucha por un pueblo norteño clave en Siria se intensificaba, miles de sirios corrieron hacia una valla en la frontera con Turquía. Algunos pasando bebés y pertenencias sobre el alambre de púas antes de pasar a través de un agujero en la barrera.

Ellos esperaban a recoger a sus hijos y pertenencias después de pasar por Akcakale. Lo que les esperaba por delante tenía que ser mejor que lo que dejaban atrás – el Estado Islámico (ISIS) y Al Nusra yihadistas luchando contra los soldados kurdos sirios por la ciudad fronteriza de Tal Abyad, y los ataques aéreos liderados por Estados Unidos que proveían cobertura al avance kurdo.

"Muchos de ellos rompieron la valla tratando de salvar sus vidas y las de sus hijos", dijo el líder de un ministerio autóctono de Turquía.

Dijo que algunas personas no pudieron pasar a través de la valla.

"Cerca de 15,000 refugiados estaban esperando cruzar la frontera y entrar en Turquía, porque estaban escapando de ISIS, pero cuando llegaron a la la frontera, el gobierno turco no los dejó entrar", dijo. "Entonces los terroristas de ISIS llegaron y los regresaron de vuelta a sus casas. Después de eso no sabemos qué pasó con ellos, pero sabemos que lavan el cerebro de la gente para usarla como terroristas suicidas".

Los refugiados desesperados abrumaron a los militares turcos estacionados en Akcakale, aunque los refuerzos de tropas más tarde les impidieron entrar más profundamente en el país. Así en Akcakale surgió espontáneamente un nuevo centro de refugiados.

Un equipo de pastores autóctonos que trabaja en los campos de refugiados en Adana, a unas 25 millas de Tarso, la ciudad natal del Apóstol Pablo, la semana pasada visitó a los refugiados en Akcakale para evaluar sus necesidades, les llevó agua, oró por ellos y compartió el evangelio con ellos. La mayoría dijo que estaban huyendo del terror de los grupos radicales ISIS y Al Nusra que luchan contra las fuerzas del gobierno del presidente sirio Bashar Assad.

"Me dijeron que si usted es chiíta musulmán, cristiano o Yazidi, usted está en el lado equivocado, y el castigo es la muerte", dijo el director del ministerio. "Si usted es musulmán sunita y obedece a ISIS y los apoya, lucha por ellos y vive como ellos, puede estar a salvo, pero si usted es suní y no quiere luchar por ellos, su castigo es la muerte".

Después de cuatro años de guerra civil en Siria, más de 1.5 millones de sirios han huido a Turquía, mientras ISIS incauta territorios para crear un califato, y exige que todos los musulmanes juren lealtad. Los refugiados informan que en ese califato proclamado reina el caos, dijo el director.

"La gente sólo quería salvar sus vidas de los terroristas ISIS, que les están quitando la libertad y hacen lo que quieren con ellos", dijo. "Están dejando todo atrás y huyen del país. Además, algunos de ellos tuvieron que huir porque estaban atrapados entre el régimen y los rebeldes".

Las fuerzas kurdas y el Ejército Libre de Siria este mes lograron retomar Tal Abyad, un punto de tránsito clave para el suministro de ISIS, cuya fortaleza en Raqqa se encuentra a sólo 50 millas al sur. ISIS se había apoderado de Tal Abyad en julio del 2014.

Los refugiados que llegan usan Akcakale lo que pueden para construir un refugio.

Un joven sirio en Akcakale le dijo al líder del ministerio que cuando ISIS estaba controlando Tal Abyad, los militantes reservaban todos los viernes para decapitar o disparar a los que no cumplían con los requisitos del califato. El refugiado había huido a Akcakale con su hermano y hermana, pero dijo que sus padres no pudieron correr a la frontera.

El ministerio planea proveer con urgencia carpas a los refugiados en Akcakale. Cada una cuesta US$ 390. El líder del equipo desea ofrecer 87, por un total de US$ 33,930. Con la asistencia de Christian Aid Mission, el ministerio también desea proveer alimentos (230 cajas a US$ 35 c/u, por un total de US$ 8,050), ropa, fórmula para bebés (106 a US$ 33 c/u, por un total de US$ 3,498), pañales (106 a US$ 28 c/u por un total de US$ 2,968), almohadillas sanitarias femeninas (250 en US$ 7 c/u por un total de US$ 1,750), medicamentos (150 a US$ 12 c/u por un total de US$ 1,800) y Biblias (150 a US$ 12 c/u, por un total de US$ 1,800).

En tres campos de refugiados en o cerca de Adana, el ministerio autóctono también está proveyendo alimentos, medicinas y Biblias. En Adana hay dos campos. Un tercer campamento recientemente se trasladó a unas 30 millas al norte, a un área remota al lado de un río contaminado. El ministerio desearía instalar un sistema de tratamiento de agua para ellos.

"Una niña está en el hospital porque fue a bañarse al río sucio, y ahora tiene una infección", dijo el director. "Los niños no pueden ducharse, a veces durante semanas".

El ministerio necesita cuatro dispositivos de tratamiento de agua para servir a 300 familias; cada sistema cuesta US$ 6,800, por un costo total de US$ 27,200. Proveer para las necesidades básicas ha ayudado a abrir la puerta al evangelio.

El director dijo: "Proveer ayuda humanitaria ha sido y sigue siendo un medio efectivo para este ministerio y para la iglesia local para llegar a los refugiados con el evangelio. Han habido conversiones, lo que lleva a un mayor discipulado y a agregar miembros a las iglesias caseras locales".

Una familia de refugiados que vino de una zona controlada por ISIS llegó sin nada en la mano vivían en el suelo sin una carpa.

"El padre tiene un hijo que perdió su mente porque donde vivían los aviones de guerra siempre volaban muy bajo", dijo. "La madre del niño lloraba mientras hablamos con el padre, un cristiano. Mi corazón se rompía quebraba cuando el padre me contaba la historia".

Los cristianos no pueden leer abiertamente la Biblia entre los refugiados debido a la presencia de musulmanes radicales en el campamento, dijo. Cuando el equipo del ministerio comenzó a compartir el evangelio con una familia de refugiados, un musulmán de Turquía se acercó y les dijo que se detuvieran.

Sin embargo, algunas familias han respondido al evangelio y ponen su confianza en Jesús como Salvador, dijo.

"Hemos llegado a 100 familias, pero vamos poco a poco, porque en el campamento hay musulmanes radicales, y no queremos que hagan daño a las familias o las echen del campo", dijo. "Creo que les estamos mostrando el amor de Jesús alimentándolos y cubriendo sus necesidades. Están muy felices porque los seguimos ayudando".

Email this page Print this page
SC: WEBCAMSP