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Las Enfermedades y las Discapacidades Entre los Refugiados Sirios Están Aumentando

7 de julio de 2017

  Syrian refugee woman in poor housing.
Las condiciones de vida para una madre siria refugiada cuyo marido ha estado en prisión en Siria por cuatro años por razones desconocidas son sombrías. Su hija mayor mendiga en una esquina de la calle mientras ella cuida a sus niños más pequeños.

Ali es un niño sirio de 3 años que no puede caminar ni hablar. Los médicos no saben por qué, pero el nacer en una carpa de refugiados en Turquía de padres desnutridos que ya no están presentes puede tener algo que ver con ello.

Ali vive en un campamento improvisado en el sur de Turquía, y confía en su hermana de 12 años y su padrastro para que cuiden de él. El líder de un ministerio autóctono dijo que su padre murió en la guerra civil de Siria. Su madre se volvió a casar, pero más tarde "perdió la razón y desapareció".

"Ella perdió la razón por el asesinato de su esposo", dijo. "Así que dejó a los niños, y nadie sabe dónde está."

Ali es uno de los miles de refugiados en Turquía con poca o ninguna posibilidad de recibir atención médica. El año pasado el gobierno turco comenzó a pedir a los refugiados que anotaran una dirección en un campo de refugiados oficial o doméstico para renovar sus tarjetas de residencia, sin las cuales no pueden obtener atención médica. Sólo el 10 % de los más de 3 millones de refugiados en Turquía soportan los campos de refugiados oficiales, donde el abuso físico es abundante, y del resto, alrededor del 90 % se apiña en apartamentos, típicamente cuatro familias en una unidad. El resto, incapaz de permitirse el lujo de compartir un apartamento, instala carpas donde puede.

Los refugiados están cansados de promesas vacías de grupos extranjeros. El padrastro de Ali se puso furioso con extranjeros que en repetidas ocasiones vinieron a tomar fotos y videos, pero nunca proveyeron ayuda.

"Cerca del 10 al 15 % de los refugiados no reciben atención médica porque no viven en un apartamento o en un campamento oficial", dijo el director del ministerio, cuyo nombre se retiene por razones de seguridad. "Otro problema con la atención médica es el lenguaje: Cuando van al hospital, nadie habla árabe, o ninguno de los refugiados habla turco".

Los familiares de Ali alguna vez lograron llevarlo a un médico, dijo el director del ministerio, pero nadie entendió lo que se dijo. Tampoco tenían recursos para pagar una resonancia magnética o un análisis de sangre para ayudar a determinar un tratamiento. El director dijo que debido a problemas de comunicación, muchos refugiados siguen enfermos o heridos porque reciben el tratamiento equivocado.

"Así que si usted tiene una enfermedad grave, el médico sólo le escribirá un medicamento y le dejará ir, y tal vez una semana después usted morirá", dijo. "Y ni siquiera se investiga cómo o por qué usted murió".

Él estima que el 60 % de los refugiados sirios nacidos en Turquía en los últimos tres años son físicamente discapacitados, y cerca del 10 % está emocionalmente dañado - algunos en tal medida que no pueden hablar. Las Naciones Unidas estiman que desde que comenzó la guerra civil de Siria hace seis años, unos 200,000 bebés sirios han nacido en campos de refugiados en Turquía.

El director del ministerio y su equipo de otros tres misioneros a tiempo completo y cuatro voluntarios visitan a los refugiados en sus carpas cada 10 días. Ellos ven las enfermedades y pueden lograr que un médico escriba recetas. Luego el ministerio puede comprar antibióticos y otros medicamentos para los refugiados que de otro modo no podrían obtenerlos.

Como nativo de la ciudad no revelada donde se encuentran los campamentos de refugiados, el director tiene conexiones que le permiten encontrar médicos privados dispuestos a visitar a los refugiados. Estos están cansados de promesas vacías de grupos extranjeros. El padrastro de Ali se enojó tanto con extranjeros que en repetidas ocasiones vinieron a tomar fotos y videos, pero nunca proveyeron ayuda, que le pidió al director que les dijera que dejaran de venir.

El director dijo: "Ellos les prometen que los llevarán al hospital, o traerán ayuda, pero no regresan. Luego de tres meses vuelven con unas galletas y algunos dulces y toman otro video e imágenes. No saben el idioma, no ayudan, y el padrastro estaba muy enojado".

Otro refugiado sirio estaba igualmente amargado, tan escéptico acerca de las agencias de ayuda que cuando el director se le acercó por primera vez, le pidió que se fuera.

A Syrian child passes the night in dilapidated quarters in Turkey.
Un niño sirio pasa la noche en un cuarto dilapidado en Turquía.

El refugiado, de 70 años, nativo de Raqqa, había estado viviendo en la parte posterior de una estación de autobuses antes de que la policía lo echara. El director lo encontró en un nuevo sitio donde los refugiados habían erigido 100 carpas improvisadas. El refugiado le dijo: "Muchos vienen y toman fotos, videos, registran nuestro nombre, pero nunca regresan. Tú eres uno de ellos". Un amigo que el ministerio autóctono había ayudado le aseguró que el director no era mentiroso, y el refugiado dijo: "Veremos".

Dos semanas más tarde, con la ayuda de Christian Aid Mission, el director pudo traer comida, agua potable y otros artículos de socorro.

Él dijo: "Me vio venir con las cajas que trajimos para ellos y lloró. Vino y me abrazó diciendo: 'Realmente te agradecemos, tú eres el único que mantuvo su palabra en los últimos dos años'".

Unos meses más tarde el ministerio incluyó una Biblia con la ayuda, y por medio año el refugiado tuvo discusiones vigorosas con el director sobre el Islam y Jesucristo. El refugiado decía que el director estaba equivocado, que el Islam es la religión final que eclipsa a todas las precedentes, y el Corán tiene la última palabra. Después de algunos meses, el refugiado cayó enfermo y le pidió al director que orara por él.

Acostado en su cama en el suelo de la carpa, el refugiado le dijo: "No sé si mañana voy a estar vivo o no, pero tu mensaje siempre está en mi mente. Quiero ir al cielo, pero no sé cómo". El director le dijo que tenía que aceptar a Jesucristo como Salvador, y que Dios le perdonaría y lo llevaría al Reino de los Cielos con Él.

"Él empezó a llorar", dijo el director. "Dijo: "No sé si puedo hacerlo. "Le dije que si podía hacerlo. Entonces llamó a su hermano, hija e hijos, y dijo: 'Estoy tomando la decisión de recibir a Jesucristo como Dios y Salvador. Quiero que vengan conmigo, que crean conmigo', porque en la cultura del Medio Oriente, cualquier cosa que hacen los padres, el resto de la familia debe seguirlos".

El refugiado repitió la oración del director de que Cristo murió en la cruz por sus pecados, y lo recibió como Salvador y Señor.

"Una semana después fue sanado", dijo el director. "Así que siempre está enseñando a su familia la vida cristiana".

Los patrocinadores de Christian Aid Mission han ayudado a sanar a los refugiados sirios, y su apoyo permitiría al ministerio hacer mucho más para traer alivio y alcanzarlos con la esperanza de Cristo. Por favor ayude hoy a familias pobres con alimentos y otras necesidades.

Provea para las necesidades básicas de los refugiados.
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