Noticias e Historias de las Misiones

Enfrentando Peligros en las Junglas del Perú

14 de diciembre de 2017

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Un miembro del equipo de un misionero autóctono se hace cargo de una serpiente venenosa mientras otros atienden al guía que acaba de ser mordido.

Cuando una de las serpientes más venenosas del Amazonas mordió al guía que un misionero autóctono había contratado para un viaje de investigación en Perú, los miembros del equipo rogaron al cristiano que le administrara suero anti veneno.

Él no tenía ninguno. Estaban a más de más dos días de caminata hasta la aldea más cercana a través del espeso follaje de la jungla.

Roberto*, el misionero autóctono, les dijo: "He trabajado en áreas peores que este lugar, y nunca traje anti veneno, y nunca me pasó nada".

El guía era un hombre de 60 años llamado Félix que, como animista, creía que comer cualquier animal que tuviera dientes podía hacer que la serpiente volviera a atacar, aun si estaba muerta. El temblaba mientras el veneno sacudía su cuerpo.

"Entonces, ¿qué hacemos?", el hijo de Félix preguntó a Roberto. "Él va a morir".

Félix había estado limpiando ramas con un pequeño machete mientras el equipo se abría paso por donde no había ningún camino. Ellos llevaban tres días caminando por la selva a mediados de octubre desde Limón Cocha, al este de las montañas de la Sierra Norte, cuando la víbora de más de un metro de largo, conocida localmente como shushupe, mordió a Félix dos veces en la rodilla.

Antes de que el guía cayera al suelo con lo que parecían descargas eléctricas de dolor, logró cortar la parte superior de la serpiente con el machete.

Pálido y tembloroso, Félix le suplicó a Roberto que lo ayudara. "Voy a morir, por favor, no me dejes morir", dijo. "No me dejes morir, por favor ayúdame".

Su hijo había estado ayudando a llevar el equipo para el viaje, cuyo propósito era contar y analizar las comunidades de la tribu Capanahua que viven cerca de los ríos Tapiche y Boncuya, como un primer paso para traerles las Buenas Nuevas de la vida eterna en Cristo. Algunos de los nietos de Félix también habían venido para echar una mano, y Roberto dijo que después de verlo caer comenzaron a llorar.

"Los niños y niñas estaban aterrados, y los hombres no sabían qué hacer", dijo.

Pálido y tembloroso, Félix le suplicó a Roberto que lo ayudara.

"Voy a morir, por favor, no me dejes morir", dijo. "No me dejes morir, por favor ayúdame".

Después de ajustar un torniquete, Roberto puso su mano sobre el hombro de Félix.

"Félix, no sé lo que va a pasar, tienes que entregar tu vida al Señor", dijo. "Dale tu vida a Dios. Cada mañana tenemos un devocional, un tiempo para compartir la Palabra de Dios, así que sabes que tienes que entregar tu vida al Señor, porque no sé qué te va a pasar".

"Hermano, le voy a dar mi vida a Dios", dijo Félix.

"En ese momento de dolor, miedo, temblor y llanto, fue cuando Dios tocó el corazón de este hombre", dijo Roberto. "Él Dio su vida a Dios en ese momento diciendo: 'No sé cómo orar, y he pecado por tanto tiempo. ¿Cómo me puedes amar Dios? Pero perdóname Dios, Señor sálvame por favor'".

Roberto le pidió al resto del equipo que se pusiera de rodillas y orara por él, y los dirigió en oración.

Bendito sea el Señor

Man prays for snake-bitten victim.
Roberto ora por Félix después de la mordedura de la serpiente.

"Vamos a pedirle a Dios que obre, porque no podemos hacer nada", les dijo, y luego oró: "Como el apóstol Pablo fue mordido por una serpiente en la isla de Malta, y Tú Dios lo sanaste como si nada le hubiera pasado, oramos que sanes a Félix y lo lleves fuera de este lugar. Sánalo, por favor, sana a Félix, tienes todo el poder de sanidad".

Después de encomendar la vida de Félix a Dios, Roberto soltó el torniquete y chupó la sangre tóxica de los cuatro orificios de colmillos en la rodilla de Félix. Después de la oración y de este primitivo primer auxilio, inmediatamente Félix comenzó a sentirse mejor.

La mayoría del equipo se dispuso a regresar a Limón Cocha mientras Roberto, otro misionero autóctono, el hijo y el nieto de Félix, formaron una hamaca colgada de cada extremo de un poste. Lo usaron para llevar al guía, que no podía caminar por la rodilla hinchada, durante tres horas hasta llegar a las 5 pm a una pequeña estación de transito con techo de paja.

Allí Roberto usó una jeringa vacía para extraer sangre y veneno de la rodilla. La víbora macho tiene veneno en sus colmillos y su cola, y fue un macho el que mordió al guía, lo que normalmente daría como resultado la muerte en un plazo de 6 a 12 horas.

Roberto dijo: "Esa noche fue de angustia, y esperé a ver qué pasaría, si él moriría esa noche, porque no había recibido absolutamente nada, sólo orábamos a Dios en todo momento. A las 3 am. dijo: 'Hermano, estoy bien, el dolor se ha ido'. Yo dije: 'Gloria a Dios', y él dijo: 'Bendito sea el Señor', porque Dios había hecho un milagro en su vida. Prácticamente había eliminado el veneno del cuerpo de Félix".

La noche siguiente, llevando a Felix en una camilla obtenida en la estación, llegaron a Buncuya. Antes de ser mordido, el guía había matado y cocinado un cerdo salvaje para que comieran, pero ahora la comida se les estaba acabando.

Roberto dijo: "Los cuatro estábamos tan cansados durante todo el viaje que nuestros cuerpos ya no funcionaban. No habíamos comido desde la noche anterior".

Unas 27 horas después de haber sido mordido, pudieron darle una inyección de suero anti veneno y vendar las heridas. Retrasados un día por el hermano del guía, que llegó con un brujo que insistió en hacer encantamientos para reducir la hinchazón, lo cual fracasó, después de dos días encontraron los medios para ir en bote desde Buncuyo a un centro de salud en Tamanco, lo que llevó otras 36 horas.

El poder del evangelio continuó. Víctor, el hermano de Félix, que vive en Tamanco, escuchó de ellos que Dios lo había salvado. Él, su esposa y cada uno de sus hijos, animistas que creían en el poder de los espíritus invocados por el humo, decidieron recibir a Cristo como Señor y Salvador.

Dios todavía no había terminado. Roberto dijo: "Incluso la enfermera del centro de salud, mientras conversaba con ella, proclamando la palabra de Dios, me dijo: 'Voy a ser cristiana'".

Cuando regresaron a Limón Cocha, otros parientes de Félix pusieron su fe en Cristo, y él ha comenzado a prepararse para ayudar a dirigir una iglesia cuyo pastor tiene poco tiempo para dedicarse a ella.

"La familia de Félix se sorprendió de que alguien que no fuera de su tribu cuidara de él", dijo Roberto. "Les hemos enviado 50 Biblias, y Félix dice que no tiene anteojos, pero conseguirá que algunos se preparen para dirigir la iglesia allí".

Félix es uno de los muchos misioneros autóctonos con conocimiento de las culturas locales a quienes el ministerio está capacitando para fundar iglesias donde Cristo no es conocido. Por favor considere ofrendar para ayudar a los misioneros autóctonos en Perú a traerles la vida eterna en Cristo.

*Nombre cambiado por razones de seguridad.

Apoye a los misioneros autóctonos en Perú.
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